domingo, 30 de julio de 2017

Los mercenarios españoles al servicio de Enrique VIII de Inglaterra


El ejército con el que contaba Enrique VIII de Inglaterra, al comienzo del siglo XVI, tenía un carácter bajo-medieval y todavía no había adquirido las rápidas innovaciones militares que se estaban produciendo en el continente europeo. Esto se debe a que los conflictos a los que había tenido que hacer frente la dinastía Tudor en sus primeros años de reinado habían sido de carácter civil; y ,entrado el siglo XVI, el ejército inglés seguía contando con unidades de infantería armadas con alabarda-bisarma y con unidades de arqueros. Incluso, a lo largo del siglo XVI, Inglaterra siguió contando con esta clase de unidades. También este tipo de consideraciones se podrían aplicar a los ejércitos escoceses e irlandeses.
En la medida que Enrique VIII fue adquiriendo los compromisos militares europeos de su tiempo, le fue forzado a modernizar su ejército, contando para ello con "especialistas" de otras nacionalidades que nutriese las carencias de su ejército; así, en 1544, al menos un cuarto de su ejército de operaciones fueron extranjeros. Para ello contó con unidades de auxiliares irlandeses e imperiales, así como unidades de mercenarios: como los lansquenetes alemanes -piqueros- y los españoles, italianos y flamencos -arcabuceros-; en la caballería contó con unidades de "reitres" alemanes y de "estradiotes" albaneses. En cuanto a la artillería, se contó con "técnicos" extranjeros, como algún ingeniero italiano, incluso algún artillero francés pasado a su servicio.

La anónima "Crónica del rey Enrico Octavo de Ingalaterra" -que pudiera haber sido escrita por uno de los mercenarios españoles o redactada por el propio Julián Romero, uno de los soldados españoles al servicio inglés, o por uno de sus camaradas- aporta bastante información sobre los españoles que entraron al servicio del Monarca inglés. También el cronista fray Prudencio de Sandoval los menciona, aunque brevemente, en su "Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V".



EL CONTINGENTE AUXILIAR DEL DUQUE DE ALBURQUERQUE

En el transcurso de la cuarta guerra del Sacro Imperio Germánico con Francia (1542-1544), Enrique VIII, rey de Inglaterra, se alió con Carlos V, emperador del Sacro Imperio Germánico. Ambos invadirían Francia y realizarían una ofensiva hacia París. Carlos V envió como consejero militar adjunto, a solicitud del rey inglés, a don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque. El cronista de la vida de Carlos V, fray Prudencio de Sandoval, así lo recoge:

"El [Rey] de Ingalaterra entró por Normandía en fin de mayo, con veinte y cinco mil hombres y cinco mil caballos, los infantes doce mil tudescos [alemanes], los demás ingleses; los caballos, mitad ingleses, mitad alemanes. (...) y el Emperador dio licencia, que el duque de Alburquerque fuese, como fue, por su consejero, y general de su campo, (...)"

Detalle de un grabado que muestra el campamento de Enrique VIII en Francia. Los soldados ingleses portan en pecho y espalda, como símbolo de identificación, una cruz roja o cruz de San Jorge. Esta cruz es la divisa nacional inglesa y también esincluida en sus banderas. Algunos soldados están armados con picas, y dos de ellos llevan la alabarda-bisarma o "bill". Para la campaña de Francia, Enrique VIII uniformó una parte de su infantería de "rojo-amarillo" y otra parte de "azul-rojo". (Grabado inglés del siglo XVIII sobre una pintura mural -desaparecida en un incendio- del siglo XVI)


Con el duque de Alburquerque vinieron, además de su hijo (don Gabriel de la Cueva), una comitiva de servidores, criados y soldados españoles. La "Crónica" de Enrique VIII señala cómo iban vestidos:

"(...) y vinieron muchos gentileshombres españoles a le servir, y bien tenía el Duque de gentileshombres y criados ciento cincuenta personas, muy lucida gente: (...) que a más de cincuenta gentileshombres les dio casacas de grana y manteos [manto o capa] con pasamanos de oro, y toda la otra gente de paño colorado muy fino, con tiras de terciopelo amarillo."

En julio de 1544, tras concentrarse en Calais, el ejército inglés pasó a asediar Boulogne, donde prestó sus servicios el duque de Alburquerque. Continúa la "Crónica":

 "Y así, partió el Rey [de Inglaterra] en breve para Boloña [Boulogne], donde ya estaba el duque de Sofoque [Suffolk], que tenía puesto cerco. (...) y fue tanta la batería [de artillería] que le dió, que de día y de noche, jamás paró; (...) es verdad que el Rey mandó que expresamente se hiciese todo lo que el Duque [de Alburquerque] mandase; y aunque él no era General, ni lo quiso ser, tomó muy mucha pena, que cada mañana, él era el primero que estaba a la batería: (...)
 Podían ser los españoles que el Rey tenía, hasta cuatrocientos cincuenta, con los que el Duque tenía; toda muy buena gente: y los capitanes eran, Juan de Haro con una compañía de cien españoles, [Antonio de] Mora con otra de ochenta españoles, Salablanca [o Salabranca] con otra de otros ochenta españoles."

Detalle de un grabado que muestra al rey Enrique VIII de Inglaterra con su alto mando supervisando el asedio de Boulogne. Es muy probable que en el detalle esté representado el duque de Alburquerque, mencionado por un secretario del rey de Inglaterra como "Alberquek". (Grabado inglés del siglo XVIII sobre una pintura mural -desaparecida en un incendio- del siglo XVI)


Finalmente, abierta brecha en sus murallas, Boulogne capituló en septiembre. Enrique VIII y Alburquerque regresaron a Inglaterra, pero ese mismo mes Carlos V firmaba la paz con Francia, dejando sólo a su aliado en la guerra con los franceses. Alburquerque, tras una estancia de varios meses en Londres, regresó al servicio del Emperador.

 Detalle del grabado anterior que muestra las trincheras inglesas aproximándose a la plaza de Boulogne. También se muestra a los piqueros, arqueros y arcabuceros combatiendo las brechas de la muralla. (Grabado inglés del siglo XVIII sobre una pintura mural -desaparecida en un incendio- del siglo XVI)  


Tras la paz de Crepy (septiembre de 1544) entre Francia y Carlos V, las tropas hispánicas fueron licenciadas. Fray Prudencio de Sandoval señala cómo muchos soldados españoles, que quedaron sin empleo en Flandes y fueron enviados a España por mar, fueron reclutados por el rey Enrique VIII de Inglaterra, al hacer éstos escala en la isla británica, en contra de los deseos del Emperador:  

"(...) deshaciendo el Emperador su campo en Bruselas, dejó solo el tercio de don Alvaro de Sandi [Sande], que había de pasar a Hungría, y a los demás españoles mandó pasar en España, dándoles navíos y lo necesario, y orden, con pena de la vida, a cualquiera que quedase sin su licencia, encomendándose esto al capitán Joan de Eneto, para que con rigor lo ejecutase.
Luego que fueron embarcados, el rey de Ingalaterra los procuró haber, para servirse de ellos en la guerra contra el rey de Francia, y los españoles, con la buena gana que tenían de ejercitar las armas y gozar de las libertades de la vida del soldado, a pesar de su capitán y contra la voluntad del Emperador, dieron consigo en Ingalaterra, y sirvieron al rey todo el tiempo que duró la guerra, haciendo en ella el oficio de general el dicho duque de Alburquerque."

Libre de la oposición de las tropas imperiales, el ejército francés, al mando del "Delfín" Enrique de Valois, obligó a los ingleses a levantar el sitio de Montreuil, y a comienzos de octubre realizó un asalto a Boulogne, donde se distinguieron los soldados españoles en la defensa. La "Crónica" describe la "encamisada" que los franceses dieron sobre la ciudad:

"(...) y depresto hicieron una encamisada de al pie de tres mil hombres, y una noche vinieron sobre Boloña, y fue con tal denuedo, que tomaron a los ingleses descuidados y mataron muchos dellos, los cuales estaban en la baja Boloña [la ciudad-baja]. Y antes que se pudiesen revolver ni recoger los ingleses, los franceses se señorearon casi de toda la baja Boloña, en donde estaban dos banderas [compañías] de españoles. Y los capitanes eran el capitán Salablanca, y el otro el capitán Juan de Haro, los cuales recogieron luego toda su gente y se juntaron a la alta Boloña, y muy muchos ingleses con ellos. (...) Y luego salió [Sir Thomas Poynings] con más de quinientos hombres, muy bien en orden, y dan sobre los franceses, de tal suerte, que los pusieron en huida. Y sucedió también a los ingleses que llovía, y los franceses no podían tirar con sus arcabuces; y los ingleses, con sus flechas, mataban muy muchos dellos; y fue tal el alcance (...) que de tres mil dellos no escaparon ciento: (...) y entre los españoles trujeron muchos más presos que los ingleses; y aun de los presos que traían, les mataban los ingleses."


Españoles al servicio de Inglaterrra (1544-1545)
Capitán Soldados
Juan de Haro
100
Alejandre
100
Antonio de Mora
100
Salabranca
100



EL HUNDIMIENTO DEL "MARY ROSE"

En el verano de 1545, el rey francés Francisco I trató de tomar la isla de Wight como preludio a una invasión de Inglaterra. Para tal fin los franceses prepararon una gran armada, que partió de El Havre a mediados de julio. Las tropas inglesas acamparon cerca de Portsmouth para repeler la invasión, allí también se concentró la flota inglesa.
El 18 de julio ambas flotas se enfrentaron en el estrecho de Solent; al dia siguiente el buque inglés "Mary Rose", que estaba adelantado, fue atacado por las galeras francesas y, en un oscuro incidente, sufrió una brusca escorada y se hundió con sus cerca de 400 tripulantes.

Detalle que muestra una formación de soldados ingleses, acantonados en Portsmouth en 1545; en él se observa los piqueros en el centro de la formación, además de los arqueros y arcabuceros en los laterales del cuadro de picas. (Acuarela inglesa del siglo XVIII sobre una pintura mural -desaparecida en un incendio- del siglo XVI)


Refiere la "Crónica" los combates que se dieron en el estrecho que separa la isla de Wight y Porstmouth:

 "Pues llegada la armada [francesa] a vista de isla Duyque [Wight], las galeras iban delante y los ingleses se pusieron en orden de guerra: (...) y los franceses de la parte de la isla, echaron gente a tierra. (...) Y las galeras, de rato en rato, tiraban a las inglesas, pero no les hacían mal, que estaban algo apartadas: (...)"

También señala el hundimiento del "Mary Rose":

 "Y, en esclareciendo el alba, los franceses se comenzaron a hacer a la vela y salir del puerto; (...) Entonces, por mala guarda y gran descuido de la gente, se perdió allí la más principal nao [nave] que el Rey tenía, (...) y perecieron en ella muy mucha gente, y el capitán también, que se llamaba Piter Caro [George Carew]; (...)"

