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sábado, 31 de agosto de 2019

ORBAT de la primera batalla de las Dunas (1600)


Un grabado, realizado por el cartógrafo holandés Floris Baltasar van Berckenrode, nos muestra el Orden de la batalla de Nieuport (o Nieuwpoort), también llamada primera batalla de las Dunas, dado que se dio en las dunas y playas cercanas a esa plaza. Así, Juan Roco de Campofrío, cronista contemporáneo de la batalla, refiere varias veces al choque como "batalla de las Dunas" o "suceso de las dunas".
En el grabado se nos muestra a los ejércitos hispánico y neerlandés desplegados según la costumbre de la época: Así, ambos ejércitos despliegan en 3 líneas de infantería, con la caballería protegiendo los flancos, y las baterías de la artillería delante de la formación. También en el grabado vienen detallados los mandos de cada ejército, así como las distintas unidades participantes en la batalla, señalando su nacionalidad, y el nombre de los mandos.

Así el Ejército hispánico de Flandes despliega varias unidades de infantería española, italiana, valona, así como un regimiento de mercenarios irlandeses e ingleses al servicio de España, referidos en el grabado como "Irlandois".
Por su parte el Ejército neerlandés de las Provincias Unidas despliega en la batalla varias unidades nacionales -"Hollandois", "Utrechts" y "Frisons"-; varias unidades compuestas de mercenarios extranjeros -"Allemans", "Suisses" y "Francois"-; un cuerpo formado por desertores valones -"Wallons"; así como el pequeño cuerpo de ejército "Anglois", compuesto de auxiliares ingleses.

El archiduque Alberto dejó atrás un pequeño cuerpo de ejército en retaguardia, protegiendo una posible retirada, al mando del general vallisoletano Luis de Velasco y compuesto mayoritariamente por los mercenarios alemanes. Este contingente no tomaría parte en la batalla. Así lo relata Campofrío:

"(...) porque quedaba atrás Don Luis de Velasco con otros 5000 [soldados], y que no había llegado,"

Antonio Carnero, cronista y contador del Ejército de Flandes, detalla las unidades que formaban parte de este contingente militar:

"Había dejado el Archiduque atrás por guardar el paso del río a Don Luis de Velasco General de la artillería con cuatro mil infantes de los regimientos de Alemanes del Conde de Barlamont [Florent de Berlaymont] y Conde Federico vanden Bergue [van den Bergh] y el de Borgoñones del Marquez de Warambon [Christophe de Rye, Marqués de Varambon]."

De la composición del despliegue hispano, Roco de Campofrío tan sólo señala que la vanguardia fue dada a los amotinados, que actuaron de manera independiente, "si bien divididos de la de el campo [ejército] a modo de escuadrón volante [separado]." En cambio Carnero es más preciso, coincidiendo el despliegue hispano con el orden de batalla mostrado en el grabado de Van Berckenrode.

Coincidiendo con la mayoría de las fuentes que narran el suceso, Roco de Campofrío señala como los holandeses se posicionaron ventajosamente sobre las alturas de las dunas cercanas a Nieuport, desplegando la infantería en 3 líneas, con la caballería protegiendo sus flancos:

"Pero el Mauricio, como tan gran soldado y experto capitán, (...) formó tres escuadrones de a 5000 hombres cada uno en puestos aventajados y altos entre las Dunas de aquella playa, que son cerros de arena, y a los lados puso en buena orden 2400 caballos, que tenía, con orden que nadie se moviese de su puesto, sino que se dejasen acometer, (...)"

Como curiosidad señalar que en el grabado se muestra toda la caballería de las Provincias Unidas formada por unidades de coraceros, mientras que para la caballería hispana se indican bien diferenciadas las distintas unidades de coraceros, arcabuceros montados, y las de lanceros, éstas últimas muy comunes de los españoles en esa época.  



En cuanto al combate que al inicio de la mañana se dio en torno al dique y puente de Leffinghe, si bien se conoce con bastante exactitud que unidades del ejército neerlandés tomaron parte en él, esto mismo es confuso en el caso del ejército hispano. Limitándose los textos que narran el suceso a entrever tan sólo la participación directa de las unidades propiamente españolas del Ejército de Flandes.
Del relato de Roco de Campofrío se desprende que tomó parte en el combate la vanguardia del Ejército de Flandes, formada por las unidades españolas y los amotinados (infantería y caballería de todas las "naciones").
La relación de Antonio Carnero detalla mejor la composición de la vanguardia hispánica:

"(...) yendo de vanguardia el Maestro de Campo Gaspar Zapena con su tercio [español] y los amotinados, y en un punto los rompieron y degollaron [a la retaguardia neerlandesa] no dejando hombre a vida, (...)"

De nuevo, un grabado de Floris Baltasar van Berckenrode esclarece un poco las unidades hispanas que tomaron parte en el combate de Leffinghe. Si el grabado es preciso en la identificación de las unidades neerlandesas, para las unidades hispanas tan sólo nombra la pertenencia nacional de cada escuadrón de infantería: los tercios españoles -"Espaignols"-; un escuadrón de españoles e italianos -"Espaignols et Italiens"; y un escuadrón de valones -"Walons"-. El escuadrón de infantería valona estaría conformado por el regimiento de Claude de La Barlotte, al que el grabado señala como "Laburlotte", montado a caballo, y con una banda de oficial sobre la armadura. Los italianos serían los soldados del tercio de Dávalos, la única unidad italiana que tomó parte en la batalla. Las unidades propiamente españolas sería fácil identificarlas siguiendo los escuadrones mostrados en el otro grabado que, sobre la batalla de las dunas, realizó Floris van Berckenrode.
En el grabado viene indicada como "L'ennemy" la caballaría hispánica, quizá se trata del cuerpo de caballería amotinado, el cual formó en la vanguardia. Este contingente pudo estar al mando del Almirante de Aragón, quien, además de ostentar el mando de toda la caballería del Ejército de Flandes, tuvo el mando de la vanguardia en la batalla de las Dunas.

Como curiosidad también decir que el grabado del combate del dique de Leffinghe muestra luchando en primera línea, delante de las formaciones hispanas, a los "rodeleros", armados con espada y escudo. Estos soldados, tan extendidos entre las tropas ibéricas, eran muy útiles en los asaltos y para romper formaciones enemigas de picas.  




EJERCITO NEERLANDES (LEFFINGHE)

General: Ernesto Casimiro de Nassau

Efectivos: (Más de 2.000 soldados de infantería -mercenarios "Escossois" y nacionales "Zelandois"-                                         y unos 400 jinetes)





EJERCITO HISPANICO (LEFFINGHE)

General: Archiduque Alberto de Austria

Efectivos: (Cerca de 5.000 soldados de infantería y caballería)





EJERCITO NEERLANDES (DUNAS)

General: Mauricio de Nassau, Estatúder ("stadhouder") de las Provincias Unidas

Segundo: Sir Francis Vere (herido en combate)

Efectivos: (Unos 10.000 infantes y más de 1.500 jinetes)


Vanguardia: Infantería y caballería (Vere)



Centro: Infantería y caballería (Solms)



Reserva: Infantería y caballería (Van den Tympel)




EJERCITO HISPANICO (DUNAS)

General: Archiduque Alberto de Austria (herido leve en combate)

Segundo: Francisco de Mendoza, Almirante de Aragón (capturado en combate)

Efectivos: (Unos 8.000 infantes y 1.200 jinetes)


Vanguardia: Infantería y caballería (Aragón)



Centro: Infantería y caballería (Alberto)



Reserva: Infantería y caballería (¿Bucquoy?)





_______________________________
NOTA1: En el cuerpo de infantería neerlandés dejado atrás por Mauricio, al mando de Ernesto Casimiro de Nassau, había también un pequeño contingente de caballería holandesa de unos 400 jinetes, al mando del señor de Risoir, y 2 cañones. La caballería de Risoir actuó mal, retirándose hacia Ostende al comienzo del combate, mientras la infantería zelandesa y los mercenarios escoceses eran barridos del campo.

Algunos de los mandos del Ejército de las Provincias Unidas presentes en la batalla de las Dunas (1600) les hemos visto anteriormente combatiendo en la batalla de Turnhout, 3 años antes: El propio Mauricio de Nassau; el inglés Sir Francis Vere; los hermanos Marcellus y Paulus Bacx (o Bax); el escocés William Edmond; el Señor de Risoir, hermano del coronel de los zelandeses Karel van der Noot; y Wernard van den Houte, llamado Wernard "Du Bois".

NOTA2: Es muy difícil determinar los mandos "electos" de los amotinados, los cuales actuaron en la vanguardia con valor y determinación. Claramente las fuentes narrativas silencian sus nombres, debido a que los amotinados se hallaban en rebeldía ante el ejército de la Monarquía española. En la batalla los amotinados quedaron al mando directo del Almirante de Aragón.

NOTA3: De acuerdo con el historiador decimonónico John Lothrop Motley, fueron 2 desertores españoles que combatían en el Ejército neerlandés de Mauricio, de nombres Mendo y Villalobos, los que reconocieron y apresaron en la batalla de las Dunas al Almirante de Aragón, cuando éste cayó al suelo. Ambos renegados españoles habían servido anteriormente al propio Almirante, quien les reconoció como su prisionero, rindiendo a ellos su banda roja de general y su espada:

"Two Spaniards, Mendo and Villalobos by name, who had recently deserted to the States, came up at the moment and recognised the fallen admiral. They had reason to recognise him, for both had been in his service, and one of them, who was once in immediate household attendance upon him, bore the mark of a wound which he had received from his insolent master. "Admiral, look at this," cried Villalobos, pointing to the scar on his face. The admiral looked and knew his old servants, and gave his scarf to the one and the hanger of his sword-belt to the other, as tokens that he was their prisoner." 

Los hechos debieron producirse como dice J. L. Motley, ya que en una resolución del 1 de mayo de 1601 se indica que el soldado español "Johan Mendo" recibió una paga extra de 15 florines mensuales mientras servía en la compañía de Mauricio de Nassau, todo ello por "ayudar a atrapar" al Almirante de Aragón en la batalla de Nieuwpoort.

NOTA4: Al regimiento valón de La Barlotte le hemos visto actuar anteriormente en el sitio de Calais (1596); la batalla de Turnhout, donde pudo retirarse y salvarse de ser copado por el enemigo, y el socorro de Amiens (1597). Derrotado en la batalla de las Dunas (1600), se retira al fuerte Santa Isabel, donde en la entrada anterior le vimos defendiendo la fortificación de las acometidas que Mauricio de Nassau dio a sus murallas antes de embarcarse. Como indicó Roco de Campofrío, la defensa costó la vida al propio Claude de La Barlotte. 
 

martes, 6 de agosto de 2019

La primera batalla de las Dunas (1600)


Para la descripción de los hechos seguiremos la narración de Juan Roco de Campofrío, juez eclesiástico en la corte de Bruselas y Vicario general del Ejército de Flandes. Juan Roco realizó una relación de lo sucedido en los Países Bajos, que abarca de 1595 a 1609. Siendo un testigo de excepción de todos los acontecimientos ocurridos hasta el año 1601, año en el que obtuvo licencia para regresar a España.



