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domingo, 3 de noviembre de 2019

Banderas del ejército francés en la batalla de Thionville (1639)


A lo largo de los siglos XVI y XVII la infantería y caballería francesa usará como divisa en sus banderas una cruz blanca. Las banderas francesas con la cruz blanca fueron introducidas durante la Guerra de los Cien Años (1337-1453): A comienzos del siglo XV, en el contexto de esta guerra, el rey francés Carlos VI manda a sus tropas portar la cruz blanca como emblema, por influencia de la casa de Armagnac, que estaba en conflicto civil con la casa de Borgoña, la cual portaba la "croix rouge", y estaba apoyada por Inglaterra.
Es a lo largo del siglo XV cuando se muestra en las ilustraciones y miniaturas al ejército francés con la cruz blanca como divisa, tanto en las banderas como en las ropas de los soldados.

Detalle de una miniatura francesa del siglo XV que muestra al ejército francés en la batalla de Castillon (1453), durante la Guerra de los Cien Años. Los soldados portan como símbolo de identificación la cruz blanca en la bandera y en su indumentaria. (Chroniques, de Enguerrand de Monstrelet)


Miniatura francesa del siglo XV que muestra la toma de Verneuil por el ejército francés (1449), en la Guerra de los Cien Años. Los soldados franceses portan la cruz blanca en la bandera y en sus ropas. (Vigilias de Carlos VII, de Martial d'Auvergne)


Ya a comienzos del siglo XVI, en las llamadas Guerras de Italia (1494-1559), la cruz blanca es usada como divisa en las banderas y vestimentas de los soldados franceses. Así, el cronista fray Prudencio de Sandoval señalaba como en la batalla de Bicoca (1522) los franceses trataron de sorprender a los imperiales quitándose sus divisas y enseñas, colocándose las de los hispano-imperiales:

 "Por la mano derecha venía otro escuadrón de caballos franceses, mudada la cruz blanca, de que ellos usaban, en colorada, pretendiendo Lautrech que los suizos entrasen el [campamento] real a las vueltas con los españoles."

Esta clase de incidentes llegaron a ser corrientes en la época. Durante el asedio francés a la plaza de Pavía (1524-1525), dice Sandoval como dos oficiales españoles, que portaban la cruz blanca en sus ropas, lograron burlar el cerco y entrar en Pavía:

 "Hecho esto, y puestas sus cruces blancas, que es la insignia de los franceses en la guerra, se partieron para el campo francés, donde fueron bien recibidos (...)"

En la batalla de Pavía (1525) relata Sandoval como los arcabuceros españoles disparaban a todo aquel que llevaba la cruz blanca en la ropa, o que no estaba "encamisado":

"Pero en viendo cruz blanca o el caballero sin camisa sobre las armas, daban con ellos en tierra."

Detalle de un tapiz de la batalla de Pavía, mostrando a los soldados franceses y mercenarios suizos huyendo por el puente del río Ticino. Los soldados a sueldo de Francia llevan la cruz blanca como divisa en el pecho y espalda en sus ropas, así como en la enorme bandera que porta el soldado de la derecha. (Tapiz flamenco de la serie "La batalla de Pavía", Bernard van Orley)


Durante el siglo XV y XVI los franceses usaron la cruz blanca como divisa en contraposición de la cruz roja usada por sus enemigos: ingleses, borgoñones, imperiales alemanes y los españoles. Relata Sandoval de la campaña de 1544:

 "En este tiempo, los caballeros franceses, con sus cruces blancas, y los imperiales con las coloradas, tuvieron buena conversación, (...)"

Las banderas con la cruz blanca sobre campo azul debieron ser muy comunes. Durante el levantamiento de Siena (1552) relata Sandoval la captura de una bandera francesa similar:

"los cincuenta españoles hicieron una encamisada, y dieron en ellos con tanto ímpetu, que les ganaron una bandera azul con la cruz blanca, y los desbarataron y prendieron muchos, (...)"

También las banderas con la cruz blanca sobre un campo rojo. Una relación anónima sobre el sitio de la plaza francesa de San Quintín (1557) dice:

 "Hoy han puesto los franceses banderas en las murallas, coloradas, con cruces blancas, y asomáronse algunos franceses a la muralla y decían bravezas como ellos suelen decirlas."

Detalle de un fresco que reproduce a los soldados franceses en la batalla de San Quintín. Los soldados portan banderas de diversos colores -amarillas, granates y roja- todas ellas con la cruz blanca como divisa. (Fresco de Nicola Granello y Fabrizio Castello, Sala de las batallas, Monasterio del Escorial) 


Asimismo es común ver representadas, en pinturas y grabados de los siglos XVI y XVII, banderas y estandartes con las armas reales de Francia (tres flores de lis). La enseña real, con las flores de lis en campo azul, fue usada por los monarcas franceses al menos desde el siglo XII.

Izquierda: Detalle de una miniatura del siglo XV que muestra al ejército francés sitiando Harfleur, durante la campaña de Normandía (1449-1450), en el transcurso de la Guerra de los Cien Años. Los franceses portan la bandera real, con las flores de lis, y una bandera con la cruz blanca en campo azul. (Chroniques, de Enguerrand de Monstrelet) 
Derecha: Detalle de una miniatura del siglo XV que representa al ejército francés en la batalla de Azincourt (1415), en la Guerra de los Cien Años. La enseña real, con las flores de lis, yace tendida en el suelo, al igual que varios soldados franceses que llevan la cruz blanca en sus vestidos. (Brut Chronicle)


Las lises doradas se convirtieron en un símbolo tan fuerte que se consideraba sinónimo de la propia Monarquía francesa. Así, Sandoval relata como durante el sitio de Logroño (1521) por el ejército franco-navarro, éstos "traían por nombre o apellido: «¡Viva el rey, e la flor de lis de Francia y la Comunidad de Castilla!»" Y el soldado portugués Francisco Manuel de Melo, cronista de la Guerra de Cataluña, refiriéndose a la entrada del ejército francés en Guipúzcoa (1638), dice: "viendo España entonces las lices [lises] de sangre, que ya la antigua paz y deudo habían vuelto de oro".

Detalle que muestra soldados franceses combatiendo a los españoles, en el frente pirenaico o el italiano. La bandera lleva varias flores de lis doradas sobre campo azul. En primera línea combate un "rodelero", armado con espada y escudo. (Pintura de Cornelis de Wael)


Ya en el siglo XVII parece que tanto españoles y franceses dejaron de usar cruces en los vestidos de los soldados, relegando a símbolos de identificación los acordados por los soldados el mismo día de la batalla. Si bien los oficiales españoles usaron bandas y plumas de color rojo, los oficiales franceses usaron bandas, fajas y plumas de color blanco. Así, en la batalla de Rocroi (1643) el general francés duque de Enghien llevaba un sombrero "guarnecido de grandes plumas blancas", y vestía "la espada en la mano, con sola una hungarina [especie de chaquetón] roja y su banda blanca,". También los franceses acordaron un "santo y seña" para el día de la batalla: "la voz que también tenían para juntarse era la de Enguien."

Detalle de una pintura de la batalla de Rocroi. En él se muestra una compañía de coraceros franceses, todos con bandas de color blanco, penachos de plumas blancas y rojas, y estandarte de color blanco. (Pintura de Justus van Egmont)


No cabe duda que estos símbolos de identificación usados por el ejército francés en la batalla de Rocroi (o Rocroy) son los mismos que utilizaron en la batalla de Thionville (o Diedenhofen, en alemán). Así viene representado en una serie de cuadros que encargó Octavio Piccolomini -el general imperial de origen italiano, vencedor de la jornada-. El pintor flamenco Pieter Snayers fue el encargado de realizar las pinturas, las cuales se realizaron durante la década de 1640. En las pinturas Snayers reproduce las banderas y estandartes franceses con las cruces blancas o con las flores de lis.


También la caballería viene representada con fajas y plumas de color blanco, al igual que los oficiales.



Igualmente, a partir de 1610 se entrega una bandera blanca coronela a los regimientos permanentes del ejército francés. Es decir "l'enseigne blanche" será portada por los 4 regimientos llamados "viejos" o "vieux", los más antiguos y considerados de élite: Picardía ("Picardie"), Piamonte ("Piémont"), Champaña ("Champagne") y Navarra ("Navarre"). El privilegio de portar el "drapeau blanc" también lo tenían los regimientos de élite de las Guardias Francesas ("Gardes françaises") y las Guardias Suizas ("Gardes suisses"). Posteriormente este privilegio también se extenderá al regimiento de Normandía ("Normandie") y a los llamados "petits vieux": los regimientos de Rambures, de Sault, de Vaubécourt, de Chappes y de "Auvergne".
En 1635, al intervenir directamente Francia en la Guerra de los treinta años, 19 regimientos tenían la bandera blanca coronela del Rey; y en 1636, 22 regimientos la tenían, de un total de más de 100 regimientos franceses levantados para ese año. 