Detalle que muestra el hundimiento del "Mary Rose", con los mástiles del barco sobresaliendo del mar. Varias barcas acuden a auxiliar a los supervivientes, mientras las galeras francesas -a la izquierda- y los barcos ingleses -a la derecha- se cañonean. (Acuarela inglesa del siglo XVIII sobre una pintura mural -desaparecida en un incendio- del siglo XVI)


Durante el rescate del fondo del mar del "Mary Rose", ya en el siglo XX, se encontraron los huesos de 179 personas, conservándose 92 esqueletos prácticamente completos. El análisis de los huesos muestra que la mayoría de la tripulación -unos 200 marineros y 200 soldados- eran ingleses, el resto pertenecen al continente europeo. Un análisis de las dentaduras indica que algunos de ellos pertenecen al sur de Europa (Italia y España).
Probablemente Enrique VIII, ante la necesidad de hombres prácticos en la guerra, también haría uso de marineros españoles para completar las dotaciones de los barcos de guerra.



LOS MERCENARIOS ESPAÑOLES DE ENRIQUE VIII

Señala la "Crónica" como en 1545 llegaron a Inglaterra muchos soldados españoles, procedentes de los Países Bajos, que quedaron sin empleo tras las paces con Francia, solicitando entrar al servicio del rey de Inglaterra. Regresando a España, hicieron escala en las Dunas de Kent:

"(...) y la ventura quiso que en ciertas naos, que iban a España, iban más de mil españoles; (...) y ellos cansados de la mar, enviaron al Rey [de Inglaterra] a saber si les quería recibir en su servicio.
(...) que llegaron en Plemua [Plymouth], y como el Rey lo supo, tornó a enviar aquel caballero, el cual fue parte para que saliesen más de setecientos dellos en tierra: y luego proveyó el Rey que fuesen a la vuelta de Escocia."

También Enrique VIII nombró Maestre de campo de los españoles al vasco Pedro de Gamboa, quien alegó ante el rey "que once años he servido al Emperador de capitán":

 "Mediante este tiempo, vino a Londres el capitán Gamboa con otros capitanes y muchos soldados; (...)
 Pues hecho Maestre de Campo, luego le mandó el Rey que se aparejase para ir a Escocia (...) y se halló con obra de ochocientos españoles, toda muy buena gente, adonde hubieron muchas escaramuzas entre ellos y los escoceses, de que cuando fueron conocidos los españoles entre los escoceses, les cobraron mucho miedo."

Después de la campaña en Escocia (1545), en el verano de 1546, Enrique VIII envió a Gamboa con los españoles a Calais, en aquel momento en poder de los ingleses.
Las desavenencias de Pedro de Gamboa con los capitanes españoles fueron en aumento, debido a que éstos consideraban que ellos debían haber promocionado al puesto de Maestre de campo y no Gamboa, que acababa de llegar a Inglaterra. Así, el Rey de Inglaterra decidió licenciar sus compañías:

"(...) determinó de les quitar la gente, y el capitán Mora, con despecho, en muy breve tiempo, se pasó en Francia con su gente; y también lo hiciera Juan de Haro, si no le fueran a la mano. El capitán Alejandre estaba en Sanduche [Sandwich] con su gente, y el capitán Salablanca en Bernehud [Breenwood], y allí estuvieron hasta que el Rey les mandó despedir, (...)"

Antonio de Mora se pasó con su compañía a los franceses, y Juan de Haro fue ejecutado, al descubrirse que iba a hacer lo mismo:

"El capitán Juan de Haro también se amotinó (...) que se quería pasar con su gente en Francia, y envió trescientos ingleses por él, que estaba una legua de Cáles [Calais]; y fue de tal suerte, que no queriendo venir al mandado del Debite [Deputy de Calais], los ingleses le mataron, y a más de veinte de los suyos."


1- EL DESAFIO DE FONTAINEBLEAU

En 1546, estando los españoles en Boulogne, el capitán Antonio de Mora, desde el campo francés, desafió en duelo a Gamboa, y Julián Romero se ofreció para luchar por su maestre de campo. Para ello se organizó un campo de torneo en Fontainebleau, al que acudió la comitiva real francesa y delegados ingleses.
Durante el duelo, Mora mató el caballo de Romero, y éste estuvo más de 3 horas protegiéndose tras su caballo muerto. Finalmente, Romero derribó el caballo de Mora y logró apresarlo.
El rey de Francia, Francisco I, que vio el duelo, agasajó a Romero: "le echó una cadena de oro al cuello (...) y el Delfín [heredero al trono francés] le dio un sayo [una túnica] con estampas de oro". El rey Enrique VIII también premió a Julián Romero a su regreso a Inglaterra, dándole el título de "Sir". Cuenta la "Crónica" que Antonio de Mora, tras la derrota, "se salió luego de Francia y se fue, según se cree, a Hungría."


2- LA DESMOVILIZACION

Tras la firma del Tratado de Ardres (junio de 1546), que puso fin a las hostilidades entre Francia e Inglaterra, Enrique VIII desmovilizó a las unidades extranjeras que le servían, sobre todo en el continente. Pedro de Gamboa quedó a cargo de licenciar a los soldados españoles, los cuales fueron dejados en Flandes:

"(...) se fueron, y él [Gamboa] con ellos, hasta que se vio en San Tomé [Saint-Omer, Países Bajos] con ellos. Y como él los tuvo en tierra del Emperador, toma la posta y los capitanes, y vuélvense a Ingalaterra:"

Así el rey Enrique VIII mandó venir a Pedro de Gamboa a Londres y le afianzó en su cargo de general de los españoles, y le ordenó que nombrase a 6 nuevos capitanes, a los cuales mantuvo a su servicio, con unos pocos soldados españoles:

Capitán Soldados
Alonso de Villasirga
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Pedro Negro
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Cristóbal Díez
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Luis de Noguera
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Julián Romero
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¿Alejandre?
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En cuanto al capitán Salabranca (o Salablanca) la "Crónica" señala:

 "Al capitán Salablanca también diera su entretenimiento, sino que sus pecados quisieron que matase un español en aquel instante que el Rey hacía las mercedes, y harto alcanzó con haber el perdón, (...)"


3- LA BATALLA DE PINKIE (1547)

En 1547 fue coronado Eduardo VI como rey de Inglaterra, tras el fallecimiento de Enrique VIII. El nuevo rey trató de iniciar su gobierno invadiendo Escocia y para ello se preparó un gran ejército. De nuevo se trató de movilizar a los españoles, los cuales habían sido licenciados por Enrique VIII; y para ello llamó a Gamboa y a los capitanes españoles para que reclutasen sus compañías entre los soldados hispánicos que estaban en Flandes. Sin embargo, con sólo un mes de plazo, las reclutas no obtuvieron los resultados apetecidos.

 "Y el Gamboa despachó luego a un alférez, que se decía [Juan] Perez, a Flandes; y dentro de treinta y dos días trujo hasta ciento veinte hombres, y los más borgoñones. Y venidos, los mandaron ir luego al Norte; (...)"

Los capitanes españoles servirían tan sólo con sus personas, aunque:

 "Y venida la primavera, al sonido de la guerra habían venido hartos españoles, y todos los recogió el Gamboa, y envió al Norte, (...)"

Uno de estos españoles que vinieron a Inglaterra fue Carlos de Guevara, quien se ofreció a reclutar una compañía de caballería:

"No estuvo el Guevara más que veintitrés días, y volvió con quince caballos muy bien en orden, (...)"

Finalmente los ingleses derrotaron a los escoceses en la batalla de Pinkie, cerca de Edimburgo:

"Todavía el Guevara se parte luego, y fue su ventura que llegó en Escocia el día que los ingleses habían ganado la jornada, (...) y acabada la jornada, el Protetor [Duque de Somerset, Lord Protector de Inglaterra] hizo muchas mercedes, y hizo muchos caballeros, entre los cuales hizo a Gamboa, a Cristóbal Diez, a Julian, a Villa Sirga y a otros, muchos ingleses.
 Y como se acercase el invierno, dejó el Protetor bien proveídas las fortalezas y fronteras, y volvióse a Londres;"

En la batalla se distinguieron los 200 arcabuceros montados españoles e italianos que se pudieron reunir, al mando de Pedro de Gamboa, además de los capitanes españoles, los cuales sólo sirvieron con sus persona.
Gamboa figuró entre los heridos de la batalla. En su "The History of England", David Hume les señala en la batalla de Pinkie:

"(...) [el conde de Warwick] he made Sir Peter Meutas [Mewty] advance, captain of the foot harquebusiers, and Sir Peter Gamboa, captain of some Italian and Spanish harquebusiers on horseback; and ordered them to ply the Scottish infantery with their shot." 

Detalle de un grabado de la batalla de Pinkie (1547), donde se muestra el ejército inglés. La precisión que muestra el grabado indica que el autor tuvo acceso directo a la información aportada por los participantes en la batalla, o que él mismo luchó en Pinkie. (Grabado del siglo XVI)


Sin embargo, algunas de las reclutas probaron mal, como los borgoñones, que se pasaron al enemigo:

"Y venido el invierno, se tornaron los capitanes [españoles] a Londres, y quedó el Perez con la gente en guarnición; y según parece, muchos de ellos se amotinaron y se pasaron en Escocia, y también se pasó el alférez Perez, el cual, según se supo después, había recibido cartas de la Reyna de Escocia para que se pasase. Y la Reyna le envió a guardar una villeta con un castillo que se llamaba Hedinton [Haddington], y allí estuvo el Perez con la gente, hasta que los ingleses la ganaron."

El Consejo Privado de Inglaterra llamó a Gamboa y a los capitanes españoles para pedirles explicaciones por este suceso.

También por este tiempo se intentó reclutar más españoles para la siguiente campaña; se trató con un comerciante de lanas español, llamado Pedro de Salcedo, el cual se ofreció para traer soldados a Inglaterra:

"Y luego fue escrito al Salcedo, y dentro de treinta días trujo hasta ciento treinta hombres, muy buena gente; y trujera más de trescientos, sino que el capitán [Carlos de] Guevara estaba en Selanda [Zelanda], y allegó otros ciento veinte hombres. Y venido con ellos a Londres, el Consejo [Privy Council o Consejo Privado] les envió a unos villajes junto de Londres."