LA TOMA DE WACHTENDONCK Y EL DESAFIO DE BREAUTE

Comienza Juan Roco a relatar como al inicio del año 1600 se abren conversaciones de paz con la reina Isabel I de Inglaterra, las cuales fracasan:  

 "En principio del año de 600, se comenzaron a mover pláticas de paz con la corona de Inglaterra, con intervención y sabiduría del Rey de Francia, el cual dio consentimiento para que las personas que hubiesen de tratar dello, se juntasen en su villa de Bolonia [Boulogne], puerto de mar en el Canal de Inglaterra, donde se juntaron por el mes de Mayo siguiente y gastando muchos días en disputas sobre la precedencia, se volvieron a sus casas sin efectuar cosa alguna."

Prosigue después Juan Roco relatando las negociaciones con las guarniciones hispánicas que se hallaban amotinadas, las cuales estaban minando la eficacia del Ejército de Flandes:

 "La necesidad y falta de dineros era grande, y a esta medida crecía el temor de los motines, o por mejor decir el de uno general, movidos con el mal ejemplo de el motín de Amont [Hamont], que había crecido en número de más de 2.000 infantes y 1.000 caballos, con que corrían toda la campaña, haciendo daño a amigos y enemigos. Y aunque corrió la voz, que el Almirante [de Aragón] quería ir con todo el ejército contra ellos, no fue cierto, y tuviérase por gran temeridad el acometerlo, así por hallarse ellos bien prevenidos y fortificados como por el peligro (...) Antes el Almirante con buenas trazas y medios que puso, los redujo a la obediencia y deshizo el motín."

Cita luego como en enero las Provincias Unidas de los Países Bajos toman la plaza de Wachtendonck:

 "Con ocasión de los grandes fríos y estar helados los Ríos, los Rebeldes [holandeses], con inteligencia [espías] que tuvieron así mismo en la villa de Vachtendonch en los últimos de enero la acometieron y ganaron."

Grabado que muestra la conquista de la plaza de Wachtendonck. En el extremo superior derecho se encuentra retratado el conde Luis de Nassau (Ludwig Günther von Nassau), que estaba al mando del cuerpo de ejército neerlandés que tomó fácilmente la plaza. (Grabado, manufactura de la familia Hogenberg)


También al comenzar el año se produce algún pequeño combate o escaramuza entre las guarniciones hispanas y neerlandesas, siendo la más sonada la llamada "Batalla de Lekkerbeetje" o "Desafío de Breauté", en las cercanías de Bois-le-Duc (s'Hertogenbosch): 22 jinetes de la compañía flamenca de caballos corazas del futuro conde de Grobbendonck -que vimos actuar tibiamente en la batalla de Turnhout (1597), y que guarnecía Bois-le-Duc- retó a 22 jinetes de la compañía mercenaria francesa de Pierre de Breauté. La compañía flamenca de coraceros combatió bajo el mando de su teniente, Gerard Abrahams van Houwelingen, apodado "Lekkerbeetje":

"Y por este tiempo hubo también un desafío entre las dos compañías de Grobendoch, gobernador de Bolduc y de Mons de Braut, francés que llevaba sueldo de los rebeldes, saliendo al desafío veinte y dos soldados de cada una de las compañías. Murieron en el combate 14 franceses y poco después tres que salieron muy mal heridos y de los nuestros quedaron muertos en la estacada cuatro y otro que quedó mal herido."

Murió el teniente de la compañía de Grobbendonck, y su hermano Anthoine Abrahams. El capitán Breauté también murió, y tan sólo sobrevivieron 3 franceses. Las fuentes difieren en como fue el combate, y parece ser que algunos franceses fueron ejecutados a sangre fría. Las dos compañías se habían enfrentado anteriormente y se guardaba cierta rivalidad y rencor, además de disputarse el honor.

Escena que representa "el desafío de Breauté". La compañía flamenca de coraceros de Grobbendonck, integrada por naturales del país, se identifica llevando fajas de color rojo, color identificativo del ejército español. Mientras que la compañía francesa de corazas del capitán Breauté, que actuaba al servicio de las Provincias Unidas, porta cintas o lazos anudados en el brazo izquierdo, de color azul o verde. A ambos lados del combate se encuentran los músicos de cada compañía: 2 trompetas hispanos, vestidos con un "capotillo" o "sobrevesta" de color rojo (a la izquierda); y 2 trompetas franceses, vestidos de color azul o verde oscuro y plumas blancas en los sombreros (a la derecha). En el extremo inferior izquierdo yace tendido en el suelo "Lekkerbeetje", con "armadura 3/4", faja colorada y las plumas del yelmo de color rojo. En el centro derecha de la composición parece representarse al capitán Breauté, con adornos de cintas y plumas en el caballo, de color azul y blanco respectivamente; rica armadura plateada, y penacho de plumas blancas y azules. Todos los soldados combaten en un duro "cuerpo a cuerpo" con espadas y pistolas. (Pintura de escuela flamenca del siglo XVII, círculo de Sebastian Vrancx)



MOTINES Y TRAICIONES

También al comienzo del año se produjo un caso escandaloso en las cercanías de Bois-le-Duc: los fuertes hispánicos de San Andrés -construido en honor del cardenal Andrés de Austria, gobernador interino de los Países Bajos- y de Crèvecoeur se amotinaron. Sabedor de ello, Mauricio de Nassau, general de las Provincias Unidas, se puso sobre ellos; los fuertes fueron entregados al enemigo por los soldados valones y alemanes a cambio de una suma de dinero, y además los soldados amotinados se pasaron al servicio de Mauricio. Roco de Campofrío relata el incidente:

 "Por la una y otra parte de los ejércitos se procuraban hacer interpresas [ataques por sorpresa], que no tuvieron efecto, estorbando al Archiduque la suya los valones, que estaban en el fuerte de Sant Andrés y Crevecurt, que se amotinaron. (...)
Y en los últimos deste mes [marzo], los Rebeldes, con la ocasión de los motines de los fuertes de Sant Andrés, y Crevecurt enviaron a Mauricio con su campo sobre ellos y teniendo [las guarniciones amotinadas] municiones y bastimentos [provisiones] bastantes para más de 3 meses, y siendo la plaza de Sant Andrés inexpugnable, los Alemanes y Walones, que estaban en ella de presidio [guarnición], vendieron estas plazas con vivísima traición por 50.000 filipes [125.000 florines] y se pasaron a servir a los Rebeldes."

Detalle de un grabado que muestra el asedio del fuerte de San Andrés por el Ejército de las Provincias Unidas. (Grabado, manufactura de la familia Hogenberg)


Por otra parte estalla también un motín en la guarnición del fuerte de Kerpen:

 "En la villa de Carpen hubo movimientos de motín por principios del mes de abril, el cual se procuró apaciguar, aunque no se pudo conseguir del todo hasta el mes de Agosto adelante."



LA ESCUADRA DE GALERAS DE FLANDES DE FEDERICO ESPINOLA

En 1599 Federico Espínola había traído desde España una pequeña escuadra de galeras para que operase contra los rebeldes neerlandeses (Ver el alto mando de la Armada de Flandes):

 "Por este tiempo había llegado a Flandes con cuatro galeras Federico Espínola, Genovés, haciendo grandes demostraciones (...) Y así, llevado de esta ambición aunque no era soldado, con el consejo de los que tenía cerca de sí emprendía con las galeras algunas facciones de importancia y hacía a los Rebeldes tales daños con las galeras que andaban cuidadosísimos (...)"

Con las galeras se condujo una exitosa expedición contra las pesquerías neerlandesas. Según relata Roco de Campofrío, los marineros capturados fueron ahogados, al ser echados al mar envueltos en sus propias redes:

"(...) habiendo ido [Federico Espínola] con ellas [las galeras] adonde acudían ellos a hacer su pesca, se la había desbaratado y cogido más de cuarenta barcones dellas ["buzas" o "buizen", pequeños barcos arenqueros], y echado al mar los pescadores revueltos en las redes, con que hubo grande sentimiento en la Isla de Zelandia [Zelanda], esperando cada día mayores daños de las galeras que salían de los puertos de la Inclusa [La Esclusa, Sluis o Sluys], Dumquerque [Dunkerque], Neoport [Nieuport o Nieuwpoort]."



LA INVASION DE LOS PAISES BAJOS ESPAÑOLES

Las Provincias Unidas de los Países Bajos deciden acabar con los daños e incursiones que la pequeña Armada de Flandes, los corsarios flamencos y las galeras de Federico Espínola ejercían sobre su comercio marítimo. Para ello se determinó hacer una ofensiva por tierra contra los puertos flamencos de Dunkerque y Nieuport:

"Y para asegurarlos de estos temores, el Senado o junta de su gobierno [Estados Generales] se resolvió que con su ejército de 18.000 infantes y dos mil y quinientos caballos se embarcase luego y diese con él en Flandes. (...) El intento de los Rebeldes era ganar este fuerte [Sas van Gent] si le hallasen desapercivido, y en caso que no le sucediese, otro algún puesto en el Condado de Flandes, de donde poder correr la tierra y buscar algún medio con que librar sus navíos y tractantes de las molestias que recibían de las galeras del Espínola." 

En junio de 1600, Mauricio de Nassau, Capitán General del ejército de las Provincias Unidas y futuro Príncipe de Orange, concentra su flota y su ejército embarcado cerca de Flesinga, para luego tomar tierra en el puerto de Filipina. La invasión de los Países Bajos españoles había comenzado. Relata Roco de Campofrío como reaccionó el archiduque Alberto:

"(...) Avisado su Alteza [Archiduque Alberto de Austria] de esta determinación envió orden al Almirante [de Aragón], que con toda prisa marchase con él la vuelta de Gante para hacer rostro al ejército Rebelde, con el cual Mauricio saltó en tierra en 22 de Junio junto al fuerte llamado de Saxo, de Gante [Sas van Gent], plaza importantísima, (...) Luego que los Rebeldes saltaron en tierra, ganaron dos fuertes pequeños, que estaban cerca del Saxo, llamados el uno Filipinas [Philippine] y el otro de Bucoite [¿Boekhoute?]. Pero en siendo avisado el castellano [gobernador del castillo] de Gante, Agustín de Herrera, que el ejército Rebelde había desembarcado, al punto acudió a socorrerle con soldados de su presidio, y muchas compañías de los naturales de la villa de Gante, (...)"