 Izquierda: Detalle de un soldado abanderado francés portando una enorme enseña blanca, durante el combate por el Paso de Susa (1629). (Pintura de Claude de Lorena)
Derecha: Detalle de un combate entre soldados franceses y españoles en el teatro de operaciones Pirenaico o de la Península itálica. Un alférez, o su abanderado, porta una bandera militar blanca. (Cornelis de Wael)


La bandera del regimiento de Bussy-Rabutin es conocida. El propio Bussy-Rabutin, quien tomó parte en la batalla de Thionville (o Diedenhofen), relata como durante la confusión del combate pudo recuperar su bandera:

"Je rencontrai dans le champ de bataille un jeune Gentilhomme de mes parens, nommé le Lonzat Fradel, Enseigne de mon Régiment, avec son drapeau: je le lui pris, & je le sauvai."


Por último, las banderas de ordenanza del siglo XVIII pertenecientes a los regimientos sucesores de Grancey y Plessis-Praslin, que estuvieron presentes en la batalla de Thionville, se atribuye ser las mismas en forma y diseño a las que portaron a lo largo del siglo XVII y en especial durante la guerra de los treinta años. 



Bandera blanca coronela perteneciente a un regimiento de infantería francés




Bandera ordinaria de infantería francesa atribuida al regimiento de Picardía




Bandera ordinaria de infantería francesa perteneciente al regimiento de Navarra: Diseño especulativo.




Bandera ordinaria de infantería francesa atribuida al regimiento de Rambures




Bandera de infantería francesa atribuida al regimiento del Marqués de Canisy




Bandera de infantería francesa atribuida al regimiento de Bussy-Rabutin




Bandera de infantería francesa, posiblemente una bandera blanca coronela o de las Guardias Francesas, presente en la pintura El paso de Susa forzado por Luis XIII (Claude de Lorena)




Bandera de infantería francesa, presente en los cuadros El sitio de Ayre-sur-la-Lys y en la serie La batalla de Thionville (Pieter Snayers)




Bandera de infantería francesa posiblemente perteneciente al regimiento del Conde de Grancey




Bandera de infantería francesa posiblemente perteneciente al regimiento de Plessis-Praslin




Estandarte de caballería francesa, serie La batalla de Thionville (Pieter Snayers)




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NOTA1: En el siglo XVII, cada regimiento francés tenía una bandera blanca coronela, y una bandera de ordenanza -cruz blanca y colores diversos en los 4 cuarteles en que se divide- por cada compañía que tuviera el regimiento, y cuyo número fue variando a lo largo de los años posteriores.

NOTA2: A los regimientos franceses de élite Picardía ("Picardie") y Rambures les hemos visto combatiendo 4 años más tarde en la batalla de Rocroi (1643), ocupando una de las posiciones más expuestas de la vanguardia, protegiendo las alas de la primera línea de infantería. En la misma batalla combatirá también un regimiento llamado Bussy, en el flanco de la segunda línea de infantería, aunque debe tratarse del regimiento de Bussy-Lameth.

NOTA3: El regimiento de Picardía estaba al mando del marqués Pierre de Breauté, quien era sobrino del Pierre de Breauté que vimos morir combatiendo, al servicio de las Provincias Unidas, en el llamado "Desafío de Breauté", 39 años antes de la batalla de Thionville. Y era primo a su vez del otro Pierre de Breauté, que murió combatiendo en el sitio de Breda en 1624, también al servicio de las Provincias Unidas, tratando de vengar el honor de su padre, en un nuevo desafío con soldados flamencos del Ejército de Flandes. Herman Hugo, capellán militar de Espínola y cronista del asedio de Breda, relata este nuevo desafío, ocurrido 24 años después del primero:

"Un trompeta Francés, (...) enviaron al Conde Juan de Nassau; le provocó en nombre de la Nobleza Francesa, para que (...) probase con ellos la mano. Prometió el Conde de hallarse el día siguiente a la hora que señaló, con tres compañeros, y sin otras armas que la espada y dos pistolas: (...) se puso [el Conde Juan de Nassau] a vista de los cuarteles del enemigo acompañado de otros tres, que eran el Capitán Steenhuyse[n] y los dos Tenientes de las compañías de caballos de Grobbendonck el mozo [Lancelot Schetz], y de Botberghe. Salieron del campo contrario cuatro caballeros, quedando otros diez y seis algo más apartados, y viéndolo otros trescientos desde la última trinchera; que entre ellos dicen que estuvo el Príncipe Mauricio [de Orange-Nassau]. Uno de los cuatro era Breauté el mozo, hijo del que fue muerto en otro desafío que envió al padre del mozo Grobbendonck; cuyo Teniente Lackerbettien [Lekkerbeetje] murió en el mismo rencuentro: criáronle [a Breauté] para vengar la muerte del padre: y para combatirse con el hijo del matador, (...)"

Lancelot Schetz, hijo del barón de Grobbendonck, por patente de abril de 1621 mandaba una compañía suelta de caballería. De la parte hispana resultó herido el capitán Steenhuysen, y el conde Juan de Nassau recibió un pistoletazo sin consecuencias. De parte de los mercenarios franceses, Breauté murió y otros 2 de ellos resultaron heridos. La desgracia de esta familia no acaba aquí, el marqués de Breauté perderá la vida al año siguiente a la batalla de Thionville, combatiendo en las operaciones de asedio de Arras (1640).

domingo, 30 de diciembre de 2018

ORBAT de la batalla de Rocroi (1643)


El número de líneas desplegadas por el ejército español en la batalla de Rocroi (o Rocroy) a día de hoy sigue siendo confuso. Adoptándose generalmente de 2 a 4 líneas, según los relatos y los grabados de la batalla. En la obra contemporánea "Theatrum Europaeum", editada por el maestro grabador Mattäus Merian, se encuentra un grabado que, bajo el nombre en latín "ORDO ET PRAELIUM APUD ROCROY", nos muestra el Orden de la batalla de Rocroi. El Ejército de Flandes despliega en 2 líneas, mientras que el Ejército francés despliega en 3. Baterías de artillería delante de las formaciones y la caballería protegiendo las alas de la formación, estando la caballería francesa intercalada con pequeñas agrupaciones de infantería de mosqueteros.

De la descripción del despliegue hispánico realizada por Juan Antonio Vincart (o Vincaert), secretario de los avisos de guerra, se puede interpretar tanto que lo hace con 4 líneas, como que despliega en 2 (siendo vanguardia y centro, la primera línea; y retaguardia y reserva, la segunda). Vincart nos dice:

 "Con esto, dispuso el Maestre de campo general, conde de Fontana [Fontaine] la batalla, en cinco batallones de españoles a la vanguardia con dos piezas de artillería entre cada batallón, otros tres batallones, uno de italianos y uno de borgoñeses a la batalla [centro], cinco de valones a la retaguardia y cinco de alemanes para la reserva, y la caballería a la derecha y a la izquierda de los dichos batallones de infantería, (...)"

En cuanto al despliegue francés, el secretario Vincart señala como su caballería venía mezclada con escuadrones de infantería. También de la descripción de Vincart se desprende que los franceses desplegaron en 3 líneas:

"(...) dispusiéronla en forma que entre cada batallón de infantería había un escuadrón de caballería, de modo que la caballería venía mezclada con la infantería, (...) teniendo dispuesto a la vanguardia cuatro batallones de infantería y cinco escuadrones de caballería; a la batalla siete batallones de infantería y nueve escuadrones de caballería; a la retaguardia cuatro batallones de infantería y cinco de caballería con una reserva de 6.000 hombres, caballería e infantería, y detrás de todo un grueso de 500 caballos, para si algunos se retiraban o huían embestir con ellos y matarlos o ahorcarlos, o incorporarse con este grueso, de modo que la batalla o segunda hilera estaba más gruesa y más fuerte de batallones y escuadrones de infantería y caballería que la vanguardia, y la reserva más gruesa y más fuerte que todo."


Al igual que el Ejército hispánico de Flandes, el Ejército galo contaba con varias unidades mercenarias extranjeras. A lo largo del siglo XVII, al menos un 20% del ejército francés lo constituían unidades mercenarias suizas, alemanas y de otras nacionalidades. El propio cardenal Richelieu declaraba: "es casi imposible emprender con éxito guerras importantes sólo con tropas francesas (...)". En 1635, el año en que Francia entra de lleno en la guerra de los treinta años, Bernardo de Sajonia-Weimar -que había estado al servicio de Suecia (1630-1635)- se pasó al servicio de Francia con todo su ejército compuesto de mercenarios alemanes, los llamados "weimarianos", "bernardinos" o "brigada alemana". Se calcula que entre 1635 y 1664 cerca de 25.000 irlandeses se alistaron al servicio de Francia.
Así, varios de los regimientos galos que combatieron en Rocroi estaban formados por mercenarios suizos al servicio de Francia (Molondin, Von Roll y Watteville). También se encontraba el regimiento de élite de las Guardias Escocesas ("Gardes écossaises"). Y la caballería francesa presente en Rocroi incluyó algunas unidades mercenarias alemanas y croatas.