4- LOS ASEDIOS DE HADDINGTON (1548-1549)

En 1548 se iniciaron nuevos preparativos para la nueva campaña en Escocia, donde se trataría de capturar Haddington, en manos de los escoceses, y donde se encontraba el contingente de desertores borgoñones al mando del alférez Juan Pérez:

"(...) y después fue llamado el Gamboa, y les mandaron que se fuesen luego, porque dentro de tres semanas habían de poner los ingleses cerco a Hendinton, donde estaba el Perez, que había sido su alférez. Y llegados allá, la combatieron tanto, que al fin la tomaron, y fueron presos los borgoñones y el Perez. Y el Gamboa, porque el Consejo viese que hacía justicia, hizo ahorcar al Perez y a más de treinta más."

Sin embargo, poco después el ejército inglés trató de levantar el sitio que los escoceses y tropas auxiliares francesas habían puesto a Haddington: El capitán Pedro Negro socorrió a los sitiados con 300 jinetes ingleses y españoles, que llevaban sacos de pólvora colgados de los arzones de los caballos.


Castillo de Edimburgo. En 1544, un ejército inglés al mando de Edward Seymour, conde de Hertford, tomó la ciudad y la prendió fuego, sin embargo el castillo resistió el ataque inglés. En 1547, en las cercanías de Musselburgh, entre Edimburgo y Haddington, se dio la batalla de Pinkie. (Foto del autor)


En 1549 Carlos de Guevara acusó a Pedro de Gamboa de falsear las muestras de soldados para quedarse con el dinero, por lo cual Gamboa fue destituido del mando de Maestre de campo de los españoles. Tras este suceso, se hicieron los preparativos para la nueva campaña en Escocia:

"(...) y luego mandaron al capitán Julian, hecho capitán de aquella gente, que recogiese todos los españoles que pudiese, y le dieron la capitanía; y mandaron a Pero Negro que fuese al Norte y tomase toda la gente que tenía el Gamboa allá; (...)
 Y luego mandaron al Guevara, que hiciese los cien caballos, y también a Cristóbal Diez, que hiciese los caballos que pudiese."

Los españoles fueron enviados a Escocia, donde algunas unidades de ellos ya estaban, para levantar el sitio que los escoceses y tropas auxiliares francesas imponían a Haddington:

"(...) y el Julian llevó más de doscientos españoles, que cada día iban a servir al Rey; (...)
 Y así, los enviaron a Escocia; y ya los escoceses y franceses habían puesto cerco en Hendinton, y la combatían muy reciamente."

Finalmente Haddington fue evacuada por las tropas inglesas y mercenarias extranjeras, ante la imposibilidad de sostenerla.


5- EL ASESINATO DE GAMBOA Y EL FINAL DE LOS MERCENARIOS ESPAÑOLES

Cuenta la "Crónica" como, en 1549, Pedro de Gamboa decidió vengarse contratando a dos mercenarios españoles, que estaban en Londres, para que fuesen a Escocia y asesinaran a Carlos de Guevara:

"Y un día llamó a dos soldados que andaban en Londres, a los cuales el Gamboa hacía cada día mil bienes: llamábase el uno [Francisco de] Velasco, y el otro Salmeron [Nicolás de Salmerón]; (...) se ofrecieron de ir a Escocia a le matar."

Sin embargo, los asesinos se convirtieron en "agentes dobles" y, tras entablar amistad con Guevara, con una correspondiente recompensa, se ofrecieron para matar a Gamboa:

"Y el Guevara, porque le avisaron, les dio a cada uno treinta ducados; (...)
 Y el capitán Guevara determinó luego de partir por la posta [a Londres], y llevó consigo al pariente [Baltasar de Guevara, su primo] y a los dos soldados Salmeron y Velasco."

En enero de 1550 perpetraron el asesinato de Gamboa, de noche, y antes de que éste llegase a su casa:

"(...) y detrás del Gamboa iba el capitán Villa Sirga y un gentilhombre español que se llamaba Antonio Vaca, y otros cinco mozos. (...) y el Guevara con los compañeros, las espadas sacadas, arremeten al Gamboa; (...) Y, según pareció, creo que cada uno le daría tres o cuatro estocadas, porque tenía el malogrado trece muy malas, (...) Y como el malogrado de Villa Sirga iba tras él, echó mano a la espada; y también le dieron a él una mortal estocada, y luego echaron a huir el Guevara y los otros."

Guevara y los demás cómplices fueron arrestados, y finalmente ejecutados:

"(...) mandó luego el Consejo [Privado de Inglaterra] que se hiciese justicia; y así, fueron llevados con cadenas de hierro atados de dos en dos, (...) fueron los jerifes de Londres con muchos alabarderos a la cárcel, y hicieron venir un carro; (...)
 Y luego les hizo entrar en el carro, y allí se hallaron Lope de Carrion y Antonio de Guaras, dos mercaderes españoles, los cuales iban en el carro animando al Guevara y a los otros, (...) Y muy cerca de allí era el lugar donde estaba la horca; y por dar fin, a todos cuatro fueron puestas sogas a los pescuezos y luego el gurrea [verdugo] dió del azote al caballo y quedaron colgados."


Pintura que representa a los "Yeomen of the Guard" o los Alabarderos de la Guardia, en el "Campo del Paño de Oro", en 1520, lugar donde se celebró una alianza  entre Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Francia para contener el poder de Carlos I de España y futuro Emperador de Alemania. En el cuadro aparecen con sus característicos uniformes de color rojo, los cuales perdurarán en la unidad hasta la actualidad. La "Crónica" de Enrique VIII refiere de ellos: "Y subido a la primera cámara, estaban todos los alabarderos del Rey; y en la otra cámara estaban infinitos alabarderos muy ataviados y con tantas cadenas de oro, (...)". (Pintura anónima del siglo XVI)


El Tratado de Boulogne (1550) puso fin a la guerra entre Inglaterra y Francia, y también a la ocupación inglesa de Boulogne, cuya guarnición abandonó la ciudad. Por el Tratado de Norham (1551) entre Inglaterra y Escocia, se puso fin a las hostilidades entre ambos países, y las tropas inglesas abandonaron sus posiciones en Escocia.
Entre ambos tratados, y hasta 1553, se produjo de nuevo la desmovilización de las unidades mercenarias extranjeras. Los españoles también fueron desmovilizados y regresaron a los Países Bajos, donde había posibilidades de empleo ante la nueva amenaza de Francia al Emperador Carlos V. Esta vez los españoles ya no volverían a Inglaterra, finalizando así los servicios a la Casa Tudor.

De los capitanes sobrevivientes la mayoría tuvo un destino poco halagüeño:

Pedro Negro murió en 1551 de fiebres en Londres; Cristóbal Díez regresó al servicio del Emperador, y le encontramos en Italia al mando de la guarnición de Moncalvo, en 1555, cuando fue sitiada por los franceses, en el transcurso de la quinta guerra del Emperador con Francia (1551-1556). La plaza fue rendida casi sin lucha y Cristóbal fue condenado a muerte. El cronista fray Prudencio de Sandoval narra el suceso:

 "Estaba en Moncalvo una compañía de españoles con el capitán que se llamaba Cristóbal Díaz, puesto de mano de don García de Toledo, y antes que los franceses viniesen a Puente Astura [Pontestura] llamó don Alvaro [de Sande] a este capitán y le dijo (...) que si tenía ánimo para defender el castillo que se lo dijese; si no, que él metería otro en su lugar, y si había menester más gente y municiones, vituallas y otras cosas semejantes, que se las daría. Respondióle Cristóbal Díaz que él no había menester nada, que defendería su castillo.
Llegados, pues, sobre él los franceses, comenzaron a batirle de manera que al segundo día el capitán se rindió con tal partido, que la bandera, armas y ropa fuesen salvos; y así, acompañados de franceses, vinieron a Puente Astura. Don Alvaro, que tuvo aviso cómo le habían rendido tan vilmente y que venían donde él estaba, salió al camino, y en unas praderías esperó con alguna cantidad de soldados, (...)
 Mandó poner en prisión al capitán y alférez, y otros oficiales, y dio aviso al duque de Alba, que estaba en Milán. Y el duque mandó cortar la cabeza al Cristóbal Díaz, y a un cabo de escuadra que le arrastrasen por un pie, y desterraron del ejército al alférez y soldados."

Finalmente Julián Romero también regresó al servicio de Carlos V, y en 1554 le encontramos en los Países Bajos defendiendo Dinant frente a los franceses, acabando prisionero tras el asalto y saqueo de la plaza. De nuevo Sandoval refiere el suceso:

"Caminó el rey [Enrique II de Francia] al río Mosa, y púsose sobre Dinan, villa del condado de Namur; combatióla y entróla. Defendíase la fortaleza valientemente, mas era grande el poder del rey, y se hubieron de rendir. Fue preso allí el capitán Julián Romero, que había poco antes entrado con algunos españoles, saliendo a tratar de rendirse, que fue su culpa y poco saber, porque raras veces moran en uno valentía y prudencia, si bien adelante mostró este capitán tenerlo todo, pues fue uno de los nombrados de nuestro tiempo. Saqueóse el lugar."

Sandoval tacha a Romero de imprudente al tratar la rendición de la plaza, ya que fue hecho prisionero y se asaltó Dinant. Después le elogia como uno de los soldados más reputados de su tiempo, puesto que llegó a mandar el tercio de Sicilia en la Guerra de los ochenta años (1568-1648), destacándose en todas las acciones en las que participó. 

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NOTA1: El análisis de los restos óseos del "Mary Rose" demuestra que una gran proporción de los soldados embarcados debían de ser arqueros, debido a las características observadas en los huesos de omóplatos y brazos de algunos de los esqueletos.

NOTA2: Entre los soldados que quedaron en Inglaterra tras la desmovilización de 1546, además de los 6 capitanes nombrados por Gamboa, figuran: Luis Melgarejo, Francisco Medellín, Fernando de Montoya, un tal "capitán don Alonso", Pedro de la Vega y un tal "Padilla". Algunos de ellos son señalados como capitanes; otros indistintamente son denominados como capitán unas veces y otras como alférez; de otros no se señala el rango. 
En cuanto al capitán Alejandre es muy probable que fuera licenciado, a raiz de las acusaciones ante el rey Enrique de "que era muy soberbio" y que mató a dos de sus soldados "por despecho". Alejandre desparece de la "Crónica", pudiendo ser el sexto capitán elegido por Gamboa alguno de los citados anteriormente.

NOTA3: Aunque la "Crónica" señala que tras la batalla de Pinkie fueron nombrados "Sir", entre otros capitanes españoles, Pedro de Gamboa y Julián Romero, ambos ya poseían el título desde el año anterior. 
 

sábado, 8 de julio de 2017

El Ejército hispánico de intervención en Francia, para el socorro de París, en 1590


A mediados del siglo XVI, tras finalizar la guerra franco-española con la Paz de Cateau-Cambrésis (1559), comienzan una serie de guerras civiles en Francia -hasta ocho- donde se mezclan los motivos religiosos (lucha entre católicos y protestantes) con los políticos (la rivalidad entre las casas de Guisa y de Borbón por obtener la influencia en el Rey y el poder en la Corte).
Comenzada la Guerra de los ochenta años en 1568, ambos conflictos de alguna manera se retroalimentarán en determinados momentos a lo largo del siglo XVI, hasta que en 1598 se dan por finalizadas las luchas civiles en Francia.

