viernes, 18 de noviembre de 2016

La Armada de Flandes y los corsarios de Dunkerque


Durante la primera década de la guerra de los 80 años, el gobierno español trató varias veces de hacerse con el control de las islas de Zelanda, corazón de la rebelión y cantera de la marina rebelde neerlandesa: operaciones anfibias, con el agua hasta el pecho, de Goes (1572), Duiveland y Schouwen (1575); la expedición naval del duque de Medinaceli (1572), y la Armada de Santander de Pedro Menéndez de Avilés (1574-1575).

El fracaso de hacerse con el control del enclave marinero acabó con las posibilidades hispánicas de control total del Mar del Norte. Tras varias derrotas navales en los primeros años de la guerra -captura del arsenal de Veere (1572); batalla de Zuider-zee (1573); batallas de Bergen-op-Zoom y Lillo, y el socorro de Leyden (1574)- los "mendigos del mar" acabarían imponiéndose en el control marítimo de los Países Bajos.


LA CREACION DE LA ARMADA DE FLANDES

Siempre la corte de Madrid estuvo barajando la posibilidad de disponer de una flota de guerra en el canal, capaz de hacer frente en las mismas condiciones a la flota neerlandesa y acabar con el bloqueo a los puertos flamencos.

Con la conquista de Dunkerque y de Nieuport (Nieuwpoort) en 1583, Alejandro Farnesio ya trató de crear una base de operaciones para una pequeña flotilla de guerra que actuase contra el comercio y las pesquerías neerlandesas. Para la campaña de invasión de Inglaterra de 1588, Farnesio acantonó a los tercios de infantería de Flandes -núcleo de la fuerza invasora- en los puertos de Dunkerque y de Nieuport, reuniendo y construyendo unas 170 embarcaciones de todo tipo, para poder juntarse con la armada española, a pesar del bloqueo holandés a los puertos flamencos. Sin embargo, a pesar de tener las tropas preparadas y comenzado su embarque, el contacto con la armada española no pudo darse.

Pero es al comienzo del reinado de Felipe III cuando se decide acometer la empresa de crear una flota de guerra permanente en los puertos de la costa flamenca. Así, en 1598, Martín de Bertendona llegaba al puerto flamenco de Dunkerque desde España con una flotilla de barcos de guerra para incorporarse a la armada.

En 1600 se construyeron por primera vez en Dunkerque 2 barcos de guerra para la armada; ese mismo año Antoine de Bourgoigne, conde de Wacken (Waecken o Vacquen), condujo una exitosa expedición, con 14 naves de la armada, contra la flota pesquera holandesa.
Las Provincias Unidas, afectadas por las incursiones llevadas a cabo desde Dunkerque, determinó realizar una ofensiva por tierra contra los puertos flamencos: En junio del 1600, Mauricio de Nassau, futuro príncipe de Orange, invade los Países Bajos españoles desde el puerto de Filipina (Philippine), la ofensiva tiene como objetivo final tomar Dunkerque. Sin embargo el archiduque Alberto sale a su encuentro y la ofensiva fue frenada con la batalla dada a las afueras del puerto de Nieuport.
Aunque Mauricio de Orange gana la llamada primera batalla de las Dunas, las bajas sufridas en ella hace que tenga que levantar el sitio a Nieuport y reembarcar las tropas, dando por finalizada la campaña.

En 1602 llegó a los Países Bajos Federico Espínola, nombrado general de "las galeras de Flandes", tras haber llevado 6 galeras desde Lisboa hasta Flandes, transportando al tercio de infantería española de Juan de Meneses, encontrándose en el canal de la Mancha con ingleses y holandeses, que le echaron a pique 2 galeras (la "San Felipe" y la "Lucero"), junto con sus dotaciones. Ya en Flandes, Federico Espínola rehizo y reforzó la escuadrilla con otras 4 galeras más. La flotilla de Espínola era una escuadra autónoma con sus propios oficiales y tercio de infantería embarcado.
Durante el sitio de Ostende (1601-1604), las galeras de Flandes constantemente impedían los intentos de los holandeses por abastecer la plaza por vía marítima. En uno de esos encuentros abordaron la nave capitana del enemigo, llegando a arriar su estandarte, hasta que los refuerzos holandeses les obligaron a retirarse. La muerte en combate de Federico (1603) frenó los éxitos de las galeras de Flandes.