También, entre los regimientos nacionales franceses, se encontraban dos de los regimientos "viejos" o "vieux", los cuales eran los regimientos más antiguos del ejército francés y por tanto tenían la consideración de tropas de élite. Los 2 regimientos "viejos" franceses que combatieron en Rocroi fueron el de Piamonte ("Piémont") y el de Picardía ("Picardie").


El grabado de Merian es preciso con el ejército francés, numerando cada regimiento galo y nombrándolo en la leyenda del grabado. Sin embargo, para el Ejército hispano de Flandes no es tan detallista, tan sólo nombra la pertenencia nacional de cada agrupación de batallones de infantería: los tercios españoles, italianos y borgoñones -"Italiener", "Hispanier" y "Búrgúnder"-, junto con los valones y mercenerios alemanes -"Deutsch Infanterie" y "Wallonen"- los cuales están en segunda fila. Con la caballería hispánica pasa lo mismo y tan sólo nombra su pertenecia: la caballería de Alsacia ("Alsacische Reúter") y la caballería de Flandes ("Flandrische Reúter").

Además aunque en el grabado de Merian se sitúe a la infanería italiana en el ala derecha de la vanguardia o primera línea, algunos autores sitúan en esta posición a los escuadrones españoles, ya que el "cuerno derecho" -o ala derecha de la vanguardia- estaba siempre reservado a la infantería española.
La crónica de Galeazzo Gualdo Priorato, soldado italiano que combatió en la guerra de los treinta años, menciona el enfado de los italianos por la precedencia de los españoles en ambas alas de la vanguardia, quizá subsanado en el último momento. Pero el grabado de Merian fue publicado en 1647, apenas 4 años después de la batalla. No cabe duda que tanto Gualdo Priorato como Merian tuvieron acceso a información de primer orden. Sin embargo, a diferencia del despliegue francés, a día de hoy sigue sin conocerse el posicionamiento exacto del despliegue de las unidades hispánicas.  

Como curiosidad, el grabado muestra al conde de Fontaine, segundo de Francisco de Melo, siendo transportado en la silla de manos, a causa de la gota que padecía, desde donde dirigió la batalla, que fue escenario de su muerte.




EJERCITO HISPANICO

General: Francisco de Melo, Marqués de Tordelaguna

Efectivos: (Más de 20.000 soldados, perteneciendo unos 5.000 de ellos a la caballería)


Derecha: Caballería de Alsacia (Isenburgo)



Centro: Infantería (Fontaine)



Izquierda: Caballería de Flandes (Alburquerque)




EJERCITO FRANCES

General: Luis II de Borbón, Duque de Enghien

Efectivos: (Unos 22.000 soldados, siendo cerca de 6.000 de ellos jinetes)


Izquierda: Caballería y pequeños escuadrones de infantería (La Ferté y L'Hôpital)



Centro: Infantería (Espenan)



Derecha: Caballería y pequeños escuadrones de infantería (Gassion) 



Reserva: Infantería y caballería (Sirot)



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NOTA1: Al conde de Fontaine le hemos visto anteriormente en el sitio de Bergen-op-Zoom (1622); y en la campaña de 1633, siempre al mando de un tercio valón. Después le hemos visto promocionar a los más altos puestos del Ejército de Flandes: Capitán General de la artillería de Flandes (1638-1639); Gobernador de las Armas (1640-1641); y Maestre de Campo General (1642-1643), cargo que ejerció hasta su muerte en la batalla de Rocroi.

Lorenés de origen, entró al servicio del archiduque Alberto de Austria en el Ejército de Flandes, como capitán de infantería en el sitio de Amiens (1597); sirviendo después como capitán de una compañía de caballería ligera (1604). En 1616 fue nombrado maestre de campo de un tercio de infantería valona, que anteriormente había pertenecido al duque de Aerschot, príncipe y conde de Aremberg. Compartió el mando del tercio con el cargo de superintendente de la "gendarmerie" del condado de Flandes. Colaboró posteriormente en las acciones auxiliares para el cerco de Breda (1624-25). En 1627 se le otorgó el título de Conde.

lunes, 10 de diciembre de 2018

El Ejército hispánico de Flandes en la batalla de Rocroi


La guerra contra Francia -iniciada en el año 1635, como vimos en la entrada anterior- continuó con suerte desigual en los distintos frentes de operaciones: el flamenco, el italiano y el peninsular. Mientras que en el frente de los Países Bajos, o flamenco, España tenía que combatir a franceses y neerlandeses, Francia intervenía en Alemania en apoyo de los suecos, teniendo que combatir a imperiales y españoles. 
España y Francia realizaron un enorme sobreesfuerzo en lo económico como en lo militar, con el fin de rendir al contrario. La presión fiscal y el aumento de las reclutas produjo levantamientos nobiliarios y campesinos en Francia, y los levantamientos de Cataluña, Portugal y Nápoles en España, en todos los cuales se tuvieron que emplear tropas reales para intentar sofocarlos. (Ver NOTA1 de La batalla de Edgehill).

El frente de los Países Bajos continuó con la enorme dificultad para España de combatir a los holandeses por el norte y a los franceses por el sur. Durante la campaña de 1637, un ejército francés, al mando del Cardenal de la Valette, inicia una ofensiva en el sur de Flandes, tomando varias plazas: Cateau-Cambrésis (junio); Landrecies (julio); Maubeuge (agosto); y La Capelle (o La Chapelle, septiembre). Pero una contraofensiva del Cardenal-Infante don Fernando de Austria, gobernador de los Países Bajos españoles, obliga a los franceses a evacuar Maubeuge.
Mientras el Ejército francés de Champaña (Champagne), al mando del mariscal de Châtillon, invadió Luxemburgo, pero tan sólo pudo hacerse con la plaza de Damvillers. Ya que la plaza de Yvoi, capturada por Châtillon al comienzo de la campaña, es recapturada por sorpresa por un contingente hispánico.
Ahora era Francia la que se vengaba de la invasión del año pasado, saqueando y quemando la campiña del sur de Flandes. En carta de C. Pérez al padre Pereyra, de la Compañía de Jesús, se indica:

 "De Flandes avisan lo siguiente: El cardenal de la Valette había entrado en el país de Cambresí [Cambrésis], taló y quemó la campaña seis leguas, arrasó el castillo de Cambresí que no era fuerte (...)"

En la campaña de 1638, el Ejército francés de Picardía, al mando de los mariscales de Châtillon y de Brézé, entró en los Países Bajos y puso sitio a la plaza de Saint-Omer, pero tuvieron que levantar el asedio al ser derrotados por el ejército de socorro hispano-imperial, al mando del Príncipe Tomás de Saboya y de Octavio Piccolomini. 
Pero después los franceses tomaron la pequeña plaza de Renty, y reconquistaron Chatelet, tras casi un mes de asedio, tomándola al asalto, "y degollaron casi todos los españoles y valones que había dentro;" según relata el alférez Lorenzo de Cevallos. 
Y en Alsacia, los mercenarios alemanes al servicio de Francia, al mando de Bernardo de Sajonia-Weimar, toman la ciudad de Breisach, cortando las comunicaciones terrestres de España con los Países Bajos.

Durante la campaña de 1639, un ejército francés, al mando del marqués de La Meilleraye, asedia la plaza de Hesdin, en los Países Bajos. La rendición de la plaza, en junio, le supone a La Meilleraye el nombramiento de "Mariscal de Francia" por el propio rey Luis XIII.
Otro ejército francés, al mando del marqués de Feuquières, opera en el Luxemburgo, poniendo sitio a la plaza fuerte de Thionville (o Diedenhofen, en alemán). Sin embargo, un ejército de socorro hispano-imperial, al mando de Octavio Piccolomini, derrota totalmente a los franceses. Después de la batalla de Thionville, Piccolomini se entretuvo en intentar tomar infructuosamente Mouzon y Mézières.

Estebanillo González, quien en ese tiempo ejercía como sirviente de Piccolomini, presenció la batalla de Thionville, la cual describe en su obra picaresca:

 "Quiso mi ventura que me hallé con mi amo [Piccolomini] al tiempo que, hecho otro segundo dios de las batallas, la venía a dar a el ejército de Francia que nos tenía sitiada y oprimida la dicha villa [Thionville]. (...)
 Yo, estimando la merced (...) me subí en una montaña a dos leguas de ambos campos, a tiempo que cerrando [atacando] mi amo con el del enemigo, obrando prodigios de valor y portentos de bizarría, lo deshizo, venció y arruinó, quedando la villa libre y la campaña por suya, hecha toda ella un cimenterio de finados. (...)
 Salí a recorrer la campaña (...) halléla toda cubierta de cadáveres sangrientos que movían a piedad aun a los mismos homicidas. Vi una multitud de prisioneros, adonde, demás de estar en ellos la mayor parte de la nobleza de Francia, estaban sus más valientes y animosos soldados. Enseñáronme la gran copia de vencidas banderas, mostráronme la gran suma de sus rendidos estandartes, la grandeza de su artillería [capturada] y la riqueza de sus despojos.
 A este tiempo mandó mi amo retirar las piezas [de artillería] y municiones a la villa (...) y llevar todos los prisioneros a Bruselas."