En 1562 se inician las hostilidades en Francia, y Felipe II -libre de conflictos, y con el único frente abierto del Mediterráneo contra los turcos- envió apoyo a las tropas reales francesas. Un contingente español, al mando de Luis de Carvajal, combatió en las batallas de Vergt y Dreux (1562), así como en el asedio de Orleans (1563), contra los protestantes franceses.
En 1569, aparentemente sofocada la rebelión de los Países Bajos y reinando un breve periodo de paz, Felipe II de nuevo decide enviar ayuda al Rey francés, que estaba envuelto en la 3ª guerra de religión. Así el duque de Alba envió a Francia al Conde de Mansfeld, con un contingente militar del Ejército de Flandes, el cual combatirá en la batalla de Moncontour. 
Acordada la paz en Francia, en 1570, se produjo un acercamiento de la corte francesa con los hugonotes. Así el almirante Coligny, líder de los hugonotes franceses, se convirtió en consejero del rey Carlos IX de Francia. Coligny acordó de manera secreta con Luis de Nassau la invasión del sur de los Países Bajos, con unidades mercenarias francesas. El Almirante de Francia trataba así de desviar la atención de los conflictos internos de Francia con una conquista en el exterior.
En 1572, Luis de Nassau tomó Mons y Valenciennes, al mando de un pequeño ejército compuesto mayoritariamente por hugonotes franceses. Coligny envió un nuevo contingente de refuerzo de hugonotes franceses, al mando del señor de Genlis, que fue aplastado por las fuerzas de Alba.
La actitud del Almirante de Francia, quien presionaba al Rey para intervenir en los Países Bajos a favor de Orange, unido al recelo que despertaba en el partido católico por su influencia sobre Carlos IX, determinó los acontecimientos que llevarían a su asesinato y la llamada matanza de San Bartolomé. La 4ª guerra de religión comenzaba, y Felipe II se congratulaba por el alejamiento de la guerra con Francia, nombrando un embajador extraordinario para felicitar al rey Carlos IX de Francia "por el gran servicio que había prestado a la causa católica".

En Flandes se producirá un nuevo intervencionismo extranjero, tras los convulsos acontecimientos que desencadenan el saqueo de Amberes (1576) y la posterior retirada de los tercios españoles a Italia (1577).
En 1578, finalizada la 6ª guerra de religión, el duque de Anjou fue llamado por los valones católicos de los Países Bajos: Los Estados Generales acordaron ceder a Anjou algunas plazas de Hainaut, a cambio de ayuda militar. El duque de Anjou entró con sus tropas en los Países Bajos, pero Alejandro Farnesio se hizo cargo del gobierno de los Estados. Esta nueva incursión enemistó a Felipe II con el nuevo rey de Francia, Enrique III.
En 1580, finalizada la 7ª guerra de religión, de nuevo el duque de Anjou es invitado a los Países Bajos, esta vez por el Príncipe de Orange, para que se hiciera cargo de su gobierno y así desvincularse de España. De 1581 a 1583 opera en los Países Bajos un ejército auxiliar francés al servicio de los Estados Generales, al mando del duque de Anjou, quien ostenta el título de "Defensor de las Libertades de los Países Bajos".
La muerte de Anjou en 1584, heredero al trono, hizo que el rey Enrique III aceptara como sucesor al hugonote Enrique de Borbón, rey de Navarra. Ante esta situación se organiza la Liga Católica con el fin de evitarlo.
Estas intromisiones desde Francia, y la posibilidad de acceder al trono francés de un rey claramente hostil a los intereses de España, convencieron a Felipe II a apoyar a la Liga Católica (partido político y paramilitar cuyo principal valedor era el duque de Guisa). Con el tratado de Joinville (1584) España se comprometía a financiar económicamente de manera regular a la "Ligue".

De esta manera España impidió durante unos años la intervención desde Francia en la Guerra de Flandes, y se pudo dedicar a la conquista de los territorios rebeldes de los Países Bajos. Sin embargo, en 1588, la dinámica de conseguir doblegar las provincias rebeldes se vio truncada por los preparativos que Farnesio tuvo que realizar para la invasión de Inglaterra, que hizo que se desviaran recursos humanos y económicos para tal fin.
Y, en 1589, en el transcurso de la 8ª guerra de religión, el asesinato del rey Enrique III de Francia dejaba expedito el camino al trono francés del hugonote Enrique de Borbón, rey de Navarra.
Por el tratado de Joinville, Felipe II se comprometió a dar ayuda militar a la Liga en caso de necesidad. Y el rey de España ordenó a Farnesio realizar todos los preparativos necesarios para que el Ejército de Flandes interviniera de manera directa en apoyo de la Liga, con el objeto de levantar el asedio que las tropas de Enrique de Borbón imponían a París. De nuevo se frenaba la conquista de los territorios rebeldes, y se desviaban los recursos humanos y económicos hacia un nuevo frente. Los neerlandeses comenzaron a recuperar plazas, tras los reveses sufridos desde el año 1579. Y en el Ejército de Flandes empezaron a producirse motines ante la falta de pagas, los cuales serán crónicos a partir de este momento.
No obstante, una Francia unida y hostil implicaba que pudiera intervenir directamente en el conflicto de los Países Bajos, cogiendo al Ejército de Flandes entre dos frentes, con la consiguiente declaración de guerra y extensión de la misma a los territorios hispánicos de Italia y la propia Península. Situación que terminaría sucediendo a partir de 1630, tras finiquitar Francia los conflictos internos.


La "Colección de documentos inéditos para la Historia de España" contiene una relación del ejército enviado desde los Países Bajos Españoles para levantar el sitio de París, la cual termina con un lacónico "Dios les guíe":








General: Alejandro Farnesio, Duque de Parma

Segundo: Valentín de Pardieu, señor de La Motte

Efectivos: (Unos 13.000 infantes y 3.500 jinetes)


   Tercio español de Antonio de Zúñiga
   Tercio español de Alonso de Idiáquez

   Regimiento valón de Philibert de Rye, Barón de Balançon y Conde de Varax
   Regimiento valón de Farnesio, al mando del Teniente-coronel Antoine de Grenet, señor de Werpe
   Regimiento valón que fue del Conde Felipe de Egmont
   Regimiento valón del Conde Octavio de Mansfeld
   Regimiento valón de Emmanuel Philibert de Lalaing, Marqués de Renty
   Regimiento valón de Maximilian de Sainte-Aldegonde, Barón de Noircarmes

   Tercio italiano de Pietro Caetano (o Caetani)
   Tercio italiano de Camillo Capizuchi

   Regimiento alemán de Charles de Ligne, Conde de Aremberg y futuro Duque de Aerschot
   Regimiento alemán del Conde Florent de Berlaymont


Caballería al mando del Marqués de Renty y Jorge Basta (o Basti)


Cuadro que representa el socorro de París por las tropas coaligadas hispánicas y de la Liga. A la izquierda está mostrada la población de Lagny, que está siendo batida por los cañones, y la cual fue tomada al asalto -cruzando el río por un puente de barcas (representado en la pintura)- saqueada y la guarnición degollada. Al fondo se puede ver París y el ejército de Enrique de Borbón en formación. (Pintura anónima flamenca, Monasterio del Escorial)


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NOTA1: El Conde Felipe de Egmont había muerto ese mismo año en la batalla de Ivry, al mando de un contingente de la caballería de Flandes, enviado en socorro del duque de Mayena, general de la Liga Católica.

lunes, 19 de junio de 2017

El Ejército expedicionario español del Duque de Alba, enviado a Flandes en 1567


En la entrada anterior se hacía referencia a la expedición del duque de Alba a Flandes en 1567, que inició el llamado "Camino español".

Tras la revuelta declarada en los Países Bajos, Felipe II decide sofocarla mediante el envío de los tercios españoles al mando del duque de Alba. Los cuales, una vez dominada la rebelión, allanarían el camino para una futura visita a los Países Bajos del Rey, que concedería el perdón general.
La gobernadora de los Países Bajos, Margarita de Parma, con los nobles leales del país y varios regimientos valones sofocó el levantamiento, comunicándoselo al rey Felipe II en abril de 1567. Sin embargo Felipe II no dio marcha atrás, incluso ese mismo mes el duque de Alba ya había partido de Aranjuez hacia Cartagena, donde embarcaría con un contingente de soldados levados o reclutados en la Corona de Castilla en las galeras genovesas de Juan Andrea Doria, zarpando rumbo a Génova a finales de abril.
Refiere Bernardino de Mendoza, cronista y militar, que participó en la expedición, que: "En estas galeras se embarcaron en Cartagena quince banderas [compañías] de Infantería Española de Bisoños [novatos], y dos en Tarragona, que eran en todo diecisiete, (...)"
Los reclutas serían enviados a las guarniciones de Italia, para sustituir a las unidades veteranas de españoles acantonadas allí, las cuales formarían el ejército con el que el duque de Alba acudiría a los Países Bajos.

Las distintas unidades se concentraron en Alessandria della Paglia. En Asti, Alba pasó revista al ejército expedicionario compuesto de los tercios veteranos españoles y el 18 de junio emprendió la marcha.
En Saboya pasa por Turín, la capital; cruza Susa y los Alpes por el Mont Cenis (24 de junio), para llegar a Chambéry a finales de mes.
La primera semana de julio entra en el Franco-Condado, donde pasa por Lons-le-Saunier y por Dole, pero no por Besançon, su capital. Comenta Bernardino de Mendoza que en el Franco-Condado se agregaron "las cuatro compañías [de jinetes borgoñones] que su Magestad mandó se levantasen [reclutasen], número de cuatrocientos caballos, (...)"
A finales de julio entran en Lorena, donde el duque de Lorena salió con su corte de Nancy, la capital, a visitar al ejército expedicionario. A primeros de agosto llegan a Thionville, donde Alba es recibido por parte de los nobles flamencos leales. El duque de Alba atraviesa Luxemburgo y, finalmente, el 22 de agosto entra en Bruselas.
La gobernadora Margarita, que se oponía al envío desde España de un ejército extranjero a los Países Bajos, cuando éstos ya se hallaban pacificados, presentó su dimisión.