Batalla entre galeras españolas y naves holandesas en Flandes, posiblemente representando la batalla de La Esclusa (1603). (Pintura atribuida a Hendrick Cornelisz Vroom)


El cronista de Felipe III, Matías de Novoa, relata la muerte de Federico Espínola, en la batalla de La Esclusa:

"Corría a esta sazón Federico Spínola con ocho galeras guarnecidas de 1.500 infantes escogidos, (...) salió, pues, de la Exclusa con buen tiempo, y a poco que hubo navegado, descubrió dos galeras que habian fabricado los holandeses en opósito de las de Federico, y tres bajeles de guerra grandes; (...) cerró [embistió] con ellos tan gallardamente, que en menos de una hora que duró la pelea, rindió una galera holandesa; a esta sazón refrescó el aire, con que los demás bajeles que se hallaban apretados, se alargaron de los nuestros, tirando con su artillería a las galeras; de suerte, que una bala llevó el brazo derecho a Federico Spínola, y la guarnición de la espada que tenía en la mano, le dió en el rostro y cabeza tan crudo golpe, que se la rompió, y en breves horas rindió el espíritu."


DESARROLLO ASCENDENTE DE LA ARMADA DE FLANDES

Durante la etapa de las galeras de La Esclusa de Federico Espínola, y los galeones de Ostende, no se lograron los objetivos marcados. Es a partir de 1621, con el fin de la Tregua de los 12 años y la reanudación de las hostilidades, cuando se decide dar un nuevo impulso a la Armada de Flandes.
Con el nuevo rey Felipe IV se pensó en acondicionar los puertos disponibles en los Países Bajos españoles, para albergar la flota:

  1-Ostende, recuperado tras un largo y costoso asedio, era el puerto principal.
  2-Nieuport, el segundo en importancia tras Ostende.
  3-Dunkerque, prácticamente inutilizado por los bancos de arena.
  4-Varios pequeños puertos de pescadores, como Blankenberge.

Ya en 1620 el archiduque ordena al gobernador de Ostende la corta de madera para la fábrica de una armada de 20 barcos. También se propone la construcción por vía de "asiento", es decir, mediante contrato con particulares. Así, Ambrosio Espínola, con el dinero enviado desde España, contrata con Adrián Wandeval la construcción de 12 naves de guerra.

Con la Ordenanza de diciembre de 1621, Felipe IV legalizó el corso “así contra turcos, moros y moriscos, como contra los rebeldes de las islas de Holanda y Zelanda”. En 1624, la Ordenanza fue ampliada, concediendo más privilegios. Es decir, se permitía que particulares, armadores, y gente de mar pudiera asaltar los barcos de guerra y mercantes de los enemigos de España, quedándose el botín de la presa a cambio de un porcentaje del beneficio obtenido, que correspondería al Rey.


COMIENZA LA ACTIVIDAD CORSARIA DE DUNKERQUE

En 1622 se acondiciona y fortifica el complejo portuario Dunkerque-Mardick, trasladándose la escuadra principal de Flandes de Ostende a los puertos de Dunkerque y Mardick.
A primeros de este año, el galeón dunkerqués "San Ildefonso" capturó 4 mercantes enemigos. La marina holandesa reaccionó y comenzó a perseguir a todos los navíos dunkerqueses. A finales del año de 1622, 3 barcos de guerra, a las ordenes de Jan Jacobsen, partieron de Ostende en dirección de un convoy holandés. La escuadra holandesa de bloqueo detectó el movimiento y Jacobsen tuvo que enfrentarse en solitario a 9 navíos de guerra holandeses, mientras los dos barcos restantes escapaban. Después de 13 horas de combate, Jacobsen dinamitó su propio barco, volando con él a 2 buques holandeses.
Los supervivientes del barco de Jacobsen no fueron considerados prisioneros de guerra, sino piratas, y por tanto fueron llevados a la horca. Los 2 barcos flamencos, acosados por los holandeses, tuvieron que buscar refugio en Edimburgo, siendo socorridos por el mercader católico Guillermo Laing, quien los pertrechó, pudiendo escapar posteriormente a sus captores.

 Detalle de un cuadro que representa la explosión de un galeón español durante la batalla de Gibraltar (1607) contra la flota holandesa. (Pintura de Cornelis Claesz van Wieringen)

En enero de 1623, la Junta de Armadas aprobó la compra de un barco en Londres, debido a las dificultades para la construcción de los navíos en los puertos flamencos. Incluso se aceptaron propuestas como la de Juan Bautista van Male de alquilar 5 barcos ingleses, con sus tripulantes incluidos. Así, el inglés Robert Bordon alquilaba su navío, siempre y cuando no hubiese guerra entre su país y España; pero en 1625, la guerra con el rey Carlos I de Inglaterra paralizó este tipo de contratos.
Este mismo año de 1623, una escuadra de la armada dirigió varios ataques contra los puertos pesqueros de Zelanda.

