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domingo, 3 de noviembre de 2019

Banderas del ejército francés en la batalla de Thionville (1639)


A lo largo de los siglos XVI y XVII la infantería y caballería francesa usará como divisa en sus banderas una cruz blanca. Las banderas francesas con la cruz blanca fueron introducidas durante la Guerra de los Cien Años (1337-1453): A comienzos del siglo XV, en el contexto de esta guerra, el rey francés Carlos VI manda a sus tropas portar la cruz blanca como emblema, por influencia de la casa de Armagnac, que estaba en conflicto civil con la casa de Borgoña, la cual portaba la "croix rouge", y estaba apoyada por Inglaterra.
Es a lo largo del siglo XV cuando se muestra en las ilustraciones y miniaturas al ejército francés con la cruz blanca como divisa, tanto en las banderas como en las ropas de los soldados.

Detalle de una miniatura francesa del siglo XV que muestra al ejército francés en la batalla de Castillon (1453), durante la Guerra de los Cien Años. Los soldados portan como símbolo de identificación la cruz blanca en la bandera y en su indumentaria. (Chroniques, de Enguerrand de Monstrelet)


Miniatura francesa del siglo XV que muestra la toma de Verneuil por el ejército francés (1449), en la Guerra de los Cien Años. Los soldados franceses portan la cruz blanca en la bandera y en sus ropas. (Vigilias de Carlos VII, de Martial d'Auvergne)


Ya a comienzos del siglo XVI, en las llamadas Guerras de Italia (1494-1559), la cruz blanca es usada como divisa en las banderas y vestimentas de los soldados franceses. Así, el cronista fray Prudencio de Sandoval señalaba como en la batalla de Bicoca (1522) los franceses trataron de sorprender a los imperiales quitándose sus divisas y enseñas, colocándose las de los hispano-imperiales:

 "Por la mano derecha venía otro escuadrón de caballos franceses, mudada la cruz blanca, de que ellos usaban, en colorada, pretendiendo Lautrech que los suizos entrasen el [campamento] real a las vueltas con los españoles."

Esta clase de incidentes llegaron a ser corrientes en la época. Durante el asedio francés a la plaza de Pavía (1524-1525), dice Sandoval como dos oficiales españoles, que portaban la cruz blanca en sus ropas, lograron burlar el cerco y entrar en Pavía:

 "Hecho esto, y puestas sus cruces blancas, que es la insignia de los franceses en la guerra, se partieron para el campo francés, donde fueron bien recibidos (...)"

En la batalla de Pavía (1525) relata Sandoval como los arcabuceros españoles disparaban a todo aquel que llevaba la cruz blanca en la ropa, o que no estaba "encamisado":

"Pero en viendo cruz blanca o el caballero sin camisa sobre las armas, daban con ellos en tierra."

Detalle de un tapiz de la batalla de Pavía, mostrando a los soldados franceses y mercenarios suizos huyendo por el puente del río Ticino. Los soldados a sueldo de Francia llevan la cruz blanca como divisa en el pecho y espalda en sus ropas, así como en la enorme bandera que porta el soldado de la derecha. (Tapiz flamenco de la serie "La batalla de Pavía", Bernard van Orley)


Durante el siglo XV y XVI los franceses usaron la cruz blanca como divisa en contraposición de la cruz roja usada por sus enemigos: ingleses, borgoñones, imperiales alemanes y los españoles. Relata Sandoval de la campaña de 1544:

 "En este tiempo, los caballeros franceses, con sus cruces blancas, y los imperiales con las coloradas, tuvieron buena conversación, (...)"

Las banderas con la cruz blanca sobre campo azul debieron ser muy comunes. Durante el levantamiento de Siena (1552) relata Sandoval la captura de una bandera francesa similar:

"los cincuenta españoles hicieron una encamisada, y dieron en ellos con tanto ímpetu, que les ganaron una bandera azul con la cruz blanca, y los desbarataron y prendieron muchos, (...)"

También las banderas con la cruz blanca sobre un campo rojo. Una relación anónima sobre el sitio de la plaza francesa de San Quintín (1557) dice:

 "Hoy han puesto los franceses banderas en las murallas, coloradas, con cruces blancas, y asomáronse algunos franceses a la muralla y decían bravezas como ellos suelen decirlas."