El año 1640 fue aciago para la Corona española, en junio se subleva Cataluña, y Portugal seguirá sus pasos en diciembre. Las rutas para enviar refuerzos a los Países Bajos estaban cortadas tras la derrota naval de las Dunas (1639). En junio, dos ejércitos franceses, al mando de los mariscales de La Meilleraye, de Châtillon y de Chaulnes, continuaron la ofensiva a los Países Bajos españoles, poniendo sitio a la ciudad de Arras, la cual capitula en agosto.

En 1641, el descontento de algunos nobles franceses, el duque de Bouillon y el conde de Soissons -al que vimos luchando en el Somme (1636)-, con la política de Richelieu, propició una rebelión en el Sedán, que fue rápidamente apoyada desde Bruselas. Los nobles franceses descontentos formaron un ejército rebelde que, coaligado con un contingente hispano-imperial, a cargo del general imperial Lamboy, derrotaron al Ejército francés de Champaña del mariscal de Châtillon en La Marfée, cerca de Sedán. Pero el conde de Soissons murió en la batalla, en oscuras circunstancias, perdiéndose el impulso de la rebelión, la cual se finiquitó.
El Ejército francés de Picardía, al mando del mariscal de La Meilleraye, tomó la plaza fuerte de Aire en julio. Sin embargo, un ejército hispano-imperial, al mando del Cardenal-Infante, de Lamboy y del duque de Lorena, consiguieron conquistar Lillers, expulsar a La Meilleraye en agosto, y sitiar la plaza de Aire, la cual volvió a manos españolas en diciembre, tras un duro asedio de 3 meses. 
Tras la derrota de La Marfée, los restos del Ejército de Champaña quedó a cargo del mariscal de Brézé, quien sustituía al depuesto Châtillon. Así, en septiembre, el Ejército de Picardía de La Meilleraye se unió al de Champaña de Brézé, y juntos asediaron y tomaron Lens, La Bassée y Bapaume.

En la campaña de 1642, el portugués Francisco de Melo, el nuevo gobernador de los Países Bajos, reconquistó Lens (abril), tras un breve asedio; y La Bassée (mayo), tras un asedio de más de 2 semanas de duros combates; derrotando posteriormente al Ejército francés de Champaña, al mando del mariscal de Guiche, en la abadía de Honnecourt. 

Para la campaña de 1643, Francisco de Melo penetró de nuevo en Francia, prácticamente con el mismo ejército con el que venció en Honnecourt el año pasado. Rápidamente puso sitio a la plaza de Rocroi (o Rocroy), realizando varios asaltos a las obras exteriores.
Así, el duque de Enghien, a cargo del Ejército francés de Picardía, se unió al Ejército francés de Champaña, al mando del conde de Espenan. Juntos se dirigieron a levantar el asedio a Rocroi: en la batalla que siguió, el Ejército hispánico de Flandes, al mando de Melo, unido al cuerpo del Ejército de Alsacia, al mando del conde de Isenburg, resultó derrotado. La batalla fue muy dura, en una maniobra envolvente, los franceses derrotaron a las unidades de las "naciones" -es decir, italianas, valonas y alemanas- deshaciéndolas u obligándolas a retirarse del campo de batalla. Las unidades españolas acogieron a supervivientes de "las naciones", con los que soportaron varias cargas de los franceses. Finalmente, el duque de Enghien, ante la proximidad de un cuerpo del Ejército de Flandes, al mando del barón de Beck, negocia con los españoles la rendición, la cual se pactó como si se tratase de una plaza sitiada. 
Después de levantar el sitio a Rocroi, el duque de Enghien, al mando de los Ejércitos de Picardía, Champaña y Borgoña, puso sitio a Thionville, la cual rindió en agosto, tras un duro asedio de 2 meses; y capturó la plaza lorenesa de Sierck, siendo ambas plazas fronterizas de Luxemburgo.

Sin embargo en Alemania, en noviembre, un ejército imperial, al mando de Melchior von Hatzfeld, junto con los contingentes bávaros de Franz von Mercy y Jean de Werth, del duque de Lorena, y un pequeño contingente hispánico que había combatido en Rocroi -al mando del vallisoletano Juan de Vivero Menchaca, Teniente-general de la caballería de Flandes- atacaron por sorpresa el campamento francés y el de los mercenarios alemanes al servicio de Francia (los "weimarianos"), situado en Tuttlingen, al mando de Josias Rantzau. El ejército franco-weimariano quedó destruido, y su general Rantzau fue hecho prisionero.


Izquierda: Detalle de un grabado de la batalla de Rocroi (1643), en él se aprecia la pequeña ciudad, de la cual salen varias columnas de humo, producto del bombardeo de los cañones hispanos. (Grabado atribuido a Salomon Savery)
Derecha: Vista por satélite de la actual Rocroi. La pequeña población mantiene la misma fisonomía que tenía la plaza fortificada en el siglo XVII. (Fuente: Google Maps)


En la obra "Museo Militar" (1887), del historiador y militar decimonónico Francisco Barado, se encuentra la composición del Ejército hispánico de Flandes que combatió en la batalla de Rocroi. También se refleja el Orden de Batalla que dispuso el Ejército de Flandes en la jornada: La infantería dividida en varias líneas, siendo la vanguardia formada por los tercios españoles y las unidades italianas; la 2ª línea, formada por las unidades valonas; y la retaguardia, por las unidades mercenarias alemanas. La caballería protegiendo las alas de la infantería, para impedir el flanqueo enemigo.










General: Francisco de Melo, Marqués de Tordelaguna

Segundo: Conde Paul-Bernard de Fontaine (muerto en combate)

Efectivos: (Más de 20.000 soldados, perteneciendo unos 5.000 de ellos a la caballería)


   Tercio español de Jorge Castellví (capturado en combate)
   Tercio español de Fernando de Quesada y Mendoza, Conde de Garcíez (capturado en combate)
   Tercio español de Alburquerque, al mando del Sargento-mayor Juan Pérez de Peralta (capturado en combate)
   Tercio español de Bernardino de Ayala, Conde de Villalba (muerto en combate)
   Tercio español de Antonio de Velandía (muerto en combate)

   Tercio valón de Henri de Brias (o Bryas), Barón de Granges
   Tercio valón de Ambroise de Hornes, Conde de Bassignies
   Tercio valón de Albert François de Croy, Conde de Meghem (herido en combate)
   Tercio valón de Jean-Conrard d'Aubremont, Barón de Ribaucourt
   Tercio valón de Claude Lamoral, Príncipe de Ligne

   Tercio borgoñón de Jacques-Nicolás de la Baume, Conde de Saint-Amour
  
   Tercio italiano de Alfonso Strozzi
   Tercio italiano de Luigi Visconti
   Tercio italiano de Giovanni degli Ponti

   Regimiento alemán de Giulio Antonio Frangipani
   Regimiento alemán de Jacques Rennier de Rouveroy
   Regimiento alemán de Ottavio Guasco
   Regimiento alemán de Charles de Gavre, Barón d'Hembise
   Regimiento alemán del Barón Johann von Rittberg (herido de gravedad y capturado en combate)

  
Caballería de Flandes al mando de Francisco Fernández de la Cueva, Duque de Alburquerque

Caballería de Alsacia al mando del Conde Ernesto de Isenburg (herido de gravedad, capturado y recapturado en combate)


Grabado de la batalla de Rocroi. Los franceses en primer término rompen los escuadrones hispánicos, los cuales son representados deshaciéndose y a la desbandada. Rocroi se encuentra arriba a la izquierda, rodeada por los cuarteles de Melo, Fontaine, Alburquerque e Isenburgo. También se muestran las cuatro líneas atrincheradas de asedio -o "aproches"- dirigidas contra Rocroi: la de los españoles, los italianos, los alemanes y la de los valones. (Sébastien de Pontault, señor de Beaulieu)  


_______________________________
NOTA1: De acuerdo al testimonio de Henri Le Bret, el famoso Cyrano de Bergerac se alistó en 1639 en una compañía de las Guardias Francesas ("Gardes françaises"), siendo herido de un mosquetazo en la defensa de Mouzon (1639), y de un espadazo en la garganta en el sitio de Arras (1640). Cyrano abandona el servicio militar en 1641.

NOTA2: No confundir a Francisco de Melo, gobernador de los Países Bajos, diplomático y anterior virrey de Sicilia, con el también portugués Francisco Manuel de Melo, soldado y cronista de la Guerra de Cataluña, de quien hemos leído en este blog varias citas.