A primeros de 1624, cuatro barcos dunkerqueses se enfrentaron a 9 holandeses del bloqueo, consiguiendo salir ilesos. La noche del 15 de junio, 6 galeones dunkerqueses, al mando del general portugués Diego Luis de Oliveira, que se dirigían a San Sebastián con todas las luces apagadas para burlar el bloqueo, fueron interceptados por la escuadra holandesa al encallar uno de los barcos flamencos: Son 5 contra 23, la batalla se prolongó desde la medianoche hasta las 6 de la tarde del día siguiente; la capitana envuelta a veces por 16 navíos, recibe 1.200 impactos según un testigo jesuita irlandés. Dos barcos holandeses son hundidos y otro flamenco desaparece, logrando refugiarse los 4 navíos flamencos restantes en las Dunas de Kent.
Durante un mes estuvieron las naves bloqueadas en Inglaterra, donde se les proveyó de todo lo necesario, hasta que recibieron orden de salir; 3 de ellas llegaron a Mardick, la cuarta estalló en combate junto con la almiranta de Zelanda, que se incendió y se fue a pique, sobreviviendo sólo 27 hombres de ambas tripulaciones. Oliveira fue recompensado con el cargo de gobernador del Brasil.

En 1625, con el inicio de la guerra con Inglaterra, una escuadra inglesa se había unido a los holandeses para bloquear la costa flamenca. La noche del 23 de octubre se desató una gran tormenta que destruyó gran parte de los 40 barcos de la escuadra anglo-holandesa, desarbolando o estrellando contra las costas a más de 30 navíos.
Esto fue aprovechado por los dunkerqueses, y al momento salió una escuadra de la Armada de Flandes, formada por 20 barcos (12 reales y 8 de particulares o corsarios). Persiguiendo las naves supervivientes llegaron hasta las islas Shetland, donde encontraron el grueso de la flota pesquera holandesa.
Tras un combate en el que se hundió uno de los navíos de guerra holandeses encargados de la custodia de los pesqueros, y se abordó otro, fueron capturados los pesqueros más grandes, mientras que los pequeños -unos 40- fueron hundidos. Una segunda escuadra flamenca, de 7 barcos, avanzó por la costa capturando decenas de arrastreros.

Barcos arrojados contra las rocas de la costa, durante una tormenta en el mar. (Pintura de Cornelis Claesz van Wieringen) 

En unos 15 días fueron hundidos y capturados de 150 a 200 barcos enemigos, entre ellos 2 buques de guerra y 80 "buzas" -o "buizen", pequeños barcos arenqueros- y en un mes se habían capturado unos 1.400 prisioneros, para los que no había sitio en Dunkerque.
Pedro Pablo Rubens, que además de pintor ejerció como diplomático de los Países Bajos españoles, escribió acerca de este hecho:

"Nuestros barcos de Dunkerque han arruinado la pesca del arenque [holandesa] de este año. Han echado a pique a muchos pesqueros, aunque con la orden expresa de la Infanta [Isabel Clara Eugenia] de salvar a todos los hombres y de tratarlos bien."


EL CARACTER DE LA GUERRA CORSARIA

Estebanillo González nos cuenta, en su obra picaresca posiblemente autobiográfica, una típica correría corsaria y su modo de pelear con banderas falsas, al embarcar como pasajero en una nave dunkerquesa, que desde Inglaterra pasaba a Flandes:

"Llegamos a la marina, adonde hallamos el bajel con mucho espacio y sus marineros con mucha flema, y dos fragatas de Dunquerque que, forzadas del mal temporal, habían llegado a dar fondo. Viendo que estaban medio de partida (...) llevaron a mí a la una y a mis camaradas a la otra. Salió la mía día de Navidad del año de mil seiscientos cuarenta y cinco en corso contra holandeses, franceses y portugueses (...) Pero el segundo día nos fue fuerza pelear con un bajel holandés, y después de habernos peloteado más de una hora se fue a pique, salvándose la gente.
Tomamos la derrota [rumbo] la vuelta de Bretaña andando a caza de bajeles franceses, y en encontrándolos poníamos bandera francesa, y de la misma suerte en encontrando bajeles holandeses poníamos bandera holandesa (...) Si el bajel que encontrábamos era fuerte huíamos como galgos, y todos muy tristes y yo reventando de alegría; y en siendo débil y de poca defensa cerrábamos de tropa a caiga quien cayere (...) Al fin, habiendo echado algunos bajeles a fondo y cogido presas de importancia, nos volvimos la vuelta de Flandes (...)"

El episodio acontecido a finales de 1622, muestra una característica que difiere a lo que acontecía en el frente terrestre en esos mismos años, como es la ejecución de prisioneros: La guerra de los 80 años se había humanizado de algún modo desde el gobierno de Alejandro Farnesio, ya que se comenzó a permitir el intercambio de prisioneros o el que fueran puestos en libertad mediante rescate, es decir, pagando una suma de dinero. Episodios de saqueos y matanzas de civiles comenzaron a ser cada vez más esporádicos, incluso, tras la tregua de los 12 años, prácticamente inexistentes -salvo las invasiones del Veluwe (1624 y 1629), en las que se incendió algunas aldeas y cosechas; y el saqueo de Tirlemont (1635), en el que se produjo además muerte de civiles- Todo en la medida en que se dejó de considerar al enemigo como un "rebelde" a su Rey, consideración que en aquella época llevaba implícita la pena de muerte, y que puede equiparar a la plabra "terrorista" de hoy en día.
Sin embargo, las acciones de Dunkerque provocaron tanto temor y odio en las Provincias Unidas, que se llegó a la prohibición de dar cuartel a la tripulación de los navíos corsarios, los cuales deberían ser arrojados al mar.