Pierre de Bourdeille, señor de Brantome, soldado francés que había combatido en el Peñón de Vélez de la Gomera (1564) al servicio de los españoles, describe en sus memorias la apariencia de los soldados españoles de Alba a su paso por Lorena. Se deshace en elogios a los soldados españoles, y su atuendo, con las armas y armaduras doradas y grabadas, que los hacía parecer capitanes. También señala como Alba había dotado una parte de ellos con los grandes mosquetes, en aquel momento una innovación en la infantería, ya que, en principio, antes sólo fueron usados en los asedios:

"(...) d'une petite et gentille troupe de braves et vaillans soldats bien choisis des terzes de Lombardie, de Naples, de Siciles, de Sardaigne, et d'une partie de celuy de la Golette, montant le tout à dix mille hommes de pied, tous vieux et aguerrys soldats, tant bien en poinct d'habillement et d'armes, la pluspart dorées et l'autre gravées, qu'on les prenoit plustost pour capitaines que soldats: et fut luy le premier qui leur donna en main les gros mousquets, (...)"

Brantome se acercó a saludar a sus camaradas de la campaña de Vélez de la Gomera (entre ellos Julián Romero), además de poder ver a los famosos soldados que habían participado en el socorro de Malta (1565):

 "Je les vis alors passans par la Lorraine, et les y allay veoir exprès en poste, tant pour leur renom, qui en resonnoit et relentissoit par tout, que pour y revoir aucuns capitaines et soldats que j'avois veus et cogneus en l'armée que le roy d'Espaigne avoit envoyé à Malthe, (...)"

También describe a las mujeres que acompañaban al ejército, dice de ellas que eran guapas y bravas como princesas:

"Plus, il y avoit quatre cens courtisanes à cheval, belles et braves comme princesses, et huict cens a pied, bien en point aussi."

En su obra "Rodomontades", Brantome indica de los soldados españoles que "van vestidos y ataviados como reyes", y de nuevo elogia a los "soldados viejos" o veteranos de Alba:

"Comme de vray, il n'est pas possible de voir chose si brave comme j'ay veu d'autres fois les vieux soldats des terzes de Naples, de Seicile, de Lombardie, de Sardaigne, voire de la Gollette quand ilz la tenoient."

Y en su obra "Disciplina Militar", el propio Sancho de Londoño -quien mandó el tercio de Lombardía en la expedición de Alba- señala los símbolos de identificación que debían portar los soldados del duque en sus vestiduras, al menos desde 1568, año en que realizó su escrito:

 "Que ningún soldado, ni otra persona, habiendo enemigos en campaña, ande en el ejército sin cruz, o banda roja cosida, so pena de castigo arbitrario, porque no trayendo las cruces o bandas, cosidas pueden andar espías seguramente."


El siguiente documento señala una muestra del ejército expedicionario de Alba. Desde su creación como unidad organizativa militar, el tercio debía tener teóricamente unos 3.000 soldados. Sin embargo, a lo largo de los siglos XVI y XVII, su tamaño irá decreciendo, llegando a varios cientos de soldados por tercio al final del siglo XVII. Así lo atestigua Sancho de Londoño en su "Disciplina Militar":

 "Los tercios aunque fueron instituidos a imitación de las tales legiones [romanas], en pocas cosas se puede comparar a ellas, que el número es la mitad menos, y aunque antiguamente eran tres mil soldados, por la cual se llamaban Tercios, y no Legiones, ya se dicen así, aunque no tengan más de mil hombres, antiguamente había en cada tercio doce compañías, ya en unos hay más, y en otros menos:"

Así, los tercios que Alba condujo a Flandes rondan de media las 10 compañías, aproximándose a los 2.000 soldados por tercio.








General: Fernando Alvarez de Toledo, Duque de Alba

Segundo: Chapín Vitelli, Marqués de Cetona

Efectivos: (Unos 9.000 infantes y 1.000 jinetes)


   Tercio español de Nápoles, al mando de Alonso de Ulloa
   Tercio español de Sicilia, al mando de Julián Romero
   Tercio español de Lombardía, al mando de Sancho de Londoño
   Tercio español de Cerdeña, al mando de Gonzalo de Bracamonte


Caballería al mando de Hernando Alvarez de Toledo, Prior de San Juan


Entrada del duque de Alba en Bruselas. En el grabado se muestra, en primer plano, varias de las unidades de caballería ligera que Alba condujo a Flandes, la gran mayoría de lanceros, menos 2 compañías españolas que eran de arcabuceros montados (Montero y Montañés). En el centro de ellas, el duque de Alba ("Hertzog von Alba"). Arriba, al fondo, vienen mostradas al menos dos unidades de infantería, una de lanceros a caballo y otra de arcabuceros montados. (Grabado de Franz Hogenberg)


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NOTA1: Bernardino de Mendoza arroja cifras muy parecidas a las presentadas en el documento:

   T. de Nápoles (19 compañías)-------- 3.230 soldados
   T. de Sicilia (10 compañías)----------- 1.620 soldados
   T. de Lombardía (10 compañías)---- 2.200 soldados
   T. de Cerdeña (10 compañías)-------- 1.728 soldados

   Total Inf. (49 compañías)---------------- 8.780 soldados

   Caballería (12 compañías)-------------- 1.200 soldados


En la expedición figuraban varios italianos: Chapín Vitelli, maestre de campo general; Gabrio Serbelloni (o Gabriel Cervellón), general de la artillería; y Paciotto de Urbino, como ingeniero. Además, la caballería estaba integrada por unidades españolas, italianas y, al menos, una albanesa (Basta).

NOTA2: A partir de la segunda mitad del siglo XVI, tras el final de las guerras de Italia, el destino en la península italiana era muy popular para el recluta español. Pero para el rey era el lugar donde adiestrar sus tropas, a la vez que guardaban sus posesiones en suelo italiano y se creaba una especie de "fuerza de intervención rápida": En las guarniciones de Italia los reclutas se habituaban a la vida militar y al entrenamiento, fogueándose en los frentes del Mediterráneo u otros frentes secundarios de la Monarquía, antes de ser enviados al frente de Flandes, menos popular, donde existía "guerra viva" o contínua. Este sistema de reemplazos de la Monarquía española lo indica Bernardino de Mendoza de los reclutas enviados por Alba a Italia:

"(...) y allí [Génova] de las diecisiete banderas señaló cuatro que se juntaron con las demás del Tercio de Cerdeña, que hicieron la jornada [a Flandes], dejando las trece en los Presidios [guarniciones] de Lombardía."


NOTA3: Bernardino igualmente atestigua la novedad introducida por Alba de incluir mosqueteros en las compañías de infantería:

"En estas banderas mandó el Duque se repartiesen quince mosquetes por compañía, (...) Arma de que no se servía hasta este tiempo la milicia Española, sino en las plazas que el Rey nuestro Señor tiene en Berbería;"


domingo, 28 de mayo de 2017

Mapa de la expedición del Archiduque Alberto a los Países Bajos


España utilizaba el llamado "Camino español" para el traslado de tropas a los Países Bajos, ya que la ruta marítima era más peligrosa debido a la amenaza de los "mendigos del mar". La ruta terrestre por el "Camino español" era más segura, ya que atravesaba territorios patrimoniales del rey de España (Ducado de Milán y el Franco-Condado) y territorios aliados de España (Génova, Ducado de Saboya, Ducado de Lorena y el Principado de Lieja).
Sancho de Londoño, maestre de campo del Tercio de Lombardía, en su "Disciplina Militar", describe el itinerario militar que fue utilizado por primera vez por los españoles en 1567, cuando él mismo -al mando de su tercio- acudió con el duque de Alba a sofocar la rebelión de los Países Bajos:

"(...) en tantos trabajos y peligros, como en esta jornada de Lombardía a Flandes se han ofrecido, trascendiendo los altísimos Alpes, que dividen a Italia de Francia, por el muy áspero, y siempre cubierto de nieve Collado de Mont Cenis, hollando los profundos, angostos, y poco fructíferos valles de la Saboya, pasando Lissara [Isère], y otros grandes y caudales ríos, antes y después del rapidísimo Ródano, entre los feroces Helvecios [suizos], y poderosos Franceses, sin seguridad alguna de unos ni de otros, (...) atravesando las grandes selvas de la Franca, Contea [Franco-Condado], y Lorena, en cuyos límites es la famosa Ardena [región boscosa de las Ardenas]. Y en suma caminando sesenta y ocho jornadas, con un ejército formado de nueve mil Infantes Españoles, y mil caballos ligeros de la misma nación, y de la Italiana, por donde jamás se oyó que otro pasase:"

Como refiere el cronista Roco de Campofrío, el Archiduque tardó en realizarlo "desde Madrid hasta esta villa [Bruselas] cinco meses y medio,". La duración del mismo se debió a que hizo pequeñas escalas (como en Marsella, en ese momento en rebelión contra el rey de Francia, donde se detuvo para escuchar misa) y alojamientos de varios días donde tratar las recepciones de altos cargos (como en Turín con el duque de Saboya).
El itinerario seguido por el archiduque Alberto no fue el convencional. No entró en Milán ni en Alessandria della Paglia, plaza de armas de la Monarquía española donde solía comenzar la expedición. Tampoco su paso por Lorena fue el ordinario y no entró en Nancy, la capital, debido a que se trató de evitar las guarniciones próximas de Francia, la cual había declarado la guerra a España ese mismo año de 1595. Así, por ejemplo, se tuvo aviso que de la ciudad de Metz salieron 700 jinetes franceses para capturar a los rezagados del ejército del Archiduque.


Al comenzar el siglo XVII, la hostilidad de Saboya, aliada ahora de Francia, hizo que el camino quedara momentáneamente cortado por la primera Guerra de Monferrato (1613-1617); y, a partir de 1622, el "Camino español" quedará bloqueado permanentemente, por lo que hubo de buscarse una ruta alternativa para trasladar las tropas a Bruselas.







lunes, 10 de abril de 2017

Oficialidad del Ejército expedicionario hispánico del Archiduque Alberto, enviado a Flandes en 1595


Tras la prematura muerte del archiduque Ernesto de Austria, Gobernador de los Países Bajos españoles, Felipe II nombra sucesor a su hermano Alberto, quien a la sazón había sido virrey de Portugal (1583-1593).

La ruta que seguiría el archiduque Alberto para llegar a los Países Bajos sería el llamado "Camino español" ("le chemin des espagnols"): una ruta terrestre, utilizada como corredor militar por los españoles, que comenzaba en Italia, cruzaba Saboya, el Franco-Condado, Lorena, Luxemburgo y llegaba a Flandes.

Con el archiduque Alberto viajaría a los Países Bajos Juan Roco de Campofrío, quien había sido nombrado juez eclesiástico de la corte del Archiduque y Vicario general del Ejército de Flandes. Roco de Campofrío realizó una relación del viaje del Archiduque a Flandes y de los acontecimientos ocurridos durante su estancia -hasta 1601- alargando la narración de los hechos hasta la firma de la Tregua de los 12 años, en 1609.
A finales de septiembre de 1595, embarcaron en el puerto de Barcelona en las galeras de la escuadra de España y de la "arrendada" de Génova -al mando de Diego de Mendoza y del duque de Tursi respectivamente-, y, con ellos, "9 compañías de soldados viejos [veteranos], castellanos, y 11 de bisoños [novatos], (...)" que servían de guardia del Archiduque.
Tras varias recepciones por el camino, a primeros de octubre desembarcaron en Loano y Savona. En noviembre el Archiduque se alojó en Turín, donde fue agasajado por el duque de Saboya. A finales del mes parte de Turín, "y al apearse llegaron dos compañías de infantería española, de las que estaban en presidio [guarnición] en Alexandría de la Palla [Alessandria della Paglia], en cuyo lugar se pusieron otras dos de soldados bisoños."
Después pasó por Susa y el desfiladero de Mont Cenis, llegando el 10 de diciembre a Conflans. Pasó por Annecy, y ya en Navidad alojó en Orgelet, en el Franco-Condado, donde esperaban unos 6.000 soldados, que se unieron a las compañías españolas de la guarda del Archiduque. Todo este ejército serviría además para reforzar al Ejército de Flandes. Alojó en Nozeroy hasta el 1 de enero de 1596, donde se tomó muestra del ejército expedicionario del archiduque Alberto.

El 3 de enero alojó en Besançon. A mediados del mes, se hospedó en Remiremont, en Lorena. Refiere Roco de Campofrío que el camino era helado, "y murieron más de 30 soldados de frío," En Blamont fue recibido por el duque de Lorena; y a finales de enero se detuvo en Sierck, para posteriormente llegar a Luxemburgo, donde fue recibido por el conde de Mansfeld. Partió de allí a comienzos de febrero hacia el Principado de Lieja, donde fue recibido por el príncipe-obispo Ernesto de Baviera. Después llegó a Namur, donde reformó el ejército expedicionario en las unidades del Ejército de Flandes que estaban más disminuidas. Finalmente el día 11 entró en Bruselas.

Entrada del Archiduque en Bruselas, acompañado del conde de Fuentes (quien ejerció el gobierno interino de los Países Bajos hasta su llegada). Ambos se encuentran en el bajo centro, rodeados por la guardia personal del Archiduque, que porta alabardas. El grabado muestra diferentes arcos adornados y carrozas, para festejar la entrada en la ciudad. (Grabado, manufactura de la familia Hogenberg)




ESTADO MAYOR DEL EJERCITO EXPEDICIONARIO DEL ARCHIDUQUE ALBERTO



Tercio español de Manrique

Maestre de campo: Don Pedro Manrique

El tercio se componía de 36 compañías, sumando 2.517 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Gaspar Vázquez
   Don Gregorio de Guzmán
   Don Alonso Sánchez de Figueroa
   Don Diego Gómez de Mendoza
   Pedro de Castro y Aguilar
   Don Francisco de Montalvo
   Gabriel de Silva
   Alonso de Jaramillo
   Don Miguel de Villavicencio
   Don Gaspar Langüesa
   Don Ramiro de Guzmán
   Pedro Ramírez
   Don Juan de Guevara
   Blas de Arvisellón
   Don Alonso Pimentel
   Andrés de Castañeda
   Don Cristóbal de Salinas
   Don Pedro de Tovar
   Gregorio de Peralta
   Don Fernando Carrillo
   Don Cristóbal de Velasco
   Don Gregorio de Granada
   Don Diego de Córdoba
   Francisco Márquez
   Juan Ruiz Cortázar
   Cristóbal de Hermosar
   Hernando Aledo
   Juan de Bruza
   Don Pedro de Borja
   Hernán Gómez de Sepúlveda
   Felipe Fernández de Noguera
   Don Andrés Sarmiento
   Don Manuel Carrillo
   Francisco de Molina Soto
   Don Francisco de Menchaca
   Don Félix Arias


Tercio español de Manuel de Vega y Juan de Tejeda

Maestre de campo: Manuel de Vega Cabeza de Vaca y Juan de Tejeda

Sargento-mayor: Renjifo

23 comañías a cargo de los dos Maestres de campo, sumando 2.993 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Mateo de Otáñez
   Olave
   Antonio Vidal de Blanes
   Francisco Gay
   Don Alonso Altamirano
   Jaime Bordoy
   Pedro de Risques
   Melchor de Esparza
   García de Muriel
   Luis de Ocampo
   Juan Ruiz de Monellán
   Esteban Fernández Mercadillo
   Alonso Tauste
   Alonso Ponce de León
   Alonso Mateo de Rendón
   Juan de Tarna
   Don Juan de Aguirre
   Fernando de Sotomayor
   Juan de Palacio Sáez
   Alonso Morejón
   Diego de Escobar
   Juan de Vargas
   Don Leandro Coris (o Loris)

Prevoste general: Jerónimo Mejía


Tercio italiano del Prior de Hungría

Maestre de campo: Vincenzo Carafa (o Caraffa), Prior de Hungría

El tercio se componía de 19 compañías, sumando 989 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Compañía del maestre de campo, mandada por él mismo
   "Juan Tomás Nañani"
   "Fr. Pedro Antonio París"
   Francesco Donato
   Mario Arnone
   "Luçio de Entrehí"
   Camillo del Monte
   Gian Luigi Rugero
   "Juan Félix Cornacha"
   Escipión Androto
   Vincenzo Toralto
   Luigi de Monte-Fresco
   Diomede Bocuto
   Cristoforo Pallone
   Giovanni Tommaso di Ana
   Gian Costanzo Alfano
   Don Marco Cavanillas
   Lelio Brancaccio
   Bartolomeo Caracciolo


Tercio milanés de Barbò (o Barbo)

Maestre de campo: Barnabò Barbò

El tercio se compone de 17 compañías, sumando 815 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Compañía del maestre de campo, mandada por él mismo
   Cesare Barbò
   Alconato
   "Jerónimo Riguin"
   "Juan Batafeche"
   Giraldo Basso
   Giovanni Battarro
   Favio Arrivaldi
   Giulio Belmerardo
   Giambattista Gambaloita
   Cesare Canovio
   "Francisco Ponçón [¿Ponzone?]"
   Emanuele Favagrossa
   Lorenzo Leone
   Vincenzo da Torre
   Gian Pietro Marian
   Ludovico Botta


Tercio urbinés de Dávalos

Maestre de campo: Alfonso Dávalos de Aragón

El tercio se compone de 15 compañías, sumando 915 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Compañía del maestre de campo, mandada por él mismo
   "Francisco Burrefaldulfo"
   Octavio Angelmo
   Cesare Andrion
   Syla Bellardo
   "Regonçano Regonçán"
   Sebastiano Nuti
   "Jacobo Burcha"
   Camillo Bonaventura
   Faluzio Aguilmo
   Carlo del Monte
   Alexandro Ferrari
   Giuseppe Oliva
   Claudio Colvarino
   Alexandro Bruncio


Regimiento valón de Severo

Coronel: Julio Severo

El regimiento de infantería se componía de 6 compañías, que sumaban 453 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Compañía coronela del propio Severo
   "Pilipe Ançian"
   "Hércules Bech"
   Juan Topín
   Virgilio Clegio
   Mercurio de Luzio


Compañías sueltas de Caballería

La caballería se componía de 12 compañías, que sumaban 637 soldados, al mando de los siguientes Capitanes:

   Jorge de Crescia (lanzas)
   Carlos di Sangro (lanzas)
   Nicolás Gonde (lanzas)
   Don Gómez de Butrón (lanzas)
   Paolo Gambacorta (lanzas)
   Don Octavio de Aragón (lanzas)
   Ludovico Melzi (lanzas)
   "Jacovo de Caracaz" (corazas)
   Enrico de Coricourt (corazas)
   Don Fernando de Guevara (arcabuceros)
   Fernán Díaz de Pancorvo (arcabuceros)
   Gregorio Rico (arcabuceros)
     

Detalle de un tercio español durante el sitio de Hulst (1596). Los soldados que trajo el Archiduque a Flandes, que se repartieron en las unidades que allí había, participarían en el asedio arriba mostrado ese mismo año. En la imagen se muestra, delante de la formación, los oficiales; detrás, los "rodeleros", armados con espada y escudo; siguiendo, los mosqueteros y arcabuceros; por último, los piqueros, protegiendo las banderas en el centro de la formación. (Tapiz flamenco de la serie "Los Triunfos del Archiduque Alberto", Martin Reynbouts)  


Todo el ejército expedicionario quedó reformado en Namur. Antonio Carnero, contador del Ejército de Flandes y cronista de la guerra de los Países Bajos, relata como él mismo lo hizo:

"Allí mandó [el archiduque Alberto de Austria] reformar el ejército que consigo traía, y me mandó a mí quedar en Namur para hacerlo y de cincuenta y nueve compañías de infantería Española sólo quedaron doce, y las demás se reformaron, y la gente dellas se repartió entre los tres tercios de infantería Española, (...) Y de doce compañías de caballos quedaron cuatro que fueron Don Otavio de Aragon, Don Gomez de Buytron [Butrón], Carlos de Sangre [di Sangro], el Caballero Melzi, (...) y un tercio de Urbineses, de que era Maestro de campo Don Alfonso de Avalos, se había muerto y consumido tanta gente que no habían llegado más de doscientos y ochenta soldados. Y se licenciaron, y los que quisieron quedar en servicio se agregaron a los tercios de Italianos que había, y al Maestro de campo se le dio otro tercio de su nación."

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NOTA1: Roco de Campofrío señala de Manuel de Vega que era uno de los soldados más veteranos de los que disponía el Archiduque: "(...) y por cabo desta tropa el Maestre de Campo Manuel de Vega Cabeza de Baca, natural de Benavente, soldado de grandísima experiencia y práctica en las cosas de la guerra, de la escuela del invicto Emperador Carlos quinto, y de los famosos capitanes de su tiempo, Pescara y el Marqués del Vasto y Antonio de Leyva y Duque de Alva. Siendo la primera jornada en que se halló la rota de Rábena [derrota de Rávena, 1512], con el cual travé estrecha comunicación (...) y porque como era del Consejo de guerra me pudiese advertir de algunas cosas necesarias para esta relación."
Sin embargo el historiador decimonónico Fernández Duró retrotrae sus primeros servicios a 1556, como piquero en Italia. Nombrado alférez, participa en la batalla de Lepanto (1571). Asegura Duró que al año siguiente va a Flandes acompañando a don Luis de Requesens, quien le nombra Sargento-mayor del tercio de Lombardía. Con el cargo de capitán fue conferido al gobierno de Cosenza, en Italia. En 1580 pasa con don Pedro de Sotomayor a Portugal, donde participa en la invasión del reino que realiza el duque de Alba. Posteriormente es nombrado gobernador de Oporto y Viana.
Tras participar en la batalla naval de San Miguel de las Azores y la conquista de la isla Terceira (1582-1583), es transferido como capitán al tercio de Bobadilla. En 1585, el tercio se reunía en Cartagena, para embarcar en las galeras de España rumbo a Savona, y de allí a Flandes por el "Camino español"; en ausencia de Bobadilla, se hace cargo a Manuel de Vega de la expedición, hasta que se les une el Maestre de campo en Lombardía.
En Flandes combate en la batalla de la isla de Bommel (1585); el sitio de Grave, el de Venló y el asalto a Neuss (1586); la batalla de Engelen (1587); el sitio de Bergen-op-Zoom (1588); y la entrega de Gertruidenberg (1589).
En 1587, tras la partida de Bobadilla para España, Manuel de Vega se hace cargo del tercio, siendo efectivo en 1590, al ser nombrado Maestre de campo del mismo. Los soldados no contentos con ésta decisión, al corresponder esta promoción al Sargento-mayor del tercio, comenzaron a conspirar contra él: Es aquí donde comienzan los intentos de atentar contra su vida y los motines en el tercio. En 1591, ante estos incidentes, Farnesio reorganiza el tercio destituyendo a los oficiales. Manuel de Vega es compensado por su destitución siendo nombrado consejero de Farnesio. En 1594 se le otorga un puesto en el Consejero de Guerra, en Madrid. Permaneció después en los Países Bajos como consejero del archiduque Alberto hasta 1598, año en que regresó a España para ejercer en el Consejo de Guerra. Falleció en Benavente en 1609.

NOTA2: El tamaño de las compañías era muy desigual. Así, en el tercio de Manrique, las compañías de Guzmán, Sánchez de Figueroa y de Arvisellón, tenían tan sólo 38, 39 y 37 soldados respectivamente; mientras las de Peralta, Arias, Fernando Carrillo y Márquez, tenían 152, 150, 110 y 152 soldados respectivamente. Las demás compañías tienen entre 50 a 90 soldados.
En el tercio de Vega y Tejeda el tamaño de las compañías es más similar, rondando la mayoría de ellas entre 100 y 150 soldados. Siendo la más pequeña la compañía de Vidal, con 92 soldados; y la más grande la de Aguirre, con 182 soldados.
En el tercio del Prior de Hungría también son similares el tamaño de las compañías, rondando el medio centenar de soldados por compañía. Siendo las más pequeñas las de Arnone y Rugero, con 28 soldados cada una; y la más grande la de Lelio Brancaccio, con 73 soldados.
El tercio de Barbò también ronda el medio centenar de soldados por compañía. Siendo la de "Riguin", con 14 soldados, la más pequeña; y la de Arrivaldi, con 85 soldados, la más grande.
En el tercio de Dávalos pasa lo mismo, la mayoría de las compañías ronda el medio centenar. Siendo la de Bellardo la más pequeña, con 28 soldados; y la de Bruncio la más grande, con 117 soldados.
En el regimiento valón el tamaño de las compañías ronda entre el medio centenar y los 100 soldados. Y en las compañías sueltas de caballería la mayoría llegan al medio centenar o están por debajo a él, siendo la más pequeña la de Butrón, con 23 soldados. Sólo 2 compañías lo superan con algo de amplitud, las de Sangro y Guevara, con 78 y 94 soldados respectivamente.     

NOTA3: Algunos de los capitanes de la expedición llegaron a adquirir renombre en el Ejército de Flandes, como Mateo de Otáñez, quien llegó a ser Sargento-mayor; Lelio Brancaccio, que fue maestre de campo de un tercio italiano y llegó a ostentar el cargo de Maestre de campo general; y Ludovico Melzi, quien promocionaría a Teniente-general de la Caballería de Flandes. 
 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Uniformes de la Guerra de los ochenta años: Símbolos de identificación en el sitio de Breda (1637)


Durante la guerra de los ochenta años existen las mismas particularidades observadas en una entrada anterior, referida a la guerra de los treinta años.

Hacia la década de los años 30 del siglo XVII no existían los ejércitos uniformados y sólo las peculiaridades propias del armamento que debían portar los soldados era lo único que los diferenciaba de los civiles.

  • En la infantería, a lo largo del siglo XVI y XVII, piqueros, arcabuceros y mosqueteros irán simplificando las protecciones defensivas (casco y armadura) que llevaban, incluso desaparececiendo por completo en los casos de los arcabuceros y mosqueteros.

Detalle de un piquero y un mosquetero hispánicos en el sitio de Ostende (1601-1604); el piquero lleva cintas en las rodillas de color rojo, color identificativo del ejército español. (Sebastian Vrancx)

  • En la caballería, también a lo largo del siglo XVII, la caballería pesada -Bandas de ordenanza ("Bandes d'ordonnance")- y la caballería ligera -lanceros, coraceros y arcabuceros montados- también irán simplificando las protecciones defensivas. Las Bandas de ordenanza estaban formadas por la nobleza de los Países Bajos. Los lanceros, que, al finalizar el siglo XVI, habían desaparecido del ejército holandés, perdurarán un tiempo más en el Ejército de Flandes, para desaparecer en el transcurso del siglo XVII. 

Detalle de un arcabucero montado, un lancero y un coracero en el sitio de Ostende; el lancero porta un banderín de color rojo, y el coracero lleva 2 pistolas, espada y faja de color rojo, distintivos necesarios al entrar ambos en combate "cerrado" con el enemigo. (Sebastian Vrancx)

  • Las unidades de dragones que, mediada la década de los años 30 del siglo XVII, aparecerán en los ejércitos de la Monarquía española en los frentes de Italia y de Cataluña, no llegarán oficialmente a los Países Bajos hasta la década de 1670, tanto en el Ejército español de Flandes como en el Ejército de las Provincias Unidas. En los primeros años de la guerra, en el siglo XVI, había unidades de caballería más ligeras: los estradiotes, o caballería mercenaria reclutada en Albania, que llevarían sus indumentarias nacionales.


Es a finales del siglo XVII cuando ya aparecen las distintas unidades ataviadas con uniformes regimentales. Incluso, en la última década del siglo XVII, se puede ya hablar de colores nacionales en la indumentaria de los regimientos. Así, en 1671, se encarga la fabricación de 4.000 casacas "grises", con las vueltas de la casaca en color rojo, para los tercios españoles de Flandes. Si bien, puede que en la década de 1660 se empezara a uniformar alguna unidad, como se refleja en alguna pintura.
Durante la Guerra de Luxemburgo (1683-1684) la infantería española del Ejército de Flandes estaba ataviada con vestidos de color "gris-blanco" con las vueltas en diferentes colores para cada tercio, al igual que el regimiento mercenario alemán del Marqués de Trichateau; sin embargo, el tercio mercenario escocés de Henry Gage vestía una casaca amarilla con vueltas encarnadas. Y el tercio italiano del marqués de Torrecuso vestía una casaca azul.
En 1701, al comienzo de la Guerra de Sucesión Española (1701-1714), casi la totalidad del Ejército hispánico de Flandes estaba ataviado con uniformes de color "gris-blanco", con vueltas en diferentes colores para cada regimiento, color característico del uniforme del ejército español hasta iniciado el siglo XIX.

 Detalle de un regimiento español en la batalla de Almansa (1707).  Los soldados aparecen ataviados con los uniformes "gris-blanco", que ya serán característicos del ejército español durante todo el siglo y parte del siguiente. Las banderas portan la cruz de Borgoña o de San Andrés, de color rojo. (Buonaventura Liglio y Filippo Pallota)


En el caso de las Provincias Unidas, los primeros uniformes regimentales aparecen, sino antes, durante la Guerra de Holanda o Guerra franco-neerlandesa (1672-1679). Parece que una parte de la infantería neerlandesa que participó en la guerra estaba vestida con prendas de color azul, y vueltas en diferentes colores. Por ejemplo, en 1678, un contrato fue hecho con los comerciantes de telas y Enrique Casimiro II de Nassau para el suministro de casacas azules con vueltas encarnadas, y pantalones colorados, para vestir a su regimiento frisón. En 1692, se enumera un envío de vestidos azules para el mismo regimiento.
Por contra, el regimiento del Conde de Horn es reportado en 1674 vistiendo casacas de color azul oscuro con vueltas encarnadas. En 1693, el mismo regimiento estaba uniformado con una casaca gris claro con vueltas en azul claro.

Para 1691, al comienzo de la Guerra de los 9 años (1688-1697), varios regimientos estaban uniformados con casacas de color blanco (L'Ecluse, van Salm, Birckenfeld...), rojo (Waldeck, Fagel...), azul (Guardia holandesa, Nassau-Frisia y la brigada sueca a sueldo de las Provincias Unidas).
En 1701, con la Guerra de Sucesión Española en ciernes, gran parte del ejército neerlandés estaba uniformado con casacas de color "blanco" y de color "gris", reservándose otros colores para los regimientos mercenarios o de extranjeros a su servicio. Así la brigada escocesa llevaba casacas de color rojo y los mercenarios suizos la llevaban de color azul.
Hacia la mitad del siglo XVIII, la infantería holandesa adoptará las casacas de color azul, que será el color característico del uniforme del ejército neerlandés hasta el inicio del siglo XX.

Detalle de la batalla de Almansa, que muestra un regimiento inglés (centro, tapado por el humo y sólo visible por las banderas) y dos regimientos holandeses (izquierda y derecha), que conforman una brigada. Los holandeses también llevan uniformes "gris-blanco", ello daría importancia a las banderas como factor distintivo, las cuales portan las "corbatas" o telas de un determinado color (en este caso amarillo) atadas a la moharra. (Buonaventura Liglio y Filippo Pallota)



SIMBOLOS DE IDENTIFICACION EN EL SITIO DE BREDA (1637)

Como viene indicado en la entrada anterior, al no existir una uniformidad clara en los ejércitos de los siglos XVI y XVII, y que a los soldados se les proveía de ropa cada "tantos años" en la medida que se podía, se tenía que adoptar los símbolos de distinción propios y tradicionales en cada ejército. Estos comúnmente se han utilizado desde la antiguedad, como las banderas, los adornos específicos del soldado, y "señas" y "contraseñas" adoptadas en batallas y asedios.


1- BANDERAS Y ESTANDARTES

Henry Hexham, oficial del regimiento inglés de Goring, que combatió en el asedio, al referir la salida de la guarnición hispánica de Breda, señala que los soldados borgoñones y valones, que iban en vanguardia, portaban las banderas con la cruz de San Andrés o "aspa" de Borgoña en su campo:

"(...) first there marched in their Avantguard 42 rankes of musketteirs five in ranke, consisting of Burgonians, Walloons and some other nations, all ranged under 16 Burgonian Coullours, (...)"

Las pinturas de esta época, la década de los años 30 del siglo XVII, muestran algunas de las banderas hispánicas de infantería simplemente con el campo colorado, aunque posiblemente tuvieran algún motivo religioso o el aspa de Borgoña en otro color.

Pintura que muestra la salida de la guarnición de Breda. En primer plano, los oficiales -a caballo y con fajas rojas- y los soldados -portando picas y las banderas-; al fondo de la columna, varios carromatos, transportando a los civiles, los heridos y enfermos, y los enseres. (Hendrick de Meijer)


Otro cuadro de Meijer mostrando la salida de la guarnición. En el extremo izquierdo se muestra el carruaje ("closse coach") en el que salió el gobernador Gomar de Fourdin, enfermo de fiebre. En la pintura se ven varias banderas de la guarnición de Breda.


Hexham también menciona que, entre la guarnición de Breda, desfiló un grupo de frailes capuchinos portando una cruz roja, adornada con un martillo, clavos, y una corona de espinas:

"(...) bearing a redd wooden crosse in signe of the passion, having hanging upon yt, a rodd, a hamer, a paire of tongs, nailes, a spunge, and a crowne of thornes, (...)"

Isaac Beausobre, en las "Memorias" de Federico-Enrique, también menciona a los capuchinos, que salieron "portant un grand Crucifix". (Grabado anónimo neerlandés)


En cuanto a los holandeses, en las pinturas y grabados representando el asedio, se muestra la bandera tricolor de las Provincias Unidas.

Izquierda: Detalle de las obras de asedio en torno a Breda, mostrando la bandera tricolor de la República de las Provincias Unidas. (Hendrick de Meijer)
Derecha: Detalle de un grabado que muestra un grupo de soldados holandeses asediando a Breda, con la bandera tricolor de la República. (Anónimo neerlandés del siglo XVII)


2- BANDAS, FAJAS Y PLUMAS

Hexham describe a la guarnición española, todos los oficiales tenían bandas rojas, y los soldados con cintas rojas y azules.

"(...) all the officers having redd skarfes about them, and the souldiers redd and blew [blue, azul en inglés antiguo] ribbands:"

Las cintas azules portadas por los soldados hispánicos -además de las rojas, el color identificativo del ejército español- pudieran haberse adoptado a mayores para los combates previos o un combate concreto de los días anteriores.

Detalle de un tercer cuadro de Meijer, que muestra la salida de la guarnición de Breda. En primer término, los oficiales a caballo y con fajas rojas; después, los carros y carromatos; siguiendo, los soldados. 


En un grabado anónimo holandés se muestra a uno de los soldados españoles portando en sus ropas lo que parece una cruz de las Ordenes militares españolas (Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa), también pudiera ser la cruz o "aspa" de Borgoña cosida a los ropajes del soldado. En ambos casos se trata de un motivo distintivo que le diferenciaba de los soldados enemigos.

Soldado español llevando un hábito de alguna de las Ordenes militares españolas, o una cruz de Borgoña cosida en el pecho. Detrás de él, una bandera con la cruz o "aspa" de Borgoña. (Grabado anónimo neerlandés)


En lo referente al ejército neerlandés, Herman Hugo, capellán militar jesuita de Espínola y cronista del asedio de Breda de 1625, indica los colores que solían llevar, cuando un contingente holandés trató de pasarse por españoles con la intención de tomar Amberes por sorpresa:

"(...) les mandó [Brouchem, capitán de caballos-corazas y drosarte de Bergen-op-Zoom] quitar a todos las bandas azules y naranjadas, que suelen traer los que sirven a los Estados [de las Provincias Unidas], y poner otras rojas como la gente de su Magestad;"

El uso de bandas, fajas y plumas naranjas y azules, por parte de los holandeses, viene refrendado en multitud de pinturas del siglo XVII.

Oficiales de la guarnición de Maastricht, en 1638. Dos de ellos llevan bandas naranjas y plumas azules en el sombrero, un tercero porta una banda azul y una pluma naranja en el sombrero. (La traison de Maestricht, anónimo, escuela neerlandesa del siglo XVII)


Compañía de la milicia de Amsterdam, en 1637. Los oficiales (capitán, teniente y alférez) llevan bandas naranjas; los suboficiales, azules; y los piqueros llevan fajas azules. (La Compañía del capitán Reinier Reael y el teniente Cornelis Michielsz, Frans Hals y Pieter Codde)


Por otra parte, en los cuadros del siglo XVII también se muestra en menor medida el uso, en las bandas y fajas de los oficiales, de otros colores como el blanco, verde oscuro, azul oscuro o negro.

Compañía de la milicia de Haarlem, en 1639. Varios de los suboficiales -que portan alabardas y partesanas, armas que señalan su rango- llevan bandas de color blanco. (Oficiales y suboficiales de la Milicia de San Jorge, Frans Hals)


Retrato de la milicia de Amsterdam, en 1632. Todos portan bandas de color verde oscuro. (La Compañía del capitán Allaert Cloeck y el teniente Lucas Jacobsz, Thomas de Keyser)


Algunas pinturas de la milicia cívica muestran una combinación en los colores de las bandas; por ejemplo, naranja-blanco o los colores nacionales naranja-blanco-azul, alterándose el orden de los colores.

 Retrato de la milicia de Haarlem, en 1616. El oficial -a la izquierda- lleva una banda naranja, y los suboficiales llevan en las bandas una combinación de color rojo-blanco, los colores de la ciudad de Haarlem. (Banquete de los oficiales de la Milicia de San Jorge, Frans Hals)


 Retrato de la milicia de Haarlem. Los suboficiales llevan bandas con los colores naranja-blanco-azul, alterándose el orden de los mismos. (Banquete de los oficiales de la Milicia de San Adrián, Frans Hals)


3- "SANTO Y SEÑA"

Los españoles utilizarían el famoso "Santiago y cierra España" en los combates. Al igual que en otros asedios, también se acordaría una "seña" y "contraseña" que se cambiaría cada día, con el fin de evitar sorpresas y asaltos nocturnos, y también con el objeto de conocer amigos de enemigos en las salidas de la guarnición. 



EL UNIFORME EN LA GUERRA DE LOS OCHENTA AÑOS

Aunque no existía el uniforme en los ejércitos de la época, y se tenía que recurrir a símbolos identificativos que los distinguiera del enemigo, dos cuadros de comienzos del siglo XVII muestran algunas pequeñas unidades uniformadas del mismo color:

En una pintura de Sebastian Vrancx, datada aproximadamente entre los años 1615 y 1620, que muestra soldados españoles o pertenecientes al Sacro Imperio Germánico descansando tras una marcha, parece indicarse algún tipo de uniformidad en algunas compañías: Los soldados mostrados al fondo de la escena parecen llevar indumentaria de color gris o de colores oscuros, mientras que los soldados que descansan en el primer plano portan en su mayoría chaquetas amarillas, aunque podrían tratarse en algunos casos de cotas de cuero.





Otra pintura de Vrancx, realizada hacia 1610, también muestra soldados españoles o del Sacro Imperio Germánico haciendo un alto durante la marcha. Algunos mosqueteros y piqueros son mostrados con chaquetas amarillas o de cuero, y calzones o pantalones azules, mientras otros portan vestidos de color azul.





También las pinturas que representan las milicias cívicas de las ciudades holandesas denotan una cierta uniformidad en las distintas compañías, que quizá fuera extrapolable a algunas compañías del ejército de campaña. Dos cuadros, que representan a la milicia cívica de La Haya, muestran alguna especie de uniformidad y podrían ser representativos del ejército en campaña:

La milicia cívica de La Haya, con los oficiales con distintivos naranjas, y donde, aunque aparece algún soldado con indumentaria amarilla, parece predominar los vestidos negros. En segundo plano se observa una bandera de color negro. (La segunda salida de la reina Enriqueta María de Inglaterra del puerto de Scheveningen, el 26 de febrero de 1643, Paulus Lesire)


La milicia cívica de La Haya. Predomina la indumentaria gris en los mosqueteros; los oficiales llevan chaquetas amarillas o de cuero, calzones o pantalones grises, y bandas de color blanco, aunque hay una banda de color naranja y otra de color azul. (Salida de la reina Enriqueta María de Inglaterra del puerto de Scheveningen, el 29 de Enero de 1643, Sybrand van Beest)

Detalle de la pintura anterior, mostrando a un mosquetero con prendas grises, escribiendo, acompañado de su perro. Un oficial, con banda naranja, parece ordenarle que acuda a la formación. Pudiera tratarse también de un soldado realizando las anotaciones indicadas por el oficial.

 Detalle de la pintura anterior que muestra un grupo de piqueros en formación, más o menos llevando una misma uniformidad: casco, coraza, chaquetas de cuero y calzones o pantalones de color gris.


Otra pintura, que esta vez sí representa el ejército holandés en campaña, muestra a los piqueron con vestidos claros o "gris claro", mientras los mosqueteros parecen llevar vestidos de color "azul-gris". Se ven bandas naranjas en oficiales y soldados.

Detalle de piqueros y mosqueteros holandeses en el asedio de Bois-le-Duc (s'Hertogenbosch), en 1629. Parece prevalecer en la mayoría de sus vestidos una cierta tonalidad de colores de grises y azules. No mostrado en el detalle, se encuentran el Príncipe de Orange -con la banda naranja de general, y bastón de mando- y el conde Ernesto Casimiro de Nassau, con faja naranja y pluma verde en el sombrero). (Pauwels van Hillegaert)  


Los 3 cuadros están localizados temporalmente antes y después del último sitio de Breda (1637), pudiendo ser representativos de la indumentaria militar holandesa de 1629 a 1643.

De todos modos, aunque algunas unidades estuvieran uniformadas de un mismo color, éstas diferirían unas de otras, y ni siquiera se llegaría a una uniformidad regimental y mucho menos "nacional".
También las unidades que estuvieran uniformadas de un mismo color al principio de la campaña, los incidentes, combates y percances de la misma, haría que fueran irreconocibles en poco tiempo, y que no hubiera ni siquiera dos soldados con el mismo atuendo.

En cuanto a las unidades de la guardia de los generales, tanto españoles como holandeses, éstas se mantendrían perfectamente uniformadas. La indumentaria de las unidades de la guardia española en Flandes era de color amarillo; mientras las unidades de la guardia del Príncipe de Orange, en las representaciones pictóricas de ésta misma época, parecen ser mostradas vestidas de color oscuro.

Detalle mostrando la entrada del Cardenal-Infante don Fernando de Austria en Amberes, en abril de 1635. Aquí se muestra a la guardia del Cardenal-Infante, con alabardas y con un "capotillo", o una "sobrevesta", de color amarillo. (Cornelis de Wael)


Detalle de la guardia de Mauricio de Nassau, príncipe de Orange. La guardia viste de negro y porta alabardas. (Adam van Breen)