NOTA3: Si que hubo un conde Montecuccoli en la batalla de Rocroi, pero se trata de un capitán de caballería. En cuanto a Frangipani, éste sirvió indistintamente a España y al Sacro Imperio Germánico.

Al conde Ernesto de Isenburgo (Ernst von Isenburg) le hemos visto anteriormente en los sitios de Bergen-op-Zoom (1622) y Breda (1624-1625); y en la campaña de 1633, donde mandó sendos regimientos de infantería alemana. También era propietario de un regimiento de caballería alemana, que hemos visto tomar parte en la campaña de invasión de Francia de 1636. Posteriormente estaría al cargo del Ejército hispánico de Alsacia. En la batalla de Rocroi el conde de Isenburgo fue gravemente herido, recibiendo 3 heridas, que a decir de Vincart: "recibió dos golpes de espada en la cabeza que le abrieron el hueso hasta los sesos, con otro golpe que le cortó la nariz hasta la boca, no queriéndose aun rendir ni dar su espada hasta que con el grueso de una carabina le rompieron el brazo derecho, con que cayó en el suelo, y fué preso (...)"

Al regimiento alemán de Rouveroy le hemos visto citado 10 años antes en la campaña de 1633, y posteriormente en la de 1636, en el cuerpo de ejército que quedó en el frente de Brabante, vigilando los movimientos del ejército holandés. Lo mismo se puede decir del barón de Ribaucourt. El regimiento alemán de Octavio Guasco también le hemos visto sirviendo en el frente de Brabante, durante la campaña de 1636. Y al conde de Saint-Amour le hemos visto en la invasión de Francia de 1636. 

NOTA4: Aunque en las relaciones francesas de la batalla se da por muertos en combate a Luis Visconti y al barón d'Hembise, en las relaciones posteriores -como la relación de la campaña de 1644, realizada por Vincart- ambos aparecen participando en las operaciones al mando de sus respectivas unidades, por lo que nunca pudieron morir en combate. Algún oficial del tercio de Visconti debió de morir en la batalla, y éste ser confundido con él, o que fuera herido en el combate, y pensarse que murió en la batalla. Lo mismo se puede indicar para el barón d'Hembise.
De todos modos, en la relación de Vincart del año 1643, el maestre de campo italiano Luis Visconti figura en las operaciones inmediatas que se producen al término de la batalla. Y, en la "Gazeta de Francia" del año 1643, el barón d'Hembise aparece mencionado en las operaciones militares de agosto, al mando de Andrea Cantelmo.

domingo, 24 de junio de 2018

Banderas de los tercios españoles, hacia 1618-1640


A lo largo del siglo XVI, la Monarquía española realizó varios contratos con asentistas para proveer de vestidos a los soldados para una determinada campaña. Hacia finales del siglo XVI, el Gobierno de España se encargará de la provisión de ropa al Ejército de Flandes. Así, en 1594, se firmó el primer asiento para proporcionar vestidos completos al Ejército de Flandes.
Estos asentistas -sastres y empresarios locales- no sólo recibían el encargo para confeccionar y fabricar un determinado número de equipos de ropa para los soldados, sino que en ocasiones también se les encargaba la elaboración de las banderas.
Por ejemplo, en 1588, durante los preparativos para la campaña naval de invasión de Inglaterra, se conservan diversos pagos realizados para la confección en Lisboa del estandarte real de la Armada española.
Asimismo también se conservan los pagos para la elaboración en Lisboa de 113 flámulas y gallardetes para las distintas embarcaciones que componían la expedición.
Para la misma campaña, al galeón "San Martín" -buque insignia de la Armada hispánica- y a la nave "Santa Ana" -capitana de la Escuadra de Vizcaya- se les entregan 4 banderas de lienzo con las armas reales pintadas.
También al galeón "San Martín" se le proporcionó "84 banderas de lienzo de colores blanco, amarillo y colorado" de diferentes tamaños, presumiblemente para ser repartidas entre los demás navíos que componían la Armada.


En la obra "Geometría y traza perteneciente al oficio de sastres" (1618), de Francisco de la Rocha (François de la Roche, francés de origen y afincado en Valencia), donde se indica el modo de confeccionar los distintos vestidos de la época, se señala la confección de una "Bandera de guerra".

Señala como muchas de las banderas de infantería eran encargadas por los capitanes. El Rey otorgaba una cédula real al capitán para poder reclutar su compañía, y era éste el que ordenaba la confección de la bandera de la compañía:

 "Para cortar esta bandera de tafetán [tela de seda] para Infantería, es necesario saber la voluntad del largo y ancho que la quiere el Capitán, y allí determinará cuanta seda será menester."

También era el capitán el que ordenaba el diseño de ella:

"(...) si a caso fueren piezas [de tela] reportadas unas con otras; y si a caso fuere vaciada, y reportadas piezas unas encima de otras, según fuere, (...) porque a mí me ha sucedido hacer banderas que me ha entrado veinticuatro varas [antigua unidad de medida de España], (...) y en otras treinta y seis, y hasta cuarenta."

En la obra se muestra un grabado con las trazas para fabricar la bandera, y otro grabado mostrando una elaborada bandera de infantería española ya finalizada.



La bandera que muestra el grabado tiene un parecido a algunas de las banderas pintadas en las obras de Denis van Alsloot, que muestran los desfiles de la festividad del Ommegang de Bruselas en 1615, apenas 3 años antes a la realización del tratado de sastrería.


 
En la obra también llamada "Geometría y trazas pertenecientes al oficio de sastres" (1640), de Martín de Andújar, también se muestra como confeccionar una "Bandera de guerra".

En la obra se muestran 3 grabados de banderas de infantería española de diferentes dimensiones. Uno de los grabados muestra las trazas para fabricar una bandera de 3'5 varas de largo y de ancho.


Otro de los grabados muestra la anterior bandera de tafetán ya acabada.


Y el último de los grabados muestra una bandera ya fabricada "que tenga de largo cuatro varas y cuarta, y de ancho cuatro varas menos una sesma [una sexta parte], (...) y la Cruz [de San Andrés o de Borgoña] cinco varas, (...)".


Las banderas guardan parecido con algunas de las capturadas en la batalla de Rocroi (o Rocroy), ocurrida apenas 3 años después a la realización de este tratado.
En un grabado francés contemporáneo, que muestra las banderas capturadas a los hispánicos en Rocroi y que son llevadas en procesión por las calles de París para ser depositadas en la catedral de Notre Dame, se muestran 3 banderas capturadas con un diseño muy similar a las mostradas en la obra de Andújar.



Todas las banderas portan la cruz de San Andrés o "aspa" de Borgoña en su campo, símbolo identificativo del ejército español de la época. Además se puede decir que los diseños de las banderas, mostradas en las dos obras del oficio de la sastrería, son genéricos y representativos de las banderas de infantería española que campeaban por los campos de media Europa, y de parte del mundo, al menos entre 1615 y 1643.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Uniformes de la Guerra de los treinta años: Los Regimientos de "colores" de Gustavo Adolfo de Suecia


Durante la Guerra de los treinta años no existía una uniformidad en los ejércitos, tal y como hoy la entendemos. Apenas había diferencia, a primera vista, entre los soldados y los civiles; y lo único en que se distinguían era en las particularidades propias del armamento que debían portar los primeros:

  • En la infantería, los piqueros portaban pica, casco y "media armadura"; en el transcurso de la guerra la armadura que llevaban se simplificaría a la coraza y el casco. Si bien, muchos de los piqueros de la formación sólo tendrían un mero casco como protección, o sólo la "media armadura" y un sombrero, o directamente ninguna protección. Los mosqueteros portaban mosquete, horquilla para sujetarlo, bandolera para llevar los frascos con la pólvora y sombrero. En la medida de lo posible se dotaba a piqueros y mosqueteros de espada y daga.

Izquierda: Piquero y mosquetero, comienzos del siglo XVII. (Sebastian Vrancx)  
Derecha: Piquero y mosquetero, hacia la mitad del siglo XVII. (Pieter Snayers)

  • En la caballería, los coraceros usaban "armadura 3/4", dos pistolas y espada; al igual que los piqueros, a lo largo de la guerra la armadura se irá simplificando, y, a finales del siglo XVII, los coraceros tan sólo tendrán coraza y casco. Los arcabuceros montados podrían llevar coraza, casco y arcabuz; pero es normal verlos representados, en las pinturas del siglo XVII, tan sólo con casco, o con coraza y sombrero. Los dragones, literalmente mosqueteros montados, armados con mosquete y espada, vestían y actuaban igual que la infantería. Característica propia de la caballería, en cuanto a su indumentaria, es que todos usaban botas altas de montar.

Izquierda: Piquero descansando y arcabucero a caballo. Derecha: Compañía de dragones. (Sebastian Vrancx)

  • Por lo general, los artilleros llevarían una indumentaria oscura o de color negro, debido a que la pólvora negra (usada hasta el siglo XIX) manchaba y dejaba bastantes residuos en la ropa. Las unidades mercenarias del este de Europa, infantería Haiduk polaca y caballería ligera croata, llevarían sus indumentarias nacionales.


Acabada la guerra de los 30 años, y a lo largo de la década de 1660, los diversos Estados europeos empezaron a mantener ejércitos permanentes en tiempo de paz. Los distintos regimientos que fueron creados (o los que ya existían), y que ahora servirían permanentemente al país, iban a ser convenientemente abastecidos y proveídos de todo lo necesario por el propio Estado y de una manera regular. Es a partir de este momento el que los uniformes nacionales y regimentales comienzan a aparecer, ya que el abastecimiento estatal se irá estandarizando, a lo largo de los años, para todo el ejército.
A finales del siglo XVII, se puede hablar, más o menos, de ejércitos nacionales europeos uniformados de una manera normalizada y reglada. Así, la infantería sueca del regimiento de Uplandia, que participó en la Guerra de Escania (1675-1679), estaba toda ella ataviada con prendas de color rojo. Sin embargo, en 1676, los soldados suecos del regimiento de Skaraborg portaban todos casacas amarillas. Y, hacia 1690, al comienzo de la Guerra de los 9 años (1688-1697), la mayoría de la infantería sueca estaba completamente uniformada con las casacas de color "azul", que será el color característico del ejército sueco hasta los finales del siglo XIX.

Combate entre un arcabucero montado y un coracero, en una representación pictórica de la Guerra de los treinta años o de la Guerra de Flandes. (Jan Martszen de Jonge)



EL UNIFORME EN LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

El Coronel del regimiento y los capitanes de las distintas compañías que lo componían eran los encargados del abastecimiento de la ropa, calzado y todo lo necesario para sus soldados, y, en la guerra de los treinta años, podían darse por complacidos en que el regimiento tuviera simplemente suministro de armas y comida.

Se abastecía como buenamente se podía, así un regimiento podía tener compañías uniformadas de un determinado color y otras compañías estarlo de otro (o simplemente no estarlo), dependiendo del proveedor y de la remesa recibida en un determinado momento. Además, al no haber una legislación específica en cuanto a la uniformidad, el soldado buscaba autoabastecerse durante la campaña: ya fuera comprando una determinada prenda en una ciudad en la que estuviera de paso o acantonado, o, ante la necesidad (que era mucha de las veces), saqueando los cadáveres del campo de batalla, robando a los campesinos y en las haciendas por las que pasaban.

Por lo tanto, habría que hablar de una uniformidad regimental (si es que la había) más que de una uniformidad nacional o de la totalidad del ejército. En líneas generales, los ejércitos protestantes tuvieron más propensión a tener unidades uniformadas dentro de sus ejércitos, que la que tuvo el ejército imperial. 
Sin embargo, todos los contendientes usaron, en algún momento de la guerra, algún tipo de uniformidad en sus ejércitos. Dependería del ejército y del año en particular. Incluso también dependería del momento concreto de una campaña anual, en la que el desgaste propio de ella -largas marchas y contramarchas, quizá algún combate y asedio, unido a situaciones adversas del clima- haría que un soldado perfectamente uniformado, al principio de la campaña, fuera su atuendo irreconocible en el transcurso de unos pocos meses.

Se puede decir que el primer período de tiempo de la guerra vio un mayor uso de uniformidad en los regimientos; mientras que, desde la mitad de la década de 1630, la duración de la guerra y el desgaste de los contrincantes hizo que fuera más difícil proveer a los ejércitos, convirtiéndose los regimientos en masas de soldados cansados y andrajosos que algunos cuadros de esa época representan.

A todo esto, se puede añadir que las peculiaridades propias de cada país, en cuanto al uso de determinadas prendas o el modo concreto de vestir, podían conferir una especie de "uniforme nacional", reconocible a primera vista por el contrincante. Así, Estebanillo González, en su obra posiblemente autobiográfica, cuenta la curiosa anécdota de un soldado de caballería de Flandes que conoció en Zaragoza y que, vistiendo atuendo a la "usanza francesa" en la batalla de Rocroi (1643), fue confundido con el enemigo:

"había sido su compañía desbaratada; y, yéndose él retirando para ampararse al calor de nuestra infantería, un teniente de nuestras tropas, pensando que era francés (por ir en tal traje, por ser hábito más desembarazado y libre que los demás para hacer el amor y montar a caballo), le había seguido y dado un pistoletazo y dos cuchilladas; (...)"

Tras pedir licencia en el ejército, al quedar inutilizado del brazo derecho, llegó a Madrid para solicitar alguna pensión o prebenda al Consejo de Guerra, el cual:

"por no haber sido las heridas dadas por el enemigo, en castigo de querer ser arrendajo de francés y vestirse de dominguillo, con porpuén [chaleco francés] estrecho y con greguescos [calzones anchos] con bragueta encintada, no le habían querido hacer merced, antes le habían roto todos los papeles de sus servicios y remitido el memorial al Parlamento de París para que le premiase, cuando no los servicios, por lo menos el afición de quererles imitar en el uso del vestir; (...)"


LOS SIMBOLOS DE IDENTIFICACION EN EL CAMPO DE BATALLA

Como hemos visto anteriormente, al no existir un uniforme propiamente dicho que fuera un factor distintivo de los ejércitos, y ya que, al no haber una normativa específica, cada soldado podía vestir como quería (o como podía), los ejércitos contendientes de la época moderna tenían que tener una manera de distinguirse durante la confusión que se generaba en el campo de batalla.
Para ello se utilizaban los símbolos de distinción clásicos utilizados desde la antiguedad, como pudieran ser las insignias portadas por las distintas unidades, emblemas o adornos distintivos de los soldados, y "consignas" adoptadas para la batalla por todo el ejército.   


1- BANDERAS Y ESTANDARTES

La bandera, en el caso de la infantería, y el estandarte, en el caso de la caballería, era el mayor factor de cohesión de la unidad en la batalla. Las banderas y estandartes eran únicos para cada regimiento y todos los soldados pertenecientes a la unidad se agrupaban en torno a ella. Es decir, la bandera y el estandarte representaba a cada regimiento y a cada soldado perteneciente al mismo.
Por otra parte, las banderas y los estandartes eran el primer referente visual para el soldado en la confusión y el caos de la batalla. El uso de la pólvora negra en las descargas de los mosquetes y cañones producía una enorme humareda, que, sumada a la polvareda levantada por las cargas de caballería, hacía que al poco de iniciarse el combate se generase una especie de "niebla" en el campo de batalla: El soldado no veía más que humo a su alrededor; y, al producirse una "melé" o desorganizarse su unidad, el soldado podría identificar con la vista las banderas y tenerlas como referente. En caso de quedarse descolgado, no tenía más que localizar su bandera para saber que toda su unidad se aglutinaba en torno a ella.
Así, con las banderas y estandartes, un general, coronel o soldado podría conocer en la confusión y la "niebla" de la batalla la posición de su unidad; la de unidades amigas y enemigas; el haberse perdido su unidad u otras (al desaperecer de su vista la bandera), o los movimientos y evolución de las mismas.
En la Edad Moderna, como en otras épocas, las banderas y estandartes adquieren también un valor simbólico de mucha estimación para el ejército. Las victorias se contaban por banderas y estandartes capturados al enemigo, ya que las banderas capturadas representaban las unidades enemigas que habían sido "rotas" y por lo cual servían para hacer una estimación de las bajas sufridas por el enemigo.  

Por lo general, era tradicional el uso de cruces en las banderas de las Monarquías Reales: el Sacro Imperio Germánico y sus aliados utilizaban la cruz de Borgoña o cruz de San Andrés; Francia e Inglaterra también emplearon cruces en sus banderas. En cuanto a Ducados y Principados protestantes no era extraño ver motivos heráldicos, leones, franjas horizontales con sus colores particulares etc.
A lo largo del siglo XVI, las banderas ("fanor") de Suecia por lo general utilizaron una cruz amarilla, adoptando el campo del fondo todas las variantes posibles en la época. La cruz amarilla fue adoptada, al menos en algún momento entre 1520 y 1523, con el advenimiento de la dinastía Vasa al trono sueco. En 1569, el rey Juan III de Suecia ordena que todas las banderas y estandartes portados por el ejército sueco deben llevar una cruz amarilla.
Sin embargo, esta tendencia parece cambiar durante el siglo XVII, adoptándose otras variantes: como banderas únicamente con franjas horizontales, incluso banderas con un "aspa" o cruz de San Andrés. Otros emblemas como leones o "las tres coronas" también debieron ser comunes en el ejército sueco, tanto en el siglo XVI, como en el XVII.