En cuanto a la actitud "suicida" de los marinos flamencos, también estaría relacionada con el hecho de que no habría cuartel en caso de rendirse. De todos modos, el historiador y cronista portugués Francisco Manuel de Melo, quien fue soldado y participó en la expedición naval de 1639, nos cuenta que esa actitud era propia a todos los marineros del país:

"Entre las naciones del Norte fue uso, y más frecuentado por los rebeldes de Holanda, valerse del fuego en los casos de desesperación; porque viendo perder las victorias en el mar, se abrasaban pertinazmente (...) el tomar la muerte voluntaria por remedio de la desventura del vencido, así es delito contra la religión, como contra la política (...)"

Incluso se dio el caso de 3 marineros de la República Holandesa, supervivientes del naufragio de su nave en la costa de Flandes, que, viendo venir a los soldados hispánicos, se volvieron a arrojar al mar y se ahogaron. Felipe IV había ordenado que los marinos holandeses que “escaparen de los navíos, que, por no se rendir a los de dicha Armada, se volaren, los haga ahorcar”.

A propósito de los prisioneros, los que no interesaban -como los pescadores, marineros jóvenes y viejos- se les solía desembarcar en Inglaterra o trasbordarlos en barcos neutrales. A los demás, como personas de calidad, mandos, técnicos etc. se les ponía a rescate en los puertos flamencos. Así, 5 pilotos llegaron a pagar 4.000 ducados por su libertad. En general, el trato dado a los prisioneros en Dunkerque era humanitario, cosa de lo cual se quejaba el almirante Colaert (o Colart):

"(...) en muchas cárceles de Flandes se usa soltar los prisioneros de porte sobre fianzas -al revés de lo que hacen los holandeses, que cuanto mayores son, más les estrechan la prisión, porque consideran que los prisioneros de guerra, andando sueltos, son otros tantos espías (...)"

Por otra parte, hay que señalar que la gran mayoría de los tripulantes y colaboradores de la armada de Flandes eran neerlandoparlantes, es decir, nativos de las provincias de Flandes y Brabante. El resto eran valones (o franco-parlantes), españoles, incluso holandeses, zelandeses, británicos y alemanes.

Por último señalar que la Armada de Flandes estaba formada por los navíos reales y los alquilados por la Corona mediante "asiento"; dentro de cada escuadra sobresalían dos buques, la "nave capitana" -donde viajaba el general- y la "almiranta" -mandada por el segundo en el mando-, ambas naves llevaban tripulaciones escogidas, tenían mayor potencia de fuego y superaban en tonelaje a las demás.


GUERRA OFENSIVA POR MAR Y DEFENSIVA EN TIERRA 

El año de 1626 fue de reposición de fuerzas para los contendientes navales. Desde Madrid se tomó la decisión, para recortar el enorme costo del Ejército de Flandes, de sólo actuar ofensivamente por mar, dados los buenos resultados obtenidos los años anteriores.
Los barcos alquilados al rey de Adrián van der Walle (o Wandeval), comandados por el noble flamenco conde de Wacken, solían actuar con independencia de la armada de Flandes. En septiembre, en una incursión contra las pesquerías neerlandesas, 5 barcos corsarios lograron hundir a 18 arrastreros.

En 1627, Michael Jacobsen salía con 11 de sus barcos hacia la zona pesquera de Groenlandia, llena de arrastreros ingleses y holandeses, hundiendo 50 barcos. En septiembre, 5 barcos de la flota de Wacken hundieron 11 "buzas" y remitieron 8 presas a Flandes. A finales del año, sólo la armada de Flandes había hundido 68 barcos y capturado 45.

Pintura, de hacia 1640, que muestra a los pescadores recogiendo las redes, barcas, y los pequeños barcos arrastreros. (Cuadro de Jullius Porcellis)


La escuadra de Dunkerque estaba apoyada por los puertos españoles del Cantábrico. Así, en 1627 había 14 barcos de guerra de Flandes distribuídos entre La Coruña, Ribadeo y Pasajes. Además este mismo año se estableció en Pasajes una sucursal del Almirantazgo de Dunkerque, con el fin de administrar las presas, como refugio, para reparar los barcos, incluso para la recluta de marineros vascos con objeto de completar las dotaciones de los barcos.

En mayo de 1628, en una de sus muchas salidas, una escuadra de 8 buques dunkerqueses hundió o apresó a 18 barcos ingleses y holandeses. Pero la bancarrota de España del año anterior terminó alcanzando a la Armada de Flandes desde mediados de 1628.
Además, en septiembre la flota del tesoro fue capturada, a la altura de la bahía de Matanzas (en Cuba), por el almirante holandés Piet Heyn.

En 1629, las escuadras de los almirantes Francisco de Ribera y el conde de Wacken permanecieron sin salir de los apostaderos por falta de dinero y de marineros: de 1.300 que había en noviembre de 1628 se había descendido a 500 en abril, debido a la falta de pagas y las deserciones. La Infanta Isabel Clara Eugenia informaba “los bajeles de la Armada de Dunkerque y escuadra de Ostende hacen alto y no podrán salir a la mar por falta de dinero”.
En uno de los pocos combates, 4 barcos dunkerqueses cayeron cuando una flotilla de Ostende se encontró con la flota del bloqueo al cruzar el cabo de Gris-Nez. En el encuentro murió el comandante enemigo, Piet Heyn, el vencedor de Matanzas, que había sido nombrado teniente general de almirante de Holanda.
En 1630 Felipe IV, rey de España, ordenó la entrega de 22.000 escudos al mes para reactivar la Armada de Flandes.


LA REANUDACION DE LAS OPERACIONES

En enero de 1631 se reactivó el corso flamenco, siendo capturados 15 barcos enemigos. Pero la ofensiva neerlandesa para tomar Brujas, con el fin de poder extenderse por la costa flamenca y capturar Dunkerque-Mardick, obligó a concentrar en mayo las escuadras de los almirantes Ribera y Wacken en Dunkerque y Ostende, para apoyar la defensa y el socorro de Brujas.
La victoria conseguida por Carlos Coloma en el socorro de Brujas dio de nuevo libertad de movimiento a la armada de Flandes: Sólo entre septiembre y noviembre entraron en los puertos flamencos 66 navíos apresados.
En septiembre se organizó en Flandes una expedición naval compuesta de pequeños buques, barcazas y fragatas especiales para el transporte, al mando del general Juan de Nassau, con el objeto de desembarcar en Zelanda. Las embarcaciones fueron sorprendidas por la marea baja en el canal de Slaak, siendo atacadas y capturadas por los holandeses, con pérdida de muchos hombres y barcos.
El Almirantazgo de Amsterdam sugirió lanzar al mar a todos los prisioneros de la expedición, pero Federico-Enrique, príncipe de Orange, lo detuvo.

Grabado anónimo que representa la batalla de Slaak. En el extremo superior derecho está retratado el conde Juan de Nassau, general de la expedición hispánica, que a duras penas pudo escapar a Amberes. A la izquierda se encuentra retratado el Príncipe de Orange.

También en este año, en 2 expediciones distintas, Jacobsen y Ribera transportaron desde España a 5.600 nuevos reclutas para el Ejército de Flandes: En marzo 1.300 soldados embarcaron en La Coruña en los 6 galeones de Michael Jacobsen, en sólo seis días estaban en Mardick.
Tras la ofensiva neerlandesa de mayo, Jacobsen y Ribera estaban en La Coruña con una escuadra de 24 barcos, se estableció una Junta para realizar una leva (recluta) en Galicia, con el objeto de completar los cuadros de la infantería ya concentrada en la ciudad gallega. El almirante Ribera zarpó el 13 de octubre, y en 16 días la escuadra entraba en Mardick, con los 4.000 reclutas españoles y el dinero destinado para el Ejército de Flandes.

En 1632, en una de las salidas de los dunkerqueses, llegaron a las islas Shetland; tras hundir 28 "buzas" y sus 2 buques de guerra guardianes, desembarcaron y arrasaron un par de fuertes que protegían la base pesquera holandesa.


LA EDAD DE ORO DE LA ARMADA DE FLANDES

Las pérdidas de la marina de las Provincias Unidas, causadas por los corsarios hispano-flamencos de Dunkerque, comenzaron a ser tan elevadas, que, en el tratado franco-holandés del 8 febrero de 1635, los holandeses pedirán expresamente que Francia ocupe militarmente todas las plazas de la costa de Flandes.
Este año Jacques Colaert (o Colart) transportó de España a Dunkerque un contingente de 2.000 reclutas de infantería.
Más tarde, Colaert mandaba una gran expedición contra las pesquerías de las islas Shetland: El 15 de agosto salieron de Dunkerque 14 galeones y 6 fragatas; 3 barcos de guerra fueron hundidos, mientras otro se rindió, después se hundió o se capturó la mitad de los pesqueros y arrastreros, las "buzas" restantes fueron dispersadas; a primeros de septiembre la flota regresaba a Mardick.
Poco después Colaert atacó un convoy de la Compañía de las Indias Occidentales, haciendo prisionero a Cornelis Corneliszoon Jol, sucesor de Piet Heyn, que retornaba de una expedición en el Caribe.