Detalle de un fresco que reproduce a los soldados franceses en la batalla de San Quintín. Los soldados portan banderas de diversos colores -amarillas, granates y roja- todas ellas con la cruz blanca como divisa. (Fresco de Nicola Granello y Fabrizio Castello, Sala de las batallas, Monasterio del Escorial) 


Asimismo es común ver representadas, en pinturas y grabados de los siglos XVI y XVII, banderas y estandartes con las armas reales de Francia (tres flores de lis). La enseña real, con las flores de lis en campo azul, fue usada por los monarcas franceses al menos desde el siglo XII.

Izquierda: Detalle de una miniatura del siglo XV que muestra al ejército francés sitiando Harfleur, durante la campaña de Normandía (1449-1450), en el transcurso de la Guerra de los Cien Años. Los franceses portan la bandera real, con las flores de lis, y una bandera con la cruz blanca en campo azul. (Chroniques, de Enguerrand de Monstrelet) 
Derecha: Detalle de una miniatura del siglo XV que representa al ejército francés en la batalla de Azincourt (1415), en la Guerra de los Cien Años. La enseña real, con las flores de lis, yace tendida en el suelo, al igual que varios soldados franceses que llevan la cruz blanca en sus vestidos. (Brut Chronicle)


Las lises doradas se convirtieron en un símbolo tan fuerte que se consideraba sinónimo de la propia Monarquía francesa. Así, Sandoval relata como durante el sitio de Logroño (1521) por el ejército franco-navarro, éstos "traían por nombre o apellido: «¡Viva el rey, e la flor de lis de Francia y la Comunidad de Castilla!»" Y el soldado portugués Francisco Manuel de Melo, cronista de la Guerra de Cataluña, refiriéndose a la entrada del ejército francés en Guipúzcoa (1638), dice: "viendo España entonces las lices [lises] de sangre, que ya la antigua paz y deudo habían vuelto de oro".

Detalle que muestra soldados franceses combatiendo a los españoles, en el frente pirenaico o el italiano. La bandera lleva varias flores de lis doradas sobre campo azul. En primera línea combate un "rodelero", armado con espada y escudo. (Pintura de Cornelis de Wael)


Ya en el siglo XVII parece que tanto españoles y franceses dejaron de usar cruces en los vestidos de los soldados, relegando a símbolos de identificación los acordados por los soldados el mismo día de la batalla. Si bien los oficiales españoles usaron bandas y plumas de color rojo, los oficiales franceses usaron bandas, fajas y plumas de color blanco. Así, en la batalla de Rocroi (1643) el general francés duque de Enghien llevaba un sombrero "guarnecido de grandes plumas blancas", y vestía "la espada en la mano, con sola una hungarina [especie de chaquetón] roja y su banda blanca,". También los franceses acordaron un "santo y seña" para el día de la batalla: "la voz que también tenían para juntarse era la de Enguien."

Detalle de una pintura de la batalla de Rocroi. En él se muestra una compañía de coraceros franceses, todos con bandas de color blanco, penachos de plumas blancas y rojas, y estandarte de color blanco. (Pintura de Justus van Egmont)


No cabe duda que estos símbolos de identificación usados por el ejército francés en la batalla de Rocroi (o Rocroy) son los mismos que utilizaron en la batalla de Thionville (o Diedenhofen, en alemán). Así viene representado en una serie de cuadros que encargó Octavio Piccolomini -el general imperial de origen italiano, vencedor de la jornada-. El pintor flamenco Pieter Snayers fue el encargado de realizar las pinturas, las cuales se realizaron durante la década de 1640. En las pinturas Snayers reproduce las banderas y estandartes franceses con las cruces blancas o con las flores de lis.


También la caballería viene representada con fajas y plumas de color blanco, al igual que los oficiales.



Igualmente, a partir de 1610 se entrega una bandera blanca coronela a los regimientos permanentes del ejército francés. Es decir "l'enseigne blanche" será portada por los 4 regimientos llamados "viejos" o "vieux", los más antiguos y considerados de élite: Picardía ("Picardie"), Piamonte ("Piémont"), Champaña ("Champagne") y Navarra ("Navarre"). El privilegio de portar el "drapeau blanc" también lo tenían los regimientos de élite de las Guardias Francesas ("Gardes françaises") y las Guardias Suizas ("Gardes suisses"). Posteriormente este privilegio también se extenderá al regimiento de Normandía ("Normandie") y a los llamados "petits vieux": los regimientos de Rambures, de Sault, de Vaubécourt, de Chappes y de "Auvergne".
En 1635, al intervenir directamente Francia en la Guerra de los treinta años, 19 regimientos tenían la bandera blanca coronela del Rey; y en 1636, 22 regimientos la tenían, de un total de más de 100 regimientos franceses levantados para ese año. 