El vallisoletano Agustín de Herrera, al que hemos visto sirviendo como capitán en la campaña de las Azores de 1582, impidió que Mauricio de Nassau avanzase por ese sector:

"En que hizo el castellano Agustín de Herrera y los naturales de Gante gran servicio a su Rey, porque con esta prevención reconoció luego el Rebelde Mauricio la imposibilidad de la empresa intentada, y con el aviso que tuvo de que nuestro ejército iba marchando (...) se resolvió de levantarse apriesa y marchar por tierra la vuelta de Neoport con esperanza de ganarle (...)" 



LA MARCHA HACIA NIEUPORT

Mauricio de Nassau se dirigió hacia el puerto de Nieuport, pasando alrededor de Brujas -que le tiró varios cañonazos- y llegando cerca de Ostende (puerto y base de las Provincias Unidas en la costa flamenca), despejando sus alrededores de fuertecillos españoles:

"(...) ordenó [Mauricio de Nassau] que los navíos en que había venido se volviesen a formar a Ostende, y él marchó por tierra, haciendo grandes daños (...) y apoderándose de los fuertes de Oudemborgo [Oudenburg], Sant Alberto y Nascherch [Snaeskerke], poco distantes de Ostende, puso presidio en ellos."

Después dejó en un dique cercano a Leffinghe un pequeño cuerpo de ejército -compuesto de escoceses y zelandeses- en la retaguardia, al mando de Ernesto Casimiro de Nassau, para entorpecer el avance del Archiduque:

"Y en un puesto acomodado junto a ellos, de diques y cortaduras, puso 2.000 escoceses y un regimiento de zelandeses, a fin de impedir el paso a nuestro ejército, si le siguiese, o por lo menos entretenerle hasta que él hubiese tomado a Neoport."

Vista de Leffinghe en un grabado de Hogenberg. En algún lugar cercano a la costa, entre el puente de Leffinghe y el fuerte de San Alberto, se produjo el combate en el que las fuerzas de Ernesto Casimiro de Nassau quedaron deshechas. (Grabado, manufactura de la familia Hogenberg)


Mientras, los Archiduques salieron de Bruselas para unirse en Gante al reducido ejército de operaciones hispánico (cerca de 9.000 hombres). Después de pasar revista a las tropas, y de una pomposa arenga -en que la Infanta Isabel Clara Eugenia, archiduquesa de Austria, toma parte-, se inició la marcha:

"El Archiduque, luego que tuvo aviso de lo dicho, salió de Bruxellas a toda prisa, llevando consigo a la infanta, y en un día llegó a Gante, adonde el siguiente se hallaba nuestro ejército, si bien tan deshecho, que no llevaba más que 9.000 infantes y 600 caballos. Y lo que más cuidado daba era la poca voluntad, que mostraban los soldados de querer pelear (...) Pero esto se remedió con mandar su Alteza [el archiduque Alberto de Austria] poner el campo en orden y hablarles (...) Y para más animarlos, salió la señora infanta a Caballo por todo el campo por medio de los escuadrones, exhortándolos (...) Con lo cual todos los soldados se alegraron y animaron, (...)"

Se contó con algunas de las guarniciones amotinadas, las cuales formarían en la vanguardia del ejército hispano:

"El Archiduque mandó al Almirante que fuese a hablar con los amotinados de Diest, que estaban allí cerca, y les pidiese de su parte saliesen a servirle en aquella ocasión. Hiciéronlo así y vinieron 800 infantes y 600 caballos, a los cuales se dio la vanguardia, (...)"

Durante la marcha forzada se fueron recuperando las posiciones perdidas ante los holandeses:

"Y reforzada nuestra vanguardia con 5.000 infantes, se comenzó a marchar con tanta prisa, por poder alcanzar la retaguardia de los Rebeldes, que el primer día de Julio con gran parte de la noche caminaron doce leguas, y los amotinados, que iban delante con tan grande braveza y osadía, que queriendo asaltar el fuerte de Oudemborg con escala sin batería [de artillería], se le rindieron los Rebeldes, (...)"

Se produjeron desmanes y actos de venganza sobre la guarnición de Oudenburg, que fue pasada por las armas. Juan Roco de Campofrío lo achaca a los amotinados, deseosos de recuperar botín:

"porque [los amotinados] deseaban mucho degollarlos y coger el pillaje, (...) que, después de haberse rendido les quebrantaron la palabra y los degollaron. Y pasando con la misma osadía y toda presteza sobre los fuertes de Nascherch y Sanct Alberto, y los ganaron."



EL COMBATE DEL DIQUE DE LEFFINGHE

Siguiendo el dique de Leffinghe, el ejército del Archiduque se topa con el pequeño cuerpo de ejército de Ernesto Casimiro de Nassau, el cual quedó arrasado ante el ímpetu de avance del Ejército hispánico de Flandes:

"Y a este tiempo llegó nuestra vanguardia y todos juntos arremetieron con 2.000 escoceses y el regimiento de zelandeses, que serían 3.000 hombres, los que el Mauricio había dejado junto a los fuertes y cortaduras. (...) era el ánimo de los nuestros tal, que con grande presteza las pasaron. Y el primero, que se arrojó entre los enemigos fue el capitán don Luis Faxardo [Fajardo], (...) y con él Francisco Morgado Osorio, Alférez reformado [es decir, sin cargo y sirviendo como simple soldado], natural de la villa de Alcántara, mi patria, a cuyo ejemplo y imitación pasaron todos los nuestros, que iban en la vanguardia y los amotinados, (...)"

De nuevo no se dio cuartel al enemigo:

"(...) y degollaron todos los 3.000 hombres, que el Mauricio había dejado en aquel puesto, con tanta presteza y brevedad, (...) Y llegado el Archiduque al mismo punto que se andaba en la matanza, que debía de ser entre las siete y nueve de la mañana, a 2 de Julio, habiendo dejado la señora Infanta en Gante (...)"

El combate del dique de Leffinghe. Las tropas hispanas -centro y derecha- avanzan contra las posiciones de Ernesto Casimiro de Nassau, situadas a la izquierda. En el extremo superior derecho se encuentra la plaza de Ostende y el fuerte de San Alberto. (Grabado de Lambert Cornelisz)


El combate del dique de Leffinghe se produjo al amanecer del 2 de julio de 1600, el mismo día en que se daría la famosa batalla de las Dunas, unas horas más tarde.



LA BATALLA DE LAS DUNAS

Tras celebrar consejo con sus generales, el Archiduque decide avanzar contra las tropas de Mauricio, que ya estaban posicionadas alrededor de Nieuport, bloqueando y sitiando la ciudad costera flamenca. Prosigue el relato de Roco de Campofrío, quien culpa a los soldados de la decisión de avanzar contra los holandeses, en lugar de descansar y esperar a los refuerzos. Menciona que los soldados y los amotinados llegan a acusar al Archiduque por su tibia actuación en el socorro de Amiens (1597), dándose incluso algún incidente violento por detener la marcha entre oficiales y soldados:

 "Acabada esta facción [combate de Leffinghe] el Archiduque pidió a los soldados que descansasen del trabajo, que habían pasado aquella noche y el día antes sin haber comido ni dormido, sino caminado, como está dicho más de doce leguas. (...) y mandando juntar a consejo se resolvió, que convenía descansasen allí los soldados por lo menos aquél día, hasta que llegase nuestra batalla [centro] y retaguardia, que venía atrasada. (...) Pero la braveza osadía y altivez de nuestros soldados era tal, que olvidados de la obediencia que debían a su general y príncipe, daban voces diciendo mil libertades de que les quería [el Archiduque] quitar la victoria de las manos como les había quitado la de Amiens, (...) prosiguiendo su camino sin bastar el Archiduque y los del consejo de guerra, con las espadas en la mano, dándoles cuchilladas y espaldarazos para que se detuviesen, (...) Y vista tan temeraria resolución por algunos consejeros de guerra, dijeron a su Alteza, que pues los soldados eran los que habían de hacer aquella facción, los dejase, (...)"

Mauricio de Nassau esperaba al ejército hispano colocado en una posición ventajosa, las alturas que le proporcionaban las dunas de la playa, cerca de Nieuport. Por la tarde, el Ejército hispano de Flandes se lanza al ataque contra las dunas, rompiendo la primera línea neerlandesa. Roco de Campofrío relata la batalla:

"Los Rebeldes comenzaron a cañonear a nuestro escuadrón antes de llegar con su Artillería, aunque con poco daño, porque el orgullo y prisa de los nuestros era tanta, que dentro de poco tiempo llegaron a las dunas en medio del día, (...) muertos de sed y tan fatigados, que parecía casi imposible poder dar paso. Pero, no obstante eso, acometieron el uno de los escuadrones [holandeses], que estaba en la vanguardia, con tanta ferocidad, que aunque se les resistió buen rato, le rompieron y llegaron a ganar la Artillería."

Detalle de un cuadro que muestra a Mauricio de Nassau, General del ejército de las Provincias Unidas y futuro Príncipe de Orange, junto con el alto mando de su ejército, en la batalla de las Dunas o de Nieuport. Mauricio lleva banda de general de color naranja, bastón de mando, y una pluma en el sombrero de color verde. Uno de sus pajes sujeta su yelmo, que tiene un penacho de plumas naranjas. Su oficialidad porta mayormente bandas de color naranja, además de plumas naranjas y blancas en los sombreros. Al menos uno de ellos tiene la banda de oficial de color blanco, y uno de ellos la tiene de color azul o verde oscuro. (Pintura de Hendrick Ambrosius Packx)


Pero el empuje hispano pierde fuerza: agotados por la marcha forzada y el combate de la mañana; y obligados a combatir con el sol de frente, que los deslumbraba, y con el viento en contra, que echaba arena en sus ojos. Finalmente Mauricio de Nassau reorganiza las líneas, y un contraataque neerlandés obliga a retirarse al Ejército de Flandes, el cual se pudo retirar en orden, debido a las fuertes bajas en ambos bandos. Prosigue Roco de Campofrío:

"Y a este tiempo el Mauriçio socorrió de refresco con otro escuadrón que dió con los nuestros, y al mismo tiempo ordenó que su caballería chocase con la nuestra, y, si pudiese pasar, procurase romper nuestro escuadrón por un costado, y habiéndole sucedido como lo ordenó, siendo nuestra caballería tanto inferior y estando tan fatigada, no les fue muy dificultoso el romperlo, ni el pasar luego a descomponer nuestro escuadrón, en medio del cual andaba el Archiduque, animado y acudiendo a los trances más trabajosos, hasta llegarse a apear y tomar una pica y ponerse delante de los suyos exhortándolos (...) A este tiempo ya nuestro escuadrón estaba roto, desbaratado y puesto en toda confusión, y los pocos que habían quedado con la vida fueron puestos en huida, casi todos heridos y muy mal tratados."

Juan Roco refiere que el archiduque Alberto combatió como un soldado más, resultando casi prisionero y siendo herido levemente en la refriega:

"(...) con que se entró en lo más agrio de la batalla, donde le cercaron [al Archiduque] algunos soldados rebeldes, diciéndole que se rindiese, y el uno dellos le tiró un golpe con una partesana [especie de lanza], con que le hirió entre las sienes y la cabeza, pero él le mató con la espada de una cuchillada, con que le abrió la cara, y luego acertaron a llegar Don Diego de Chaves, paje de su guión [tipo de bandera o estandarte] y Don Diego de Guzmán, así mismo paje suyo, y Don Diego Mexía [Mejía de Guzmán, futuro Marqués de Leganés], menino de la señora infanta [Isabel Clara-Eugenia], mozos de tan poca edad, que el que más tenía no llegaba a 20 años. (...) Y a este tiempo llegaron otros, con que hicieron retirar al Archiduque muy contra su voluntad, y porque el caballo, que traía, estaba rendido y malherido por diversas partes, se apeó del suyo Don Juan de Bracamonte, hermano del Conde de Peñaranda, y se le dió." 

Desbaratada la caballería hispánica, el Almirante de Aragón trató de rehacerla, quedando finalmente prisionero de los holandeses:

"El Almirante de Aragón, que gobernaba la caballería, hacía todo su esfuerzo por volverla a poner en orden, y con algunas tropas hacía cuanto podía (...) A lo cual dijo que si el Archiduque era muerto o se había perdido, que él no había de quedar vivo, y con solos 30 caballos rompió por uno de los escuadrones de los rebeldes, y habiéndole atravesado todo, al salir dél le dieron un mosquetazo al caballo, con que se enarboló y cayó de espaldas, cogiéndole debajo. A donde llegaron los soldados rebeldes y le prendieron."

Esta vez son los soldados de las Provincias Unidas, y en especial los mercenarios escoceses, los que se ensañaron con los prisioneros hispánicos, en venganza por los desmanes cometidos por éstos en su avance y en el combate de Leffinghe:

"Después de acabada [la batalla], salieron los escoceses, que estaban de presidio [guarnición] en Ostende, y a sangre fría arcabucearon y mataron más de 100 soldados nuestros, y entre ellos al capitán Rengifo, natural de Avila, valiente soldado. Dieron por razón desta inhumanidad contra toda disciplina militar la que los amotinados [hispanos] habían usado con sus escoceses, que habían rendido el fuerte el día antes."



FIN DE LA CAMPAÑA

El Archiduque se retiró a curarse su herida, y después dio órdenes para reorganizar el ejército. Sigue la relación de Juan Roco:

"El Archiduque que se retiró a Bruxas [Brujas] y, en curándose de su herida, pasó a toda prisa a Gante, a donde estaba la infanta (...) Dejó el Archiduque dada orden que a toda diligencia entrasen en Neoport 600 hombres de los que no se habían hallado en la batalla, y dejó dispuestas las demás cosas como convenía."

Por su parte, aunque había logrado la victoria sobre el Ejército de Flandes del archiduque Alberto, Mauricio de Nassau levantó el sitio a Nieuport y se retiró a Ostende, donde embarcó su ejército y abandonó los Países Bajos españoles. Refiere Juan Roco cómo la presión y las fuertes bajas que estaba soportando el Ejército de las Provincias Unidas fuerzan a Mauricio a tomar esa decisión:

"Y así por el daño que recibía de los soldados de la guarnición de Neoport, como de las galeras de Federico Spinola que a deshoras y muy continuamente asaltaba los navíos de su armada, barcones y fragatas, que traían bastimentos [provisiones] a su campo, se resolvió [Mauricio de Nassau] a retirarse hacia Ostende, atrincherándose entre las Dunas del canal de aquella plaza, estando nuestro ejército a la mira (...) Pero al fin se determinó a volverse a Olanda con el ejército, y para ello se embarcó en 18 de Julio en el canal de Ostende, dejando en aquella villa 3.000 infantes de presidio y dos compañías de Caballos."

Detalle de un grabado de la batalla de las Dunas, donde se representa la ciudad de Nieuport ("Nieuporten") sitiada por las tropas de Mauricio de Nassau. (Grabado, manufactura de la familia Hogenberg)


Antes de partir, Mauricio de Nassau trató de tomar el fuerte de Santa Isabel, cercano a Ostende, y guarnecido por el regimiento valón de Claude de La Barlotte, quien pierde la vida en la defensa:

"Cuando el Mauricio envió a reconocer el fuerte de Sancta Isabel, en que había entrado el coronel La Barlota para defenderle con su regimiento, fue herido de un mosquetazo en la cabeza, de que murió, con sentimiento del Archiduque y de todos los del campo [español], (...)"

Detalle de un grabado del sitio de Ostende (1601-1604), donde se puede ver el fuerte de Santa Isabel ("Isabella"). En el fuerte ondea la bandera con la cruz de San Andrés o "aspa" de Borgoña. (Grabado anónimo, escuela flamenca)


Cuando Mauricio de Nassau embarcó hacia las Provincias Unidas de los Países Bajos, algunas de sus embarcaciones despistadas fueron atacadas por las galeras de Flandes de Federico Espínola:

"Cuando el Mauricio se embarcó para Olanda con su ejército, fue notable el daño que Spínola le hizo en su vanguardia con las galeras. Y si no le hubiera sobrevenido un viento contrario [a Federico Espínola], que le forzó a entrarse en la Inclusa [La Esclusa, Sluis o Sluys], fuera mucho mayor."

El Archiduque, tras reorganizar el ejército, hizo las prevenciones necesarias para evitar posibles movimientos del ejército neerlandés. Así dejó un pequeño cuerpo de ejército, al mando del general flamenco Federico van den Bergh, frente a Ostende -la cual se sitiaría al año siguiente-; enviando al Brabante otro cuerpo del Ejército de Flandes, al mando del general vallisoletano Luis de Velasco:

 "Avisado el Archiduque de como el ejército Rebelde, se había retirado a las Islas, mandó luego que la mayor parte del suyo fuese la vuelta de Brabante entre Malinas y Liexa [Lieja], llevándole a su cargo Don Luis de Velasco, general del artillería, con que dejase en Flandes tres regimientos, uno de Alemanes, otro de Borgoñones y otro de Walones [valones], a cargo del Conde Federico de Bergh, con orden de reparar los fuertes que estaban en oposición de Ostende. Y en este tiempo envió también el Archiduque 600 infantes para reforzar la villa de Rimberg [Rehinberg], (...)"

De España vino una delegación con ayuda económica para el Ejército de Flandes:

 "Por el mes de septiembre llegó a Flandes con Embajada del Rey nuestro señor Don Enrique de Guzmán [Enrique Dávila Guzmán, futuro marqués de Povar], gentilhombre de su Cámara, Clavero de la Orden de Alcántara, y hermano del Marqués de las Navas, que de su parte iba a visitar a sus Altezas [los Archiduques Alberto e Isabel] y a darles el pésame del suceso de la batalla y para aliviarlos de las penalidades en que se hallaban, y temores de motines, le enviaron con él cédulas de cambio de cantidad de 800.000 ducados, con que su Alteza dió satisfacción a sus soldados hasta donde alcanzó. Que, como se les debía tanto y se habían de hacer nuevas levas [reclutas] de Alemanes, todo era poco."

Esto fue a requerimiento del Archiduque, que pedía insistentemente hombres y dinero a la Monarquía española, que por aquél entonces visitaba Valladolid, y pretendía el traslado de la Corte a esa ciudad. Para ello envió allí a don Luis de Velasco, general de la artillería de Flandes, y a Agustín de Herrera, gobernador de Gante, ambos naturales de la ciudad. Pero Roco de Campofrío señala que la comitiva no tuvo todo el éxito esperado:

 "Reconociendo el Archiduque, el aprieto en que los Rebeldes se hallaban, y que si de España se hacía algún buen esfuerzo de socorrerle con dinero y gente, podría apretar los Rebeldes de manera que los obligase a una buena composición, y para ello envió a España, a la solicitud a Agustín Herrera poco después de la batalla de las Dunas, (...) volvió a enviar por el mes de septiembre a Don Luis de Velasco, para que juntamente con Agustín de Herrera, informasen a su Magestad, (...) Pero nada desto bastó para que de España se acudiese con la presteza y esfuerzo que el caso pedía (...)"

Roco de Campofrío relata después la promoción de Nicolás Basta (o Basti) en la Tenencia general de la caballería de Flandes:

 "En fin de noviembre murió de enfermedad en Bruxellas [Bruselas] Don Ambrosio Landriano, caballero de nación italiano, lugarteniente del capitán general de la Caballería, soldado viejo [veterano] de valor y experiencia, cuya falta sintió el Archiduque, si bien la suplió con dar el oficio a Nicolao Basti, caballero de Nación Albanés, soldado viejo de la disciplina y tiempo del Duque de Alva, (...)"

Juan Roco relata un pequeño y curioso incidente, en el que de alguna manera los holandeses se vengaron de la actuación de las galeras de Flandes de Federico Espínola, mediante un ataque sorpresa a una de sus galeras, cerca de Amberes:

"los de la Junta del gobierno de los Rebeldes (...) habían mandado hacer una galera en competencia de las nuestras [llamada Zwarte Galei o Galera Negra] (...) para librarse de las molestias que recibían de las que gobernaba Espinola y al fin del mes de noviembre, la echaron [los holandeses] al agua, y llevaron con gran secreto a Lilo [fuerte de Lillo] por la Schelda [río Escalda], acompañada con otros barcones o fragatas en que iban 800 soldados y saliendo de noche con la marea alta, llegaron antes de el amanecer junto a las murallas de Ambers, donde estaba descuidada nuestra galera almiranta, sin gente, desapercibida, que la acometieron y dieron dos asaltos en que fueron rebatidos de los pocos que había en ella, y al fin le dieron tercero asalto, tan esforzadamente que la entraron, y degollaron los que hallaron dentro y se llevaron la galera, cosa de que hicieron grandes fiestas y algazaras [los holandeses] (...)" 