En 1636, al forzar el bloqueo naval holandés, uno de los navíos dunkerqueses fue obligado a embarrancar, y el resto fue capturado por una escuadra de Zelanda superior en número: 2 galeones dunkerqueses -uno de ellos el del propio Colaert- resultaron hundidos en el combate, Colaert y 200 de sus hombres fueron rescatados de las aguas por los neerlandeses. Poco después Colaert es puesto en libertad por un intercambio de prisioneros.
Nombrado don Juan Claros de Guzmán, marqués de Fuentes, almirante supremo de la Armada de Flandes en sustitución de Ribera, se fueron reuniendo en La Coruña barcos procedentes de Dunkerque, Cádiz y otros puntos, a lo largo de este año, para la expedición que le llevaría a Flandes.
La escuadra de Fuentes, de 38 buques, partió a últimos de agosto de La Coruña y -tras 12 días de viaje- dejó en Mardick 4.000 soldados españoles -reclutados en Galicia y en Castilla la Vieja- al mando del marqués de Velada, y un millón y medio en plata para el Ejército de Flandes.

 Embarque de tropas españolas, hacia 1630. (Pintura de Andries van Eertvelt)


El aumento de las correrías de la Armada de Flandes, hizo que en las Provincias Unidas se llegase a pensar que el almirante Philips van Dorp, a cuyo mando estaba el bloqueo de la costa flamenca, estaba a sueldo de España. Así, en 1637 Van Dorp fue sustituído por Maarten Harpertszoon Tromp.
En julio de este año, una pequeña escuadra de 8 barcos, al mando del navarro Miguel de Horna, tras un combate en el que 2 barcos enemigos son hundidos, se apodera de 12 mercantes, con todo tipo de armas, municiones y vituallas.
En agosto, el capitán castellano Salvador Rodríguez, mandando una división de 13 naves, dirigió otra expedición contra las pesquerías de las Shetland, donde hundió 35 "buzas" y un buque de guerra.
A finales de este año, Fuentes dirigió una de las mayores expediciones hacia el norte, donde realizó un total de 52 unidades capturadas o hundidas.

 Pintura que refeleja los pequeños barcos arenqueros -"buizen", españolizado como "buzas"- y barcos pesqueros mayores o mercantes, al fondo se dibuja un posible barco de guerra holandés, protegiendo a los pesqueros. (Cuadro de Ludolf Bakhuizen)

En la primavera, Colaert se dirigió a Madrid donde el rey le concedió la Orden de Santiago. Debía de enviar hombres y dinero con su agrupación naval, que estaba en La Coruña, hacia los Países Bajos. Pero la muerte de Colaert por enfermedad cambió los planes del Conde-duque de Olivares, quien nombró a Lope de Hoces para sustituirlo.
La flota, con 38 barcos, debía de transportar unos 5.000 soldados, reclutados en Castilla, Andalucía y Galicia, más casi 2 millones de ducados para socorro del Cardenal-Infante. Zarpó de La Coruña y en tan sólo 5 días llegó a Dunkerque.

A partir de 1638, se hace operativo el puerto de Gravelinas, tras iniciarse las obras el año anterior, construyéndose un nuevo puerto para bajeles de alto bordo.
El 7 de marzo, tras una estancia de aprovisionamiento en Flandes, la flota de Hoces emprende el viaje de vuelta, levando anclas del puerto de Mardick; tras un accidentado y fructífero viaje, en el que el viento le hizo buscar refugio en Mardick y en Inglaterra, llegó a La Coruña el 12 de abril, tras haber capturado 37 presas enemigas (incluyendo 2 buques de guerra y 25 mercantes).


LA BATALLA DE LAS DUNAS

Olivares pensó en la utilización de transportistas ingleses para el envío de tropas a Flandes con mayores garantías, y así poder burlar mejor el bloqueo.
En mayo de 1639, una flotilla de 5 barcos, contratados al comerciante inglés Benjamín Wright, zarpó de Cádiz con 2 tercios de infantería con destino para los Países Bajos: 2 barcos y más de 700 reclutas cayeron en manos de la escuadra holandesa que patrullaba el canal, al mando del almirante Tromp, el resto de los 1.500 soldados lograron llegar a los puertos flamencos.