Durante la guerra de los 30 años, Galeazzo Gualdo Priorato, testigo de los hechos, al describir las banderas de infantería del ejército de Gustavo Adolfo de Suecia, menciona banderas de varios colores con diversos logos y motivos: una gran corona; el escudo del Rey; los "motos" o lemas "GARS" (Gustavus Adolphus Rex Sueciae), "GAKVS" (Gustav Adolf König Von Schweden), o "Gustavus Adolphus Rex Fidei Evangelicae Defensor"; también alude a una bandera con un Sol, nubes, y el lema "Sero sed Serio".

Coraceros suecos con los característicos cascos de tipo "langostera"; detalle de un grabado que retrata a Gustavo Adolfo en la que parece la batalla de Breitenfeld (1631). Los estandartes de los coraceros muestran "las tres coronas", emblema del escudo de Suecia. (Jacob van der Heyden)


En cuanto a los estandartes de caballería, si los imperiales usaban tanto motivos religiosos como el águila imperial, los suecos y los príncipes protestantes usaban motivos más paganos (la diosa Fortuna o la diosa Justicia), escudos heráldicos, leones etc. El icono del "brazo armado con espada" o "brazo armado de Dios" sería muy utilizado tanto por imperiales como por suecos y príncipes protestantes.
Además de estos emblemas, en la caballería sueca se repetían los iconos de las banderas de infantería (corona, escudo real, lema "GARS"...). Los colores de los estandartes en la caballería sueca se reportan prácticamente de todos los colores (blanco, verde, rojo, naranja...).


2- BANDAS, FAJAS Y PLUMAS

Al no existir ninguna uniformidad, el método de distinción más utilizado en los siglos XVI y XVII era el uso de una banda, que cruzaba el pecho desde el hombro al costado; el uso de una faja en la cintura  y el uso de plumas en los cascos o en los gorros. Todas ellas de un determinado color, que diferenciaría a un ejército del contrario, que usaría un color diferente.

Aunque en algunos cuadros y grabados de mitad del siglo XVI se puede ver a los soldados portando bandas, éstas quedaron relegadas a lo largo del siglo XVI a la oficialidad de más alta categoría. Lo mismo se puede decir de las fajas, que es muy común verla representada en toda la oficialidad de menor graduación.
Así, al adornarse los oficiales con bandas y fajas, éstos eran el primer referente visual en el campo de batalla, ya que se posicionaban en frente y alrededor de los enormes cuadros de infantería, guardando el orden y movimientos de los mismos, e identificando, por tanto, al cuadro de infantería frente al enemigo.

La casa Habsburgo de España, como la de Austria, tradicionalmente se identificaba con el color rojo. Durante la guerra de los 30 años, los suecos usaron más variedad de colores en las bandas y fajas; y, en el transcurso de la guerra, se fue estandarizando el color azul.
En la batalla de Breitenfeld (1631), Gualdo Priorato describe al general sueco Johann Banér portando una banda "azul claro"; al rey Gustavo Adolfo con una pluma verde en el sombrero; y al aliado Elector de Sajonia, con una banda negra. Esta amplia gama de colores en las bandas, fajas y plumas (amarillo, verde, azul...), con que los suecos aparecen representados en las pinturas de mitad del siglo XVII, se explica con que bastaba con no utilizar el rojo, color identificativo del enemigo y sus aliados (los ejércitos del Sacro Imperio Germánico y de España). Sin embargo, las representaciones pictóricas de los generales suecos, en el período final de la guerra de los treinta años, los muestran siempre con una banda azul.

Oficial de una compañía de infantería: un Sargento español o un Teniente o Sargento imperial. Porta una alabarda, arma propia de su rango, con un distintivo de color rojo, además de una faja del mismo color. (Sebastian Vrancx)


Relegadas las bandas, fajas y plumas a los oficiales, justo antes de una batalla se improvisaban símbolos a mayores para los soldados que los distinguiesen del contrincante: Así, se podría acordar que todos llevaran una rama o un manojo de una planta concreta en los sombreros y cascos; cintas o trozos de tela de un color determinado en los sombreros y cascos, o anudado al brazo o a la pierna; portar en la batalla alguna prenda de un color determinado o incluso un trozo de papel en la ropa o en los sombreros y cascos. También, si se tenía conocimiento que el enemigo iba a utilizar un determinado distintivo para la batalla, bastaría sencillamente con no llevarlo. Por ejemplo, durante las guerras guerras civiles británicas (1639-1651), para las batallas de Dunbar (1650) y Worcester (1651), el ejército de Oliver Cromwell adoptó simplemente el no llevar encima nada blanco, ya que el color blanco fue el distintivo de los escoceses y los parlamentarios cuando combatieron juntos anteriormente.

Oficiales españoles: El Capitán o un Maestre de campo, a caballo, lleva faja, cinta en el sombrero y pluma de color rojo; el Sargento lleva la alabarda, arma distintiva del rango. (Pieter Snayers)


A diferencia de la infantería, todos los soldados de caballería estaban identificados con fajas, cintas o plumas del color representativo de su ejército, ya que la caballería entraba en "melé" con la caballería contraria casi constantemente desde el comienzo mismo de la batalla, y combatía "cuerpo a cuerpo" con más frecuencia que la infantería.


3- "SANTO Y SEÑA"

Como el mismo nombre indica, sería adoptar, justo antes de la batalla, una contraseña o palabra que serviría para identificarse en la confusión del combate, así como al realizar una carga al contrario. También en la confusión generada al perseguir al enemigo en retirada del campo de batalla, en la cual los soldados se mezclaban y los soldados derrotados se deshacían de las cintas, plumas o ropas que los pudieran identificar. Por último, también se acordaría para un ataque nocturno a un campamento, reducto etc. o para defenderlo.

Se solían utilizar palabras de caracter religioso en el caso imperial, bávaro y el español. De ahi que nos ha llegado a día de hoy la expresión "Santo y Seña", que podría indicar un nombre religioso y otro nombre común: Por ejemplo "Por Dios y el Rey". Por otro lado, podría indicar un nombre religioso (o el que se acordase) y la señal acordada para el combate en los vestidos del soldado (plumas, cintas etc.).
Por úlitimo, aquí se encuadraría el famoso grito de carga realizado por los tercios españoles, que está recogido en los documentos: "Santiago y cierra España". Aunque al ser éste tan conocido, incluso entre los enemigos, bien pudiera ser que esta expresión quedara relegada a "grito de combate" y se acordara otra como identificación. 

Las confusiones en la batalla eran frecuentes, y, en último recurso, el "Santo y Seña" era la clave secreta conocida por cada uno de los contendientes. Además, esta contraseña era obligada, ya que la ambiguedad de las símbolos identificativos anteriores facilitaba todo tipo de engañizas y estratagemas que podía adoptar el enemigo: Por ejemplo, en 1624, un contingente holandés intentó tomar Amberes por sorpresa; para acercarse a la plaza figuraron ser un convoy de provisiones español, cambiando sus bandas naranjas por otras de color rojo y añadiendo cruces de Borgoña a los carromatos, pero en el último momento los centinelas abortaron la sorpresa.



UNIFORMES REGIMENTALES DE "COLORES" EN EL EJERCITO DE GUSTAVO ADOLFO DE SUECIA

Cuando Gustavo Adolfo de Suecia entra de pleno en la guerra de los treinta años, en 1630, su ejército de campaña estaba formado por unos 30.000 efectivos -reclutas suecos y finlandeses, y mercenarios británicos, bálticos, daneses y holandeses- a los que se unirían posteriormente mercenarios y auxiliares alemanes.
Entre las unidades de este ejército se encontraban los regimientos "amarillo", "azul", "rojo" y "verde". Estos regimientos se formaron antes de la guerra y tenían la consideración de tropas de élite, al igual que los regimientos de mercenarios escoceses al servicio del Rey sueco.

Tradicionalmente se considera a Gustavo Adolfo de Suecia el introductor de las unidades uniformadas dentro del ejército. Sin embargo, esta aseveración no queda del todo clara: Efectivamente, algunas de las unidades del ejército sueco de la guerra de los treinta años -durante la fase de intervención de Gustavo Adolfo (1630-1632), incluso llegando a 1634- son nombradas por "colores", pero no queda especificado si se trata precisamente de sus uniformes. El historiador Geoffrey Parker señala que la denominación de los regimientos suecos por "colores" es debido al color específico de las banderas que portaban, y no a sus uniformes.
Algunas de las banderas de los regimientos suecos son conocidas por el manuscrito de Möhner, el cual pintó las banderas que observó durante la ocupación sueca de Augsburgo; y, en su caso, parece corresponder la denominación del regimiento con el color de sus banderas.
De todos modos, parece que ya existían unidades denominadas por colores en otros ejércitos protestantes anteriores a Gustavo Adolfo: Así, en 1619, dos regimientos levantados por el Ducado de Brunswick-Wolfenbüttel estaban ataviados con prendas de color azul. Y en los ejércitos de Ernesto de Mansfeld y de Cristián IV de Dinamarca había algunos regimientos que eran denominados por "colores".

También pudiera referirse, además de las banderas, al color de los símbolos identificativos del regimiento, como las bandas, fajas y plumas de los oficiales. En una relación de la batalla de Lützen (1632), Diego Duque de Estrada, quien se halló presente en la misma al servicio del Sacro Imperio Germánico, describe el orden de batalla del ejército sueco, enumerando entre los distintos regimientos suecos a los regimientos "amarillo", "azul" y "verde":

"(...) en el cuerpo de los batallones cuatro grandes escuadrones: el primero de suecos, llamado el regimiento de la banda pagiza [amarilla]; el de la Guardia Real fue el segundo; el tercero de la banda azul, del coronel Venchel [Hans Georg aus dem Winckel], y el cuarto de la banda verde, del duque de Vaymar [Weimar]."

Con la siguiente descripción de Duque de Estrada del ejército sueco, se puede dilucidar que los distintos regimientos suecos estaban divididos por los colores de las bandas y plumas:

"(...) formando un teatro que después fue túmulo del Rey [Gustavo Adolfo], cuyas lucidísimas armas, bizarros caballos, trajes diversos, plumas de colores, bandas diferentes, formaban un amenísimo prado de diversas flores, tan agradable a la vista cuanto después infausto."

La consideración de tropas "escogidas" o de élite, para los regimientos de "colores", viene determinada en la relación de la batalla de Lützen de Duque de Estrada:

"(...) y embistiéndonos los de la banda amarilla y en su socorro la azul, desordenaron tres escuadrones de los nuestros; pero fueron del cuarto escuadrón nuestro hechas pedazos estas dos insignias famosas amarilla y azul, y queriendo el Rey vengar tanto a éstos cuanto a los del cuerno [ala] izquierdo desbaratados de nuestra caballería, (...)"

A tenor de lo dicho por Duque de Estrada, otras fuentes señalan que en los regimientos "amarillo" y "azul" causaron baja más del 50% de sus efectivos en la batalla de Lützen.


Por otro lado, por la crónica del italiano Galeazzo Gualdo Priorato (prototipo de mercenario, ya que luchó en ambos bandos durante la guerra de los treinta años), se puede entrever que los colores regimentales en el ejército sueco se debería no sólo a las banderas, o las bandas y plumas, sino al propio atuendo de los soldados. Así, al describir el orden del ejército sueco en la batalla de Breitenfeld (1631), Galeazzo señala de la vanguardia:

"I battaglioni della fanteria, che stavano nella vanguarda, erano guidati dal Banner [Johann Banér] Maresciallo di campo, di natione Suezzese, (...)
Era la maggior parte de' soldati vestiti di casacche azzurre, e gialle."

Tal como dice Galeazzo, en la vanguardia de Breitenfeld estuvieron los regimientos "amarillo" y "azul". En la batalla de Lützen, Galeazzo también menciona los colores de la indumentaria de los infantes suecos de la primera línea del centro, lugar donde estaba el regimiento "amarillo":

"(...) i battaglioni di ritegno erano disposti, parte di nere, e parte di gialle casacche adobbati,"

En cambio, al narrar el orden sueco en la batalla de Hessisch-Oldendorf (1633), Gualdo Priorato alude sólo los colores de las banderas al referirse a los regimientos, y no al color de sus uniformes:

"(...) quattro milla fanti in tre battaglioni divisi de' reggimenti di Luneburg, e di Chinipausem [Dodo von Knyphausen] sotto ventiotto bandiere azzure, e gialle, (...) d' altri quattro milla fanti divisi in tre battaglioni composti de' reggimenti de' Colonnelli Lanstels [¿James Lumsden?], Conte d' Erbesteim [Eberstein], e del Landgravio [Landgrave de Hesse-Kassel] soggetti a 36. bandiere Aranzate, e verdi, a' quali comandava il Duca di Luneburg (...)"


En las memorias de Robert Monro, que se alistó en un regimiento de mercenarios escoceses al servicio de Dinamarca y de Suecia, durante la Guerra de los treinta años, vienen nombrados los regimientos de "colores" del rey Gustavo Adolfo de Suecia. Cuando narra los momentos finales de la batalla de Breitenfeld, Monro menciona al regimiento "azul", el cual aperece como "Brigada":

"The enemy thus fled, our horsemen were pursuing hard, till it was darke, and the blew [blue, azul en inglés antiguo] Briggad, and the commanded musketiers were sent by his Majesty to helpe us, (...)"

Monro también describe la batalla de Lützen, citando a los regimientos "amarillo" y "azul", y confirma su buen comportamiento en la batalla y las fuertes bajas sufridas:

"After this, the other Swedens Briggad, or yellow Regiment of the Guard is come after, (...) or of the three squadrons, or Battailes of the enemies foote, being foure times stronger than they, which they manfully did beate, making them to give ground, till they were ruin'd, (...) at last, with the blew Regiments comming up to relieve them, driven backe, and almost so scattered, that they were ruined, (...)"


En la crónica de Diego de Aedo y Gallart de la batalla de Nördlingen (1634), en la que prácticamente gran parte del anterior ejército del difunto Gustavo Adolfo de Suecia quedó deshecho ante el ejército combinado de España y del Sacro Imperio Germánico, también aparecen mencionados los regimientos "amarillo", "azul" y "negro":

 "A esta misma sazón se arrojó el enemigo sobre los Napolitanos de Toralto con un grueso escuadrón de Caballos, a quien siguió otro de Infantería Escocesa, que era el nombrado Amarillo. (...)
 Acometía también en este mismo tiempo el enemigo con sus famosos y nombrados Regimientos azul y negro y mucha Caballería al puesto de Don Martin de Idiaques [Martín de Idiáquez], con gran tesón y obstinación; (...)"


A todo lo anterior, cabe decir que en un cuadro de Pieter Snayers, sobre la batalla de Kircholm (1605), vienen representados claramente en el ejército sueco varios regimientos de "colores". La pintura fue realizada hacia 1619-1630 como encargo del rey de Polonia, Segismundo III. 
Snayers, para pintar el cuadro, aun siendo de un hecho acontecido muchos años atrás, se basaría, como acostumbraba, además de las crónicas y documentación acerca de la batalla a pintar, en descripciones directas de los militares que estaban en los Países Bajos.
Tanto Bruselas como Amberes se llenaban de avisos y de noticias, dados por soldados y funcionarios venidos de Alemania, contando los sucesos acaecidos en esas tierras. Snayers tendría un acceso de primera mano a toda esa información. Habría conversado con militares veteranos de alguna campaña de la guerra de los 30 años o de las guerras del báltico, y le habrían relatado con todo lujo de detalles la apariencia de los soldados suecos y polacos, ya sea por testigos directos o por lo que hubieran oído contar en las tierras del Imperio Germánico.


Regimiento "rojo" sueco.


Regimiento "azul" sueco. El oficial al frente de la formación también lleva faja y penacho de color azul.


Un segundo regimiento "rojo" sueco. Los tenientes y sargentos lucen también la misma uniformidad que los mosqueteros.


La pintura muestra, en al menos tres de los regimientos de infantería sueca, una cierta uniformidad en los colores de los "capotillos" de los mosqueteros; y, en dos de los regimientos representados, parece coincidir el color de los "capotillos" con el de las banderas que portan. Las bandas, fajas, plumas y cintas de los oficiales suecos son de color amarillo y azul.

Como curiosidad, indicar que, en el cuadro de la batalla, Snayers muestra a la infantería Haiduk polaca toda ella uniformada con prendas de color azul oscuro, y a los húsares polacos ataviados con sus característicos atuendos nacionales.

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NOTA1: La Brigada era el equivalente sueco al escuadrón o batallón, es decir, era una agrupación provisional de varios regimientos para una determinada batalla o acción bélica. En algunas ocasiones, un único regimiento podía conformar una Brigada, siempre que el regimiento fuera lo sufientemente numeroso.
La Brigada era dirigida por el mando del regimiento más antiguo o prestigioso de los que lo conformaban; por tanto, si uno de los regimientos de "colores" era amalgamado a otros para formar una Brigada, ésta sería comandada por el coronel del regimiento "de color".
La Brigada adoptaba el nombre del coronel que la mandaba o, en su caso, el del regimiento "de color"; habida cuenta que en el campo de batalla sería fácil distinguir a la Brigada de otras por los colores de banderas y otros símbolos de identificación del regimiento "de color" integrado en ella.

NOTA2: Aunque Aedo haga alusión al regimiento "azul" en la batalla de Nördlingen (1634), no queda clara su presencia en la misma, pudiéndose tratar de otro regimiento sueco que tuviera un identificativo azul. También confunde la Brigada escocesa con la "amarilla", las cuales sí que estuvieron presentes en la batalla.
Aunque Gualdo Priorato menciona varios colores en las banderas suecas de la batalla de Hessisch-Oldendorf (1633), en dicha batalla sólo participaron, de los regimientos de élite suecos, el regimiento "amarillo", algunas compañías del "azul" y posiblemente el regimiento "blanco".