Detalle de un grabado que muestra el combate en las cercanías de Amberes entre la "Galera negra" holandesa y un barco de guerra español, el cual enarbola la bandera con la cruz de Borgoña o de San Andrés. El grabado omite que la embarcación española fue una de las galeras de Federico Espínola. También se muestra el fuerte de Liefkenshoeck, o de Kallo ("fort de Callo"), el cual estaba frente al fuerte de Lillo, al otro lado del río Escalda. (Grabado de Bartholomeus Willemsz Dolendo)


No hubo más acciones de entidad. Juan Roco recalca que el ejército hispánico no se movió al quedar desgastado tras la derrota:

"En este año, de 1600, no hubo otra cosa digna de memoria, porque el ejército estaba reducido a poco número, particularmente, los tercios de la nación Española porque del suceso de las dunas, habían quedado menguadísimos y por conveniencia de estado, importaba el conservarlos hasta que se rehiciesen, y así el Archiduque, trató de que se estuviesen en sus alojamientos, no solo los tercios Españoles, pero los de la nación italiana, walones y tudescos [alemanes]."

_______________________________
NOTA1: Al archiduque Alberto de Austria le hemos visto liderando la expedición militar a los Países Bajos en 1595, para tomar posesión del cargo de Gobernador general de los Países Bajos españoles.
Por otro lado, a don Juan de Bracamonte le hemos visto anteriormente ya al mando de un tercio español en el sitio de Ostende (1601-1604), donde perderá la vida combatiendo. Y a don Diego Mejía de Guzmán, futuro marqués de Leganés, ya le hemos visto 20 años después estando al mando de un tercio español en el sitio de Bergen-op-Zoom (1622).

NOTA2: Fueron soldados renegados españoles que combatían en el ejército holandés quienes reconocieron y apresaron al Almirante de Aragón en la batalla de Nieuport. Pudiera tratarse de los valones y alemanes pasados al Ejército de las Provincias Unidas al comenzar el año.

NOTA3: A Nicolás Basta (o Basti) le hemos visto, al mando de una compañía de caballería albanesa o italo-alabanesa, acompañando al duque de Alba en la expedición militar a los Países Bajos de 1567; y también le hemos visto al mando de la caballería hispana en la batalla de Turnhout (1597). Su hermano Jorge (o Giorgio) fue Comisario general de la caballería de Flandes, y le hemos visto al mando de la caballería ligera en el socorro de París (1590).
Mientras que a don Luis de Velasco le hemos visto tomando parte junto con el archiduque Alberto en el sitio de Calais (1596) y en el socorro de Amiens (1597), al mando siempre de un tercio español. Promocionó al año siguiente a General de la artillería de Flandes, y posteriormente a General de la caballería de Flandes. Ejerciendo este último cargo le hemos visto en los sitios de Bergen-op-Zoom (1622) y de Breda (1624-1625). 

NOTA4: La galera holandesa llamada "Zwarte Galei" o "Galera Negra" la hemos visto combatiendo con suerte desigual en la llamada batalla de La Esclusa (1603), donde fue capturada por las galeras españolas, y recapturada, según las fuentes, por los neerlandeses durante el combate.

domingo, 29 de enero de 2017

Bandera de los tercios de Flandes, hacia 1600-1630


En un cuadro de Pauwels van Hillegaert que representa a Mauricio de Nassau, Capitán General del ejército de las Provincias Unidas y futuro Príncipe de Orange, en la primera batalla de las Dunas (1600), se muestra una bandera hispánica con el campo dividido en tres franjas horizontales con los colores en orden amarillo-blanco-rojo.
La bandera es similar en forma y diseño a la descrita en una entrada anterior, en la que era atribuida a la Armada hispánica o a la Armada de Flandes.

El cuadro está lleno de detalles, como los capellanes militares que -crucifijo en mano- bendicen a las tropas hispánicas y rezan durante el combate.



La pintura muestra en primer plano la retirada de varios soldados hispánicos de infantería y caballería. Aquí es donde se muestra un alférez, o el abanderado de éste, con el agua a la cintura, con una faja colorada y su gorro caído con una pluma roja, portando la dicha bandera.



Si bien la pintura conmemora la batalla de las Dunas del año 1600, el cuadro fue elaborado 30 años después. La bandera pudiera ser descrita a Hillegaert por testigos de la batalla, o ser uno de los trofeos conservados por los holandeses de la misma. También podría tratarse de una bandera del Ejército de Flandes de esa década de los años 30 del siglo XVII, descrita al autor por soldados holandeses.
La bandera pudiera estar representando alguna de las unidades valonas que participaron en la batalla al servicio de la Monarquía española, como los regimientos de Bucquoy y de La Barlotte. En cuanto el orden de los colores parece que variaba, ya que es distinto a los descritos en la entrada anterior.




Esto parece mostrar que el uso de este tipo de bandera pudiera ser más normalizado no sólo en la mar sino también en el Ejército de Flandes, y que coexistiría perfectamente con las banderas hispánicas de infantería más generalizadas que portaban la cruz de San Andrés o "aspa" de Borgoña en su campo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

La Armada de Flandes y los corsarios de Dunkerque


Durante la primera década de la guerra de los 80 años, el gobierno español trató varias veces de hacerse con el control de las islas de Zelanda, corazón de la rebelión y cantera de la marina rebelde neerlandesa: operaciones anfibias, con el agua hasta el pecho, de Goes (1572), Duiveland y Schouwen (1575); la expedición naval del duque de Medinaceli (1572), y la Armada de Santander de Pedro Menéndez de Avilés (1574-1575).

El fracaso de hacerse con el control del enclave marinero acabó con las posibilidades hispánicas de control total del Mar del Norte. Tras varias derrotas navales en los primeros años de la guerra -captura del arsenal de Veere (1572); batalla de Zuider-zee (1573); batallas de Bergen-op-Zoom y Lillo, y el socorro de Leyden (1574)- los "mendigos del mar" acabarían imponiéndose en el control marítimo de los Países Bajos.


LA CREACION DE LA ARMADA DE FLANDES

Siempre la corte de Madrid estuvo barajando la posibilidad de disponer de una flota de guerra en el canal, capaz de hacer frente en las mismas condiciones a la flota neerlandesa y acabar con el bloqueo a los puertos flamencos.

Con la conquista de Dunkerque y de Nieuport (Nieuwpoort) en 1583, Alejandro Farnesio ya trató de crear una base de operaciones para una pequeña flotilla de guerra que actuase contra el comercio y las pesquerías neerlandesas. Para la campaña de invasión de Inglaterra de 1588, Farnesio acantonó a los tercios de infantería de Flandes -núcleo de la fuerza invasora- en los puertos de Dunkerque y de Nieuport, reuniendo y construyendo unas 170 embarcaciones de todo tipo, para poder juntarse con la armada española, a pesar del bloqueo holandés a los puertos flamencos. Sin embargo, a pesar de tener las tropas preparadas y comenzado su embarque, el contacto con la armada española no pudo darse.

Pero es al comienzo del reinado de Felipe III cuando se decide acometer la empresa de crear una flota de guerra permanente en los puertos de la costa flamenca. Así, en 1598, Martín de Bertendona llegaba al puerto flamenco de Dunkerque desde España con una flotilla de barcos de guerra para incorporarse a la armada.

En 1600 se construyeron por primera vez en Dunkerque 2 barcos de guerra para la armada; ese mismo año Antoine de Bourgoigne, conde de Wacken (Waecken o Vacquen), condujo una exitosa expedición, con 14 naves de la armada, contra la flota pesquera holandesa.
Las Provincias Unidas, afectadas por las incursiones llevadas a cabo desde Dunkerque, determinó realizar una ofensiva por tierra contra los puertos flamencos: En junio del 1600, Mauricio de Nassau, futuro príncipe de Orange, invade los Países Bajos españoles desde el puerto de Filipina (Philippine), la ofensiva tiene como objetivo final tomar Dunkerque. Sin embargo el archiduque Alberto sale a su encuentro y la ofensiva fue frenada con la batalla dada a las afueras del puerto de Nieuport.
Aunque Mauricio de Orange gana la llamada primera batalla de las Dunas, las bajas sufridas en ella hace que tenga que levantar el sitio a Nieuport y reembarcar las tropas, dando por finalizada la campaña.

En 1602 llegó a los Países Bajos Federico Espínola, nombrado general de "las galeras de Flandes", tras haber llevado 6 galeras desde Lisboa hasta Flandes, transportando al tercio de infantería española de Juan de Meneses, encontrándose en el canal de la Mancha con ingleses y holandeses, que le echaron a pique 2 galeras (la "San Felipe" y la "Lucero"), junto con sus dotaciones. Ya en Flandes, Federico Espínola rehizo y reforzó la escuadrilla con otras 4 galeras más. La flotilla de Espínola era una escuadra autónoma con sus propios oficiales y tercio de infantería embarcado.
Durante el sitio de Ostende (1601-1604), las galeras de Flandes constantemente impedían los intentos de los holandeses por abastecer la plaza por vía marítima. En uno de esos encuentros abordaron la nave capitana del enemigo, llegando a arriar su estandarte, hasta que los refuerzos holandeses les obligaron a retirarse. La muerte en combate de Federico (1603) frenó los éxitos de las galeras de Flandes.

Batalla entre galeras españolas y naves holandesas en Flandes, posiblemente representando la batalla de La Esclusa (1603). (Pintura atribuida a Hendrick Cornelisz Vroom)


El cronista de Felipe III, Matías de Novoa, relata la muerte de Federico Espínola, en la batalla de La Esclusa:

"Corría a esta sazón Federico Spínola con ocho galeras guarnecidas de 1.500 infantes escogidos, (...) salió, pues, de la Exclusa con buen tiempo, y a poco que hubo navegado, descubrió dos galeras que habian fabricado los holandeses en opósito de las de Federico, y tres bajeles de guerra grandes; (...) cerró [embistió] con ellos tan gallardamente, que en menos de una hora que duró la pelea, rindió una galera holandesa; a esta sazón refrescó el aire, con que los demás bajeles que se hallaban apretados, se alargaron de los nuestros, tirando con su artillería a las galeras; de suerte, que una bala llevó el brazo derecho a Federico Spínola, y la guarnición de la espada que tenía en la mano, le dió en el rostro y cabeza tan crudo golpe, que se la rompió, y en breves horas rindió el espíritu."


DESARROLLO ASCENDENTE DE LA ARMADA DE FLANDES

Durante la etapa de las galeras de La Esclusa de Federico Espínola, y los galeones de Ostende, no se lograron los objetivos marcados. Es a partir de 1621, con el fin de la Tregua de los 12 años y la reanudación de las hostilidades, cuando se decide dar un nuevo impulso a la Armada de Flandes.
Con el nuevo rey Felipe IV se pensó en acondicionar los puertos disponibles en los Países Bajos españoles, para albergar la flota:

  1-Ostende, recuperado tras un largo y costoso asedio, era el puerto principal.
  2-Nieuport, el segundo en importancia tras Ostende.
  3-Dunkerque, prácticamente inutilizado por los bancos de arena.
  4-Varios pequeños puertos de pescadores, como Blankenberge.

Ya en 1620 el archiduque ordena al gobernador de Ostende la corta de madera para la fábrica de una armada de 20 barcos. También se propone la construcción por vía de "asiento", es decir, mediante contrato con particulares. Así, Ambrosio Espínola, con el dinero enviado desde España, contrata con Adrián Wandeval la construcción de 12 naves de guerra.

Con la Ordenanza de diciembre de 1621, Felipe IV legalizó el corso “así contra turcos, moros y moriscos, como contra los rebeldes de las islas de Holanda y Zelanda”. En 1624, la Ordenanza fue ampliada, concediendo más privilegios. Es decir, se permitía que particulares, armadores, y gente de mar pudiera asaltar los barcos de guerra y mercantes de los enemigos de España, quedándose el botín de la presa a cambio de un porcentaje del beneficio obtenido, que correspondería al Rey.


COMIENZA LA ACTIVIDAD CORSARIA DE DUNKERQUE

En 1622 se acondiciona y fortifica el complejo portuario Dunkerque-Mardick, trasladándose la escuadra principal de Flandes de Ostende a los puertos de Dunkerque y Mardick.
A primeros de este año, el galeón dunkerqués "San Ildefonso" capturó 4 mercantes enemigos. La marina holandesa reaccionó y comenzó a perseguir a todos los navíos dunkerqueses. A finales del año de 1622, 3 barcos de guerra, a las órdenes de Jan Jacobsen, partieron de Ostende en dirección de un convoy holandés. La escuadra holandesa de bloqueo detectó el movimiento y Jacobsen tuvo que enfrentarse en solitario a 9 navíos de guerra holandeses, mientras los dos barcos restantes escapaban. Después de 13 horas de combate, Jacobsen dinamitó su propio barco, volando con él a 2 buques holandeses.
Los supervivientes del barco de Jacobsen no fueron considerados prisioneros de guerra, sino piratas, y por tanto fueron llevados a la horca. Los 2 barcos flamencos, acosados por los holandeses, tuvieron que buscar refugio en Edimburgo, siendo socorridos por el mercader católico Guillermo Laing, quien los pertrechó, pudiendo escapar posteriormente a sus captores.

 Detalle de un cuadro que representa la explosión de un galeón español durante la batalla de Gibraltar (1607) contra la flota holandesa. (Pintura de Cornelis Claesz van Wieringen)

En enero de 1623, la Junta de Armadas aprobó la compra de un barco en Londres, debido a las dificultades para la construcción de los navíos en los puertos flamencos. Incluso se aceptaron propuestas como la de Juan Bautista van Male de alquilar 5 barcos ingleses, con sus tripulantes incluidos. Así, el inglés Robert Bordon alquilaba su navío, siempre y cuando no hubiese guerra entre su país y España; pero en 1625, la guerra con el rey Carlos I de Inglaterra paralizó este tipo de contratos.
Este mismo año de 1623, una escuadra de la armada dirigió varios ataques contra los puertos pesqueros de Zelanda.

A primeros de 1624, cuatro barcos dunkerqueses se enfrentaron a 9 holandeses del bloqueo, consiguiendo salir ilesos. La noche del 15 de junio, 6 galeones dunkerqueses, al mando del general portugués Diego Luis de Oliveira, que se dirigían a San Sebastián con todas las luces apagadas para burlar el bloqueo, fueron interceptados por la escuadra holandesa al encallar uno de los barcos flamencos: Son 5 contra 23, la batalla se prolongó desde la medianoche hasta las 6 de la tarde del día siguiente; la capitana envuelta a veces por 16 navíos, recibe 1.200 impactos según un testigo jesuita irlandés. Dos barcos holandeses son hundidos y otro flamenco desaparece, logrando refugiarse los 4 navíos flamencos restantes en las Dunas de Kent.
Durante un mes estuvieron las naves bloqueadas en Inglaterra, donde se les proveyó de todo lo necesario, hasta que recibieron orden de salir; 3 de ellas llegaron a Mardick, la cuarta estalló en combate junto con la almiranta de Zelanda, que se incendió y se fue a pique, sobreviviendo sólo 27 hombres de ambas tripulaciones. Oliveira fue recompensado con el cargo de gobernador del Brasil.

En 1625, con el inicio de la guerra con Inglaterra, una escuadra inglesa se había unido a los holandeses para bloquear la costa flamenca. La noche del 23 de octubre se desató una gran tormenta que destruyó gran parte de los 40 barcos de la escuadra anglo-holandesa, desarbolando o estrellando contra las costas a más de 30 navíos.
Esto fue aprovechado por los dunkerqueses, y al momento salió una escuadra de la Armada de Flandes, formada por 20 barcos (12 reales y 8 de particulares o corsarios). Persiguiendo las naves supervivientes llegaron hasta las islas Shetland, donde encontraron el grueso de la flota pesquera holandesa.
Tras un combate en el que se hundió uno de los navíos de guerra holandeses encargados de la custodia de los pesqueros, y se abordó otro, fueron capturados los pesqueros más grandes, mientras que los pequeños -unos 40- fueron hundidos. Una segunda escuadra flamenca, de 7 barcos, avanzó por la costa capturando decenas de arrastreros.

Barcos arrojados contra las rocas de la costa, durante una tormenta en el mar. (Pintura de Cornelis Claesz van Wieringen) 

En unos 15 días fueron hundidos y capturados de 150 a 200 barcos enemigos, entre ellos 2 buques de guerra y 80 "buzas" -o "buizen", pequeños barcos arenqueros- y en un mes se habían capturado unos 1.400 prisioneros, para los que no había sitio en Dunkerque.
Pedro Pablo Rubens, que además de pintor ejerció como diplomático de los Países Bajos españoles, escribió acerca de este hecho:

"Nuestros barcos de Dunkerque han arruinado la pesca del arenque [holandesa] de este año. Han echado a pique a muchos pesqueros, aunque con la orden expresa de la Infanta [Isabel Clara Eugenia] de salvar a todos los hombres y de tratarlos bien."


EL CARACTER DE LA GUERRA CORSARIA

Estebanillo González nos cuenta, en su obra picaresca posiblemente autobiográfica, una típica correría corsaria y su modo de pelear con banderas falsas, al embarcar como pasajero en una nave dunkerquesa, que desde Inglaterra pasaba a Flandes:

"Llegamos a la marina, adonde hallamos el bajel con mucho espacio y sus marineros con mucha flema, y dos fragatas de Dunquerque que, forzadas del mal temporal, habían llegado a dar fondo. Viendo que estaban medio de partida (...) llevaron a mí a la una y a mis camaradas a la otra. Salió la mía día de Navidad del año de mil seiscientos cuarenta y cinco en corso contra holandeses, franceses y portugueses (...) Pero el segundo día nos fue fuerza pelear con un bajel holandés, y después de habernos peloteado más de una hora se fue a pique, salvándose la gente.
Tomamos la derrota [rumbo] la vuelta de Bretaña andando a caza de bajeles franceses, y en encontrándolos poníamos bandera francesa, y de la misma suerte en encontrando bajeles holandeses poníamos bandera holandesa (...) Si el bajel que encontrábamos era fuerte huíamos como galgos, y todos muy tristes y yo reventando de alegría; y en siendo débil y de poca defensa cerrábamos de tropa a caiga quien cayere (...) Al fin, habiendo echado algunos bajeles a fondo y cogido presas de importancia, nos volvimos la vuelta de Flandes (...)"

El episodio acontecido a finales de 1622, muestra una característica que difiere a lo que acontecía en el frente terrestre en esos mismos años, como es la ejecución de prisioneros: La guerra de los 80 años se había humanizado de algún modo desde el gobierno de Alejandro Farnesio, ya que se comenzó a permitir el intercambio de prisioneros o el que fueran puestos en libertad mediante rescate, es decir, pagando una suma de dinero. Episodios de saqueos y matanzas de civiles comenzaron a ser cada vez más esporádicos, incluso, tras la tregua de los 12 años, prácticamente inexistentes -salvo las invasiones del Veluwe (1624 y 1629), en las que se incendió algunas aldeas y cosechas; y el saqueo de Tirlemont (1635), en el que se produjo además muerte de civiles- Todo en la medida en que se dejó de considerar al enemigo como un "rebelde" a su Rey, consideración que en aquella época llevaba implícita la pena de muerte, y que puede equiparar a la plabra "terrorista" de hoy en día.
Sin embargo, las acciones de Dunkerque provocaron tanto temor y odio en las Provincias Unidas, que se llegó a la prohibición de dar cuartel a la tripulación de los navíos corsarios, los cuales deberían ser arrojados al mar.

En cuanto a la actitud "suicida" de los marinos flamencos, también estaría relacionada con el hecho de que no habría cuartel en caso de rendirse. De todos modos, el historiador y cronista portugués Francisco Manuel de Melo, quien fue soldado y participó en la expedición naval de 1639, nos cuenta que esa actitud era propia a todos los marineros del país:

"Entre las naciones del Norte fue uso, y más frecuentado por los rebeldes de Holanda, valerse del fuego en los casos de desesperación; porque viendo perder las victorias en el mar, se abrasaban pertinazmente (...) el tomar la muerte voluntaria por remedio de la desventura del vencido, así es delito contra la religión, como contra la política (...)"

Incluso se dio el caso de 3 marineros de la República Holandesa, supervivientes del naufragio de su nave en la costa de Flandes, que, viendo venir a los soldados hispánicos, se volvieron a arrojar al mar y se ahogaron. Felipe IV había ordenado que los marinos holandeses que “escaparen de los navíos, que, por no se rendir a los de dicha Armada, se volaren, los haga ahorcar”.

A propósito de los prisioneros, los que no interesaban -como los pescadores, marineros jóvenes y viejos- se les solía desembarcar en Inglaterra o trasbordarlos en barcos neutrales. A los demás, como personas de calidad, mandos, técnicos etc. se les ponía a rescate en los puertos flamencos. Así, 5 pilotos llegaron a pagar 4.000 ducados por su libertad. En general, el trato dado a los prisioneros en Dunkerque era humanitario, cosa de lo cual se quejaba el almirante Colaert (o Colart):

"(...) en muchas cárceles de Flandes se usa soltar los prisioneros de porte sobre fianzas -al revés de lo que hacen los holandeses, que cuanto mayores son, más les estrechan la prisión, porque consideran que los prisioneros de guerra, andando sueltos, son otros tantos espías (...)"

Por otra parte, hay que señalar que la gran mayoría de los tripulantes y colaboradores de la armada de Flandes eran neerlandoparlantes, es decir, nativos de las provincias de Flandes y Brabante. El resto eran valones (o franco-parlantes), españoles, incluso holandeses, zelandeses, británicos y alemanes.

Por último señalar que la Armada de Flandes estaba formada por los navíos reales y los alquilados por la Corona mediante "asiento"; dentro de cada escuadra sobresalían dos buques, la "nave capitana" -donde viajaba el general- y la "almiranta" -mandada por el segundo en el mando-, ambas naves llevaban tripulaciones escogidas, tenían mayor potencia de fuego y superaban en tonelaje a las demás.


GUERRA OFENSIVA POR MAR Y DEFENSIVA EN TIERRA 

El año de 1626 fue de reposición de fuerzas para los contendientes navales. Desde Madrid se tomó la decisión, para recortar el enorme costo del Ejército de Flandes, de sólo actuar ofensivamente por mar, dados los buenos resultados obtenidos los años anteriores.
Los barcos alquilados al rey de Adrián van der Walle (o Wandeval), comandados por el noble flamenco conde de Wacken, solían actuar con independencia de la armada de Flandes. En septiembre, en una incursión contra las pesquerías neerlandesas, 5 barcos corsarios lograron hundir a 18 arrastreros.

En 1627, Michael Jacobsen salía con 11 de sus barcos hacia la zona pesquera de Groenlandia, llena de arrastreros ingleses y holandeses, hundiendo 50 barcos. En septiembre, 5 barcos de la flota de Wacken hundieron 11 "buzas" y remitieron 8 presas a Flandes. A finales del año, sólo la armada de Flandes había hundido 68 barcos y capturado 45.

Pintura, de hacia 1640, que muestra a los pescadores recogiendo las redes, barcas, y los pequeños barcos arrastreros. (Cuadro de Jullius Porcellis)


La escuadra de Dunkerque estaba apoyada por los puertos españoles del Cantábrico. Así, en 1627 había 14 barcos de guerra de Flandes distribuídos entre La Coruña, Ribadeo y Pasajes. Además este mismo año se estableció en Pasajes una sucursal del Almirantazgo de Dunkerque, con el fin de administrar las presas, como refugio, para reparar los barcos, incluso para la recluta de marineros vascos con objeto de completar las dotaciones de los barcos.

En mayo de 1628, en una de sus muchas salidas, una escuadra de 8 buques dunkerqueses hundió o apresó a 18 barcos ingleses y holandeses. Pero la bancarrota de España del año anterior terminó alcanzando a la Armada de Flandes desde mediados de 1628.
Además, en septiembre la flota del tesoro fue capturada, a la altura de la bahía de Matanzas (en Cuba), por el almirante holandés Piet Heyn.

En 1629, las escuadras de los almirantes Francisco de Ribera y el conde de Wacken permanecieron sin salir de los apostaderos por falta de dinero y de marineros: de 1.300 que había en noviembre de 1628 se había descendido a 500 en abril, debido a la falta de pagas y las deserciones. La Infanta Isabel Clara Eugenia informaba “los bajeles de la Armada de Dunkerque y escuadra de Ostende hacen alto y no podrán salir a la mar por falta de dinero”.
En uno de los pocos combates, 4 barcos dunkerqueses cayeron cuando una flotilla de Ostende se encontró con la flota del bloqueo al cruzar el cabo de Gris-Nez. En el encuentro murió el comandante enemigo, Piet Heyn, el vencedor de Matanzas, que había sido nombrado teniente general de almirante de Holanda.
En 1630 Felipe IV, rey de España, ordenó la entrega de 22.000 escudos al mes para reactivar la Armada de Flandes.


LA REANUDACION DE LAS OPERACIONES

En enero de 1631 se reactivó el corso flamenco, siendo capturados 15 barcos enemigos. Pero la ofensiva neerlandesa para tomar Brujas, con el fin de poder extenderse por la costa flamenca y capturar Dunkerque-Mardick, obligó a concentrar en mayo las escuadras de los almirantes Ribera y Wacken en Dunkerque y Ostende, para apoyar la defensa y el socorro de Brujas.
La victoria conseguida por Carlos Coloma en el socorro de Brujas dio de nuevo libertad de movimiento a la armada de Flandes: Sólo entre septiembre y noviembre entraron en los puertos flamencos 66 navíos apresados.
En septiembre se organizó en Flandes una expedición naval compuesta de pequeños buques, barcazas y fragatas especiales para el transporte, al mando del general Juan de Nassau, con el objeto de desembarcar en Zelanda. Las embarcaciones fueron sorprendidas por la marea baja en el canal de Slaak, siendo atacadas y capturadas por los holandeses, con pérdida de muchos hombres y barcos.
El Almirantazgo de Amsterdam sugirió lanzar al mar a todos los prisioneros de la expedición, pero Federico-Enrique, príncipe de Orange, lo detuvo.

Grabado anónimo que representa la batalla de Slaak. En el extremo superior derecho está retratado el conde Juan de Nassau, general de la expedición hispánica, que a duras penas pudo escapar a Amberes. A la izquierda se encuentra retratado el Príncipe de Orange.

También en este año, en 2 expediciones distintas, Jacobsen y Ribera transportaron desde España a 5.600 nuevos reclutas para el Ejército de Flandes: En marzo 1.300 soldados embarcaron en La Coruña en los 6 galeones de Michael Jacobsen, en sólo seis días estaban en Mardick.
Tras la ofensiva neerlandesa de mayo, Jacobsen y Ribera estaban en La Coruña con una escuadra de 24 barcos, se estableció una Junta para realizar una leva (recluta) en Galicia, con el objeto de completar los cuadros de la infantería ya concentrada en la ciudad gallega. El almirante Ribera zarpó el 13 de octubre, y en 16 días la escuadra entraba en Mardick, con los 4.000 reclutas españoles y el dinero destinado para el Ejército de Flandes.

En 1632, en una de las salidas de los dunkerqueses, llegaron a las islas Shetland; tras hundir 28 "buzas" y sus 2 buques de guerra guardianes, desembarcaron y arrasaron un par de fuertes que protegían la base pesquera holandesa.


LA EDAD DE ORO DE LA ARMADA DE FLANDES

Las pérdidas de la marina de las Provincias Unidas, causadas por los corsarios hispano-flamencos de Dunkerque, comenzaron a ser tan elevadas, que, en el tratado franco-holandés del 8 febrero de 1635, los holandeses pedirán expresamente que Francia ocupe militarmente todas las plazas de la costa de Flandes.
Este año Jacques Colaert (o Colart) transportó de España a Dunkerque un contingente de 2.000 reclutas de infantería.
Más tarde, Colaert mandaba una gran expedición contra las pesquerías de las islas Shetland: El 15 de agosto salieron de Dunkerque 14 galeones y 6 fragatas; 3 barcos de guerra fueron hundidos, mientras otro se rindió, después se hundió o se capturó la mitad de los pesqueros y arrastreros, las "buzas" restantes fueron dispersadas; a primeros de septiembre la flota regresaba a Mardick.
Poco después Colaert atacó un convoy de la Compañía de las Indias Occidentales, haciendo prisionero a Cornelis Corneliszoon Jol, sucesor de Piet Heyn, que retornaba de una expedición en el Caribe.

En 1636, al forzar el bloqueo naval holandés, uno de los navíos dunkerqueses fue obligado a embarrancar, y el resto fue capturado por una escuadra de Zelanda superior en número: 2 galeones dunkerqueses -uno de ellos el del propio Colaert- resultaron hundidos en el combate, Colaert y 200 de sus hombres fueron rescatados de las aguas por los neerlandeses. Poco después Colaert es puesto en libertad por un intercambio de prisioneros.
Nombrado don Juan Claros de Guzmán, marqués de Fuentes, almirante supremo de la Armada de Flandes en sustitución de Ribera, se fueron reuniendo en La Coruña barcos procedentes de Dunkerque, Cádiz y otros puntos, a lo largo de este año, para la expedición que le llevaría a Flandes.
La escuadra de Fuentes, de 38 buques, partió a últimos de agosto de La Coruña y -tras 12 días de viaje- dejó en Mardick 4.000 soldados españoles -reclutados en Galicia y en Castilla la Vieja- al mando del marqués de Velada, y un millón y medio en plata para el Ejército de Flandes.

 Embarque de tropas españolas, hacia 1630. (Pintura de Andries van Eertvelt)


El aumento de las correrías de la Armada de Flandes, hizo que en las Provincias Unidas se llegase a pensar que el almirante Philips van Dorp, a cuyo mando estaba el bloqueo de la costa flamenca, estaba a sueldo de España. Así, en 1637 Van Dorp fue sustituído por Maarten Harpertszoon Tromp.
En julio de este año, una pequeña escuadra de 8 barcos, al mando del navarro Miguel de Horna, tras un combate en el que 2 barcos enemigos son hundidos, se apodera de 12 mercantes, con todo tipo de armas, municiones y vituallas.
En agosto, el capitán castellano Salvador Rodríguez, mandando una división de 13 naves, dirigió otra expedición contra las pesquerías de las Shetland, donde hundió 35 "buzas" y un buque de guerra.
A finales de este año, Fuentes dirigió una de las mayores expediciones hacia el norte, donde realizó un total de 52 unidades capturadas o hundidas.

 Pintura que refeleja los pequeños barcos arenqueros -"buizen", españolizado como "buzas"- y barcos pesqueros mayores o mercantes, al fondo se dibuja un posible barco de guerra holandés, protegiendo a los pesqueros. (Cuadro de Ludolf Bakhuizen)

En la primavera, Colaert se dirigió a Madrid donde el rey le concedió la Orden de Santiago. Debía de enviar hombres y dinero con su agrupación naval, que estaba en La Coruña, hacia los Países Bajos. Pero la muerte de Colaert por enfermedad cambió los planes del Conde-duque de Olivares, quien nombró a Lope de Hoces para sustituirlo.
La flota, con 38 barcos, debía de transportar unos 5.000 soldados, reclutados en Castilla, Andalucía y Galicia, más casi 2 millones de ducados para socorro del Cardenal-Infante. Zarpó de La Coruña y en tan sólo 5 días llegó a Dunkerque.

A partir de 1638, se hace operativo el puerto de Gravelinas, tras iniciarse las obras el año anterior, construyéndose un nuevo puerto para bajeles de alto bordo.
El 7 de marzo, tras una estancia de aprovisionamiento en Flandes, la flota de Hoces emprende el viaje de vuelta, levando anclas del puerto de Mardick; tras un accidentado y fructífero viaje, en el que el viento le hizo buscar refugio en Mardick y en Inglaterra, llegó a La Coruña el 12 de abril, tras haber capturado 37 presas enemigas (incluyendo 2 buques de guerra y 25 mercantes).


LA BATALLA DE LAS DUNAS

Olivares pensó en la utilización de transportistas ingleses para el envío de tropas a Flandes con mayores garantías, y así poder burlar mejor el bloqueo.
En mayo de 1639, una flotilla de 5 barcos, contratados al comerciante inglés Benjamín Wright, zarpó de Cádiz con 2 tercios de infantería con destino para los Países Bajos: 2 barcos y más de 700 reclutas cayeron en manos de la escuadra holandesa que patrullaba el canal, al mando del almirante Tromp, el resto de los 1.500 soldados lograron llegar a los puertos flamencos.

Se trató de juntar una gran armada en La Coruña que habría de transportar unos 9.000 soldados y dinero para los Países Bajos; derrotar a la flota holandesa de Tromp y, a su vuelta, debería traer la infantería valona destinada para los frentes pirenaicos.
A esta armada se juntó una escuadra de Dunkerque, al mando de Miguel de Horna, que zarpó de Mardick transportando 2.000 valones para los frentes peninsulares; tuvo que sostener 3 duros combates en el Canal antes de llegar a La Coruña, la escuadra de Horna perdió 3 barcos y 400 hombres, pero causó tales pérdidas a la flota holandesa de Tromp que tuvieron que levantar momentáneamente el bloqueo.
A primeros de junio se presentó ante La Coruña el arzobispo de Burdeos, bloqueando y cañoneando la plaza; la armada española, protegida por los fuertes de San Antón y San Diego, que estaban unidos por una cadena que cerraba el puerto, no salió a su encuentro. A los 3 días, ante las pérdidas que estaba sufriendo, el arzobispo se retiró. En la defensa de La Coruña se destacó Miguel de Horna, que, con 4 fragatas de Dunkerque, por dos veces salió a escaramuzar con la armada francesa, volviendo al puerto sin pérdida.

En septiembre, la armada, al mando del almirante Antonio de Oquendo, sale de La Coruña, teniendo la vanguardia la escuadra de Dunkerque. Por orden del rey, Miguel de Horna pasó a la "capitana" real de Oquendo, llamada "Santiago". El día 15 emboca en el Canal de la Mancha, donde combate durante 3 días con las escuadras de las Provincias Unidas, al mando del almirante Tromp. Ante la escasez de pólvora y municiones, y la imposibilidad de realizar el trasbordo de la infantería, la armada hispánica se ve obligada a refugiarse en el fondeadero de las Dunas de Kent, donde fueron bloqueados por las naves neerlandesas.
Durante el mes que Oquendo estuvo allí, se pertrechó y reparó las naves, además de transportar durante la noche la infantería reclutada y el dinero, en pequeños buques y pesqueros. El 21 de octubre la armada hispánica intentó salir, trabándose una desigual batalla con los holandeses, superiores en número de barcos.
La armada de Antonio de Oquendo resultó derrotada: en parte varada en las costas y en parte destruída por las Provincias Unidas. Sólo la "Santiago" de Oquendo, acribillada por 1.700 disparos, y otros 6 barcos, la mayoría dunkerqueses, lograron entrar en Mardick. Horna resultó herido en la batalla, perdiendo un ojo. A finales de diciembre, el marino navarro obtuvo una victoria sobre una escuadra francesa.

 Grabado mostrando la batalla de las Dunas del día 21 de octubre. En primer plano, un capellán militar lucha por sobrevivir agarrado a un trozo de madera, crucifijo en mano. (Grabado de Claes Jansz Visscher)

Estebanillo González se encuentra en Dunkerque, ciudad a la que dedica efusivos elogios, en el momento de la batalla:

"Marchó después de lo referido su Alteza [Cardenal-Infante] la vuelta de Dunquerque, por estar aguardando la armada que venía a cargo de don Antonio de Oquendo y de don Andrés de Castro (...) Llegamos a aquella pequeña villa que, por ser grande en valor, es terror de Holanda y opresión de las demás armadas enemigas; cuyos invencibles bajeles, siendo ruina y destrucción de las flotas holandesas, son los que abastan y enriquecen estos Países. Llegó la referida armada con más grandeza que gobierno y con más velocidad que ventura; salióla a recibir la holandesa con menos fuerzas y mejor disposición. Y al tiempo que se empezaron a pelotear, no agradándome aquel juego de raqueta (...) me entré en una cantina adonde se vendía cerveza (...) estuve bebiendo toda una tarde potes de purga por no recibir récipes de píldoras holandesas; y con hallarme las tripas encharcadas como rana no tuve ánimo para salir hasta tanto que cesó el ruido de la refriega (...)"


EL FRENTE PENINSULAR

Tras la sublevación de Cataluña y Portugal en 1640, parte de la armada de Dunkerque es llamada al Mediterráneo.
En 1641 el marino flamenco Jodocus Peeters (o Joos Pietersen) condujo 5 barcos hasta España. Miguel de Horna obtuvo la muerte, entre este año y el anterior, por las heridas sufridas en combate, cuando de nuevo trató de atacar el convoy de Burdeos.

Combate naval entre el vice-almirante neerlandés Witte de With con los navíos flamencos de Nieuport, hacia 1640. (Pintura de Jacob Gerritsz Loef)

Peeters fue puesto al mando de la escuadra. La base de operaciones de la escuadra de Dunkerque estará ahora en los puertos de La Coruña y de Cádiz.
Los navíos dunkerqueses participaron en varias acciones contra la flota francesa, al mando del arzobispo de Burdeos, durante el asedio de Tarragona. En diciembre Peeters recibe la orden de unirse al bloqueo de la costa portuguesa.

Desde 1642, toda la armada de Flandes se trasladó al Mediterráneo, señalando la prioridad de Madrid por el frente catalán, ante el flamenco o el portugués. Ese mismo año de 1642 participa en una batalla frente a Barcelona con la armada del marqués de Brézé.
En 1643 participa en la batalla de Cartagena con la flota del marqués de Brézé. En 1644-1645 participa en la defensa de Rosas.

En 1646 sus navíos protegen los convoyes -para el traslado de 1.500 soldados, enviados al frente catalán- de Cádiz a Tortosa.
También actúan en la defensa de las posesiones italianas de la Corona española: 8 fragatas de la armada de Flandes participan en la liberación de Orbetello, y al año siguiente participan en la expedición de Juan José de Austria para aplacar la rebelión de Nápoles y Sicilia.


LA CAIDA DE DUNKERQUE

Los socorros para los Países Bajos siguieron llegando por mar, pero esta vez en modo de fragatas rápidas de pocas unidades, que transportaban pequeños destacamentos de centenares de soldados.
Tras la batalla de Rocroi (1643), los franceses realizaron una ofensiva para ocupar los puertos flamencos, y así cortar las rutas de enlace entre España y los Países Bajos españoles, así como acabar con la actividad corsaria.
En 1644 conquistaron Gravelinas. En 1645 conquistan Mardick, aunque es recuperada a finales del año por un ataque por sorpresa. En 1646 los franceses conquistan de nuevo Mardick, y, esta vez, junto a Dunkerque, que cayó en octubre.

En 1652, el archiduque Leopoldo-Guillermo asedió Dunkerque; en agosto el marqués de Fuensaldaña, con el ejército que operaba en Francia a sus órdenes en apoyo de los rebeldes "frondistas", se unió al ejército hispánico sitiador. La plaza capitula y el marqués de Lede volvió a ocupar su puesto como general de la Armada de Flandes y gobernador de la ciudad. También ese mismo año se recuperaron Gravelinas y Mardick.

Los dunkerqueses resucitaron, y capturaron o hundieron cientos de barcos ingleses en los siguientes años. En 1656, el capitán Charles Reynard, al mando de 5 barcos reales de Flandes, capturaba intacto un convoy de 10 mercantes a la salida de Londres.
La ofensiva anglo-francesa, al mando del vizconde de Turena, contra los puertos flamencos comenzó en 1657, pero sólo se pudo capturar Mardick, debido a la resistencia del Ejército de Flandes.
En 1658, el ejército anglo-francés de Turena puso sitio a Dunkerque, don Juan José de Austria y el Príncipe de Condé trataron de socorrer la plaza con el Ejército de Flandes. En la batalla de las Dunas, tercera de éste nombre, el ejército hispánico fue derrotado. Algunas de sus unidades fueron prácticamente destruidas, como señala Jerónimo de Barrionuevo en sus Avisos de julio de 1658:

"Perdióse Dunquerque por falta de municiones, no teniendo que tirar diez días después de la rota [derrota] nuestra en la Abadía de las Dunas, donde nos mataron y apresaron tantos; en particular no quedó hombre vivo español del tercio de [Gaspar] Bonifaz, y muy pocos del de D. Antonio de Córdoba."

Después de la batalla, Dunkerque capituló, falleciendo el marqués de Lede de las heridas recibidas en la defensa. Turena tomó varias plazas flamencas, incluida Gravelinas, tras un corto asedio.


DUNKERQUE BAJO DOMINIO FRANCES

En 1658, Dunkerque pasó a manos de Inglaterra, España no reconoció la posesión inglesa y el marqués de Caracena, el nuevo gobernador de los Países Bajos españoles, la mantuvo bloqueada y aislada, produciéndose roces entre la guarnición y los pueblos de los contornos y con los soldados hispánicos. En 1662, Inglaterra vendió Dunkerque a Luis XIV, rey de Francia, ante lo costoso de su mantenimiento.
Bajo el gobierno francés Dunkerque reverdeció laureles contra sus viejos enemigos: Inglaterra, las Provincias Unidas, y, ahora, contra España. Dunkerque bajo Francia producirá corsarios tan famosos como Jean Bart, Claude de Forbin y René Duguay-Trouin.

Vista de Dunkerque en el siglo XVII, probablemente durante el tiempo que estuvo bajo dominio inglés. (Pintura de Ludolf Bakhuizen)

En cuanto a la Armada de Flandes, tras la caída de Dunkerque, Felipe IV concentró todas sus fuerzas en la reducción de Portugal, sublevada desde el año 1640. A partir del año 1659, la escuadra de Flandes del almirante Maes participaba, junto con la Armada del Mar Océano, en el bloqueo de las costas portuguesas.
En septiembre de 1664, el Almirantazgo volvió a establecerse en el puerto Ostende, pero el Proveedor de la Armada, Pedro del Vaus, reconocía en un informe no disponer de más de 4 barcos debidamente preparados. La Armada de Flandes ya nunca volvería a recuperar el esplendor de los años pasados.

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NOTA1: Una "escuadra" estaba formada por un número de navíos grandes y unidades ligeras. La "Armada" sería una escuadra de un tamaño importante o un conjunto de escuadras para realizar una empresa determinada.