 Izquierda: Detalle de un soldado abanderado francés portando una enorme enseña blanca, durante el combate por el Paso de Susa (1629). (Pintura de Claude de Lorena)
Derecha: Detalle de un combate entre soldados franceses y españoles en el teatro de operaciones Pirenaico o de la Península itálica. Un alférez, o su abanderado, porta una bandera militar blanca. (Cornelis de Wael)


La bandera del regimiento de Bussy-Rabutin es conocida. El propio Bussy-Rabutin, quien tomó parte en la batalla de Thionville (o Diedenhofen), relata como durante la confusión del combate pudo recuperar su bandera:

"Je rencontrai dans le champ de bataille un jeune Gentilhomme de mes parens, nommé le Lonzat Fradel, Enseigne de mon Régiment, avec son drapeau: je le lui pris, & je le sauvai."


Por último, las banderas de ordenanza del siglo XVIII pertenecientes a los regimientos sucesores de Grancey y Plessis-Praslin, que estuvieron presentes en la batalla de Thionville, se atribuye ser las mismas en forma y diseño a las que portaron a lo largo del siglo XVII y en especial durante la guerra de los treinta años. 



Bandera blanca coronela perteneciente a un regimiento de infantería francés




Bandera ordinaria de infantería francesa atribuida al regimiento de Picardía




Bandera ordinaria de infantería francesa perteneciente al regimiento de Navarra: Diseño especulativo.




Bandera ordinaria de infantería francesa atribuida al regimiento de Rambures




Bandera de infantería francesa atribuida al regimiento del Marqués de Canisy




Bandera de infantería francesa atribuida al regimiento de Bussy-Rabutin




Bandera de infantería francesa, posiblemente una bandera blanca coronela o de las Guardias Francesas, presente en la pintura El paso de Susa forzado por Luis XIII (Claude de Lorena)




Bandera de infantería francesa, presente en los cuadros El sitio de Ayre-sur-la-Lys y en la serie La batalla de Thionville (Pieter Snayers)




Bandera de infantería francesa posiblemente perteneciente al regimiento del Conde de Grancey




Bandera de infantería francesa posiblemente perteneciente al regimiento de Plessis-Praslin




Estandarte de caballería francesa, serie La batalla de Thionville (Pieter Snayers)




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NOTA1: En el siglo XVII, cada regimiento francés tenía una bandera blanca coronela, y una bandera de ordenanza -cruz blanca y colores diversos en los 4 cuarteles en que se divide- por cada compañía que tuviera el regimiento, y cuyo número fue variando a lo largo de los años posteriores.

NOTA2: A los regimientos franceses de élite Picardía ("Picardie") y Rambures les hemos visto combatiendo 4 años más tarde en la batalla de Rocroi (1643), ocupando una de las posiciones más expuestas de la vanguardia, protegiendo las alas de la primera línea de infantería. En la misma batalla combatirá también un regimiento llamado Bussy, en el flanco de la segunda línea de infantería, aunque debe tratarse del regimiento de Bussy-Lameth.

NOTA3: El regimiento de Picardía estaba al mando del marqués Pierre de Breauté, quien era sobrino del Pierre de Breauté que vimos morir combatiendo, al servicio de las Provincias Unidas, en el llamado "Desafío de Breauté", 39 años antes de la batalla de Thionville. Y era primo a su vez del otro Pierre de Breauté, que murió combatiendo en el sitio de Breda en 1624, también al servicio de las Provincias Unidas, tratando de vengar el honor de su padre, en un nuevo desafío con soldados flamencos del Ejército de Flandes. Herman Hugo, capellán militar de Espínola y cronista del asedio de Breda, relata este nuevo desafío, ocurrido 24 años después del primero:

"Un trompeta Francés, (...) enviaron al Conde Juan de Nassau; le provocó en nombre de la Nobleza Francesa, para que (...) probase con ellos la mano. Prometió el Conde de hallarse el día siguiente a la hora que señaló, con tres compañeros, y sin otras armas que la espada y dos pistolas: (...) se puso [el Conde Juan de Nassau] a vista de los cuarteles del enemigo acompañado de otros tres, que eran el Capitán Steenhuyse[n] y los dos Tenientes de las compañías de caballos de Grobbendonck el mozo [Lancelot Schetz], y de Botberghe. Salieron del campo contrario cