sábado, 8 de julio de 2017

El Ejército hispánico de intervención en Francia, para el socorro de París, en 1590


A mediados del siglo XVI, tras finalizar la guerra franco-española con la Paz de Cateau-Cambrésis (1559), comienzan una serie de guerras civiles en Francia -hasta ocho- donde se mezclan los motivos religiosos (lucha entre católicos y protestantes) con los políticos (la rivalidad entre las casas de Guisa y de Borbón por obtener la influencia en el Rey y el poder en la Corte).
Comenzada la Guerra de los ochenta años en 1568, ambos conflictos de alguna manera se retroalimentarán en determinados momentos a lo largo del siglo XVI, hasta que en 1598 se dan por finalizadas las luchas civiles en Francia.

En 1562 se inician las hostilidades en Francia, y Felipe II -libre de conflictos, y con el único frente abierto del Mediterráneo contra los turcos- envió apoyo a las tropas reales francesas. Un contingente español, al mando de Luis de Carvajal, combatió en las batallas de Vergt y Dreux (1562), así como en el asedio de Orleans (1563), contra los protestantes franceses.
En 1569, aparentemente sofocada la rebelión de los Países Bajos y reinando un breve periodo de paz, Felipe II de nuevo decide enviar ayuda al Rey francés, que estaba envuelto en la 3ª guerra de religión. Así el duque de Alba envió a Francia al Conde de Mansfeld, con un contingente militar del Ejército de Flandes, el cual combatirá en la batalla de Moncontour. 
Acordada la paz en Francia, en 1570, se produjo un acercamiento de la corte francesa con los hugonotes. Así el almirante Coligny, líder de los hugonotes franceses, se convirtió en consejero del rey Carlos IX de Francia. Coligny acordó de manera secreta con Luis de Nassau la invasión del sur de los Países Bajos, con unidades mercenarias francesas. El Almirante de Francia trataba así de desviar la atención de los conflictos internos de Francia con una conquista en el exterior.
En 1572, Luis de Nassau tomó Mons y Valenciennes, al mando de un pequeño ejército compuesto mayoritariamente por hugonotes franceses. Coligny envió un nuevo contingente de refuerzo de hugonotes franceses, al mando del señor de Genlis, que fue aplastado por las fuerzas de Alba.
La actitud del Almirante de Francia, quien presionaba al Rey para intervenir en los Países Bajos a favor de Orange, unido al recelo que despertaba en el partido católico por su influencia sobre Carlos IX, determinó los acontecimientos que llevarían a su asesinato y la llamada matanza de San Bartolomé. La 4ª guerra de religión comenzaba, y Felipe II se congratulaba por el alejamiento de la guerra con Francia, nombrando un embajador extraordinario para felicitar al rey Carlos IX de Francia "por el gran servicio que había prestado a la causa católica".

En Flandes se producirá un nuevo intervencionismo extranjero, tras los convulsos acontecimientos que desencadenan el saqueo de Amberes (1576) y la posterior retirada de los tercios españoles a Italia (1577).
En 1578, finalizada la 6ª guerra de religión, el duque de Anjou fue llamado por los valones católicos de los Países Bajos: Los Estados Generales acordaron ceder a Anjou algunas plazas de Hainaut, a cambio de ayuda militar. El duque de Anjou entró con sus tropas en los Países Bajos, pero Alejandro Farnesio se hizo cargo del gobierno de los Estados. Esta nueva incursión enemistó a Felipe II con el nuevo rey de Francia, Enrique III.
En 1580, finalizada la 7ª guerra de religión, de nuevo el duque de Anjou es invitado a los Países Bajos, esta vez por el Príncipe de Orange, para que se hiciera cargo de su gobierno y así desvincularse de España. De 1581 a 1583 opera en los Países Bajos un ejército auxiliar francés al servicio de los Estados Generales, al mando del duque de Anjou, quien ostenta el título de "Defensor de las Libertades de los Países Bajos".
La muerte de Anjou en 1584, heredero al trono, hizo que el rey Enrique III aceptara como sucesor al hugonote Enrique de Borbón, rey de Navarra. Ante esta situación se organiza la Liga Católica con el fin de evitarlo.
Estas intromisiones desde Francia, y la posibilidad de acceder al trono francés de un rey claramente hostil a los intereses de España, convencieron a Felipe II a apoyar a la Liga Católica (partido político y paramilitar cuyo principal valedor era el duque de Guisa). Con el tratado de Joinville (1584) España se comprometía a financiar económicamente de manera regular a la "Ligue".

De esta manera España impidió durante unos años la intervención desde Francia en la Guerra de Flandes, y se pudo dedicar a la conquista de los territorios rebeldes de los Países Bajos. Sin embargo, en 1588, la dinámica de conseguir doblegar las provincias rebeldes se vio truncada por los preparativos que Farnesio tuvo que realizar para la invasión de Inglaterra, que hizo que se desviaran recursos humanos y económicos para tal fin.
Y, en 1589, en el transcurso de la 8ª guerra de religión, el asesinato del rey Enrique III de Francia dejaba expedito el camino al trono francés del hugonote Enrique de Borbón, rey de Navarra.
Por el tratado de Joinville, Felipe II se comprometió a dar ayuda militar a la Liga en caso de necesidad. Y el rey de España ordenó a Farnesio realizar todos los preparativos necesarios para que el Ejército de Flandes interviniera de manera directa en apoyo de la Liga, con el objeto de levantar el asedio que las tropas de Enrique de Borbón imponían a París. De nuevo se frenaba la conquista de los territorios rebeldes, y se desviaban los recursos humanos y económicos hacia un nuevo frente. Los neerlandeses comenzaron a recuperar plazas, tras los reveses sufridos desde el año 1579. Y en el Ejército de Flandes empezaron a producirse motines ante la falta de pagas, los cuales serán crónicos a partir de este momento.
No obstante, una Francia unida y hostil implicaba que pudiera intervenir directamente en el conflicto de los Países Bajos, cogiendo al Ejército de Flandes entre dos frentes, con la consiguiente declaración de guerra y extensión de la misma a los territorios hispánicos de Italia y la propia Península. Situación que terminaría sucediendo a partir de 1630, tras finiquitar Francia los conflictos internos.


La "Colección de documentos inéditos para la Historia de España" contiene una relación del ejército enviado desde los Países Bajos Españoles para levantar el sitio de París, la cual termina con un lacónico "Dios les guíe":








General: Alejandro Farnesio, Duque de Parma

Segundo: Valentín de Pardieu, señor de La Motte

Efectivos: (Unos 13.000 infantes y 3.500 jinetes)


   Tercio español de Antonio de Zúñiga
   Tercio español de Alonso de Idiáquez

   Regimiento valón de Philibert de Rye, Barón de Balançon y Conde de Varax
   Regimiento valón de Farnesio, al mando del Teniente-coronel Antoine de Grenet, señor de Werpe
   Regimiento valón que fue del Conde Felipe de Egmont
   Regimiento valón del Conde Octavio de Mansfeld
   Regimiento valón de Emmanuel Philibert de Lalaing, Marqués de Renty
   Regimiento valón de Maximilian de Sainte-Aldegonde, Barón de Noircarmes

   Tercio italiano de Pietro Caetano (o Caetani)
   Tercio italiano de Camillo Capizuchi

   Regimiento alemán de Charles de Ligne, Conde de Aremberg y futuro Duque de Aerschot
   Regimiento alemán del Conde Florent de Berlaymont


Caballería al mando del Marqués de Renty y Jorge Basta (o Basti)


Cuadro que representa el socorro de París por las tropas coaligadas hispánicas y de la Liga. A la izquierda está mostrada la población de Lagny, que está siendo batida por los cañones, y la cual fue tomada al asalto -cruzando el río por un puente de barcas (representado en la pintura)- saqueada y la guarnición degollada. Al fondo se puede ver París y el ejército de Enrique de Borbón en formación. (Pintura anónima flamenca, Monasterio del Escorial)


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NOTA1: El Conde Felipe de Egmont había muerto ese mismo año en la batalla de Ivry, al mando de un contingente de la caballería de Flandes, enviado en socorro del duque de Mayena, general de la Liga Católica.