Se trató de juntar una gran armada en La Coruña que habría de transportar unos 9.000 soldados y dinero para los Países Bajos; derrotar a la flota holandesa de Tromp y, a su vuelta, debería traer la infantería valona destinada para los frentes pirenaicos.
A esta armada se juntó una escuadra de Dunkerque, al mando de Miguel de Horna, que zarpó de Mardick transportando 2.000 valones para los frentes peninsulares; tuvo que sostener 3 duros combates en el Canal antes de llegar a La Coruña, la escuadra de Horna perdió 3 barcos y 400 hombres, pero causó tales pérdidas a la flota holandesa de Tromp que tuvieron que levantar momentáneamente el bloqueo.
A primeros de junio se presentó ante La Coruña el arzobispo de Burdeos, bloqueando y cañoneando la plaza; la armada española, protegida por los fuertes de San Antón y San Diego, que estaban unidos por una cadena que cerraba el puerto, no salió a su encuentro. A los 3 días, ante las pérdidas que estaba sufriendo, el arzobispo se retiró. En la defensa de La Coruña se destacó Miguel de Horna, que, con 4 fragatas de Dunkerque, por dos veces salió a escaramuzar con la armada francesa, volviendo al puerto sin pérdida.

En septiembre, la armada, al mando del almirante Antonio de Oquendo, sale de La Coruña, teniendo la vanguardia la escuadra de Dunkerque. Por orden del rey, Miguel de Horna pasó a la "capitana" real de Oquendo, llamada "Santiago". El día 15 emboca en el Canal de la Mancha, donde combate durante 3 días con las escuadras de las Provincias Unidas, al mando del almirante Tromp. Ante la escasez de pólvora y municiones, y la imposibilidad de realizar el trasbordo de la infantería, la armada hispánica se ve obligada a refugiarse en el fondeadero de las Dunas de Kent, donde fueron bloqueados por las naves neerlandesas.
Durante el mes que Oquendo estuvo allí, se pertrechó y reparó las naves, además de transportar durante la noche la infantería reclutada y el dinero, en pequeños buques y pesqueros. El 21 de octubre la armada hispánica intentó salir, trabándose una desigual batalla con los holandeses, superiores en número de barcos.
La armada de Antonio de Oquendo resultó derrotada: en parte varada en las costas y en parte destruída por las Provincias Unidas. Sólo la "Santiago" de Oquendo, acribillada por 1.700 disparos, y otros 6 barcos, la mayoría dunkerqueses, lograron entrar en Mardick. Horna resultó herido en la batalla, perdiendo un ojo. A finales de diciembre, el marino navarro obtuvo una victoria sobre una escuadra francesa.

 Grabado mostrando la batalla de las Dunas del día 21 de octubre. En primer plano, un capellán militar lucha por sobrevivir agarrado a un trozo de madera, crucifijo en mano. (Grabado de Claes Jansz Visscher)

Estebanillo González se encuentra en Dunkerque, ciudad a la que dedica efusivos elogios, en el momento de la batalla:

"Marchó después de lo referido su Alteza [Cardenal-Infante] la vuelta de Dunquerque, por estar aguardando la armada que venía a cargo de don Antonio de Oquendo y de don Andrés de Castro (...) Llegamos a aquella pequeña villa que, por ser grande en valor, es terror de Holanda y opresión de las demás armadas enemigas; cuyos invencibles bajeles, siendo ruina y destrucción de las flotas holandesas, son los que abastan y enriquecen estos Países. Llegó la referida armada con más grandeza que gobierno y con más velocidad que ventura; salióla a recibir la holandesa con menos fuerzas y mejor disposición. Y al tiempo que se empezaron a pelotear, no agradándome aquel juego de raqueta (...) me entré en una cantina adonde se vendía cerveza (...) estuve bebiendo toda una tarde potes de purga por no recibir récipes de píldoras holandesas; y con hallarme las tripas encharcadas como rana no tuve ánimo para salir hasta tanto que cesó el ruido de la refriega (...)"


EL FRENTE PENINSULAR

Tras la sublevación de Cataluña y Portugal en 1640, parte de la armada de Dunkerque es llamada al Mediterráneo.
En 1641 el marino flamenco Jodocus Peeters (o Joos Pietersen) condujo 5 barcos hasta España. Miguel de Horna obtuvo la muerte, entre este año y el anterior, por las heridas sufridas en combate, cuando de nuevo trató de atacar el convoy de Burdeos.

Combate naval entre el vice-almirante neerlandés Witte de With con los navíos flamencos de Nieuport, hacia 1640. (Pintura de Jacob Gerritsz Loef)

Peeters fue puesto al mando de la escuadra. La base de operaciones de la escuadra de Dunkerque estará ahora en los puertos de La Coruña y de Cádiz.
Los navíos dunkerqueses participaron en varias acciones contra la flota francesa, al mando del arzobispo de Burdeos, durante el asedio de Tarragona. En diciembre Peeters recibe la orden de unirse al bloqueo de la costa portuguesa.

Desde 1642, toda la armada de Flandes se trasladó al Mediterráneo, señalando la prioridad de Madrid por el frente catalán, ante el flamenco o el portugués. Ese mismo año de 1642 participa en una batalla frente a Barcelona con la armada del marqués de Brézé.
En 1643 participa en la batalla de Cartagena con la flota del marqués de Brézé. En 1644-1645 participa en la defensa de Rosas.

En 1646 sus navíos protegen los convoyes -para el traslado de 1.500 soldados, enviados al frente catalán- de Cádiz a Tortosa.
También actúan en la defensa de las posesiones italianas de la Corona española: 8 fragatas de la armada de Flandes participan en la liberación de Orbetello, y al año siguiente participan en la expedición de Juan José de Austria para aplacar la rebelión de Nápoles y Sicilia.


LA CAIDA DE DUNKERQUE

Los socorros para los Países Bajos siguieron llegando por mar, pero esta vez en modo de fragatas rápidas de pocas unidades, que transportaban pequeños destacamentos de centenares de soldados.
Tras la batalla de Rocroi (1643), los franceses realizaron una ofensiva para ocupar los puertos flamencos, y así cortar las rutas de enlace entre España y los Países Bajos españoles, así como acabar con la actividad corsaria.
En 1644 conquistaron Gravelinas. En 1645 conquistan Mardick, aunque es recuperada a finales del año por un ataque por sorpresa. En 1646 los franceses conquistan de nuevo Mardick, y, esta vez, junto a Dunkerque, que cayó en octubre.

En 1652, el archiduque Leopoldo-Guillermo asedió Dunkerque; en agosto el marqués de Fuensaldaña, con el ejército que operaba en Francia a sus órdenes en apoyo de los rebeldes "frondistas", se unió al ejército hispánico sitiador. La plaza capitula y el marqués de Lede volvió a ocupar su puesto como general de la Armada de Flandes y gobernador de la ciudad. También ese mismo año se recuperaron Gravelinas y Mardick.

Los dunkerqueses resucitaron, y capturaron o hundieron cientos de barcos ingleses en los siguientes años. En 1656, el capitán Charles Reynard, al mando de 5 barcos reales de Flandes, capturaba intacto un convoy de 10 mercantes a la salida de Londres.
La ofensiva anglo-francesa, al mando del vizconde de Turena, contra los puertos flamencos comenzó en 1657, pero sólo se pudo capturar Mardick, debido a la resistencia del Ejército de Flandes.
En 1658, el ejército anglo-francés de Turena puso sitio a Dunkerque, don Juan José de Austria y el Príncipe de Condé trataron de socorrer la plaza con el Ejército de Flandes. En la batalla de las Dunas, tercera de éste nombre, el ejército hispánico fue derrotado. Algunas de sus unidades fueron prácticamente destruidas, como señala Jerónimo de Barrionuevo en sus Avisos de julio de 1658:

"Perdióse Dunquerque por falta de municiones, no teniendo que tirar diez días después de la rota [derrota] nuestra en la Abadía de las Dunas, donde nos mataron y apresaron tantos; en particular no quedó hombre vivo español del tercio de [Gaspar] Bonifaz, y muy pocos del de D. Antonio de Córdoba."

Después de la batalla, Dunkerque capituló, falleciendo el marqués de Lede de las heridas recibidas en la defensa. Turena tomó varias plazas flamencas, incluida Gravelinas, tras un corto asedio.


DUNKERQUE BAJO DOMINIO FRANCES

En 1658, Dunkerque pasó a manos de Inglaterra, España no reconoció la posesión inglesa y el marqués de Caracena, el nuevo gobernador de los Países Bajos españoles, la mantuvo bloqueada y aislada, produciéndose roces entre la guarnición y los pueblos de los contornos y con los soldados hispánicos. En 1662, Inglaterra vendió Dunkerque a Luís XIV, rey de Francia, ante lo costoso de su mantenimiento.
Bajo el gobierno francés Dunkerque reverdeció laureles contra sus viejos enemigos: Inglaterra, las Provincias Unidas, y, ahora, contra España. Dunkerque bajo Francia producirá corsarios tan famosos como Jean Bart, Claude de Forbin y René Duguay-Trouin.

Vista de Dunkerque en el siglo XVII, probablemente durante el tiempo que estuvo bajo dominio inglés. (Pintura de Ludolf Bakhuizen)

En cuanto a la Armada de Flandes, tras la caída de Dunkerque, Felipe IV concentró todas sus fuerzas en la reducción de Portugal, sublevada desde el año 1640. A partir del año 1659, la escuadra de Flandes del almirante Maes participaba, junto con la Armada del Mar Océano, en el bloqueo de las costas portuguesas.
En septiembre de 1664, el Almirantazgo volvió a establecerse en el puerto Ostende, pero el Proveedor de la Armada, Pedro del Vaus, reconocía en un informe no disponer de más de 4 barcos debidamente preparados. La Armada de Flandes ya nunca volvería a recuperar el esplendor de los años pasados.

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NOTA1: Una "escuadra" estaba formada por un número de navíos grandes y unidades ligeras. La "Armada" sería una escuadra de un tamaño importante o un conjunto de escuadras para realizar una empresa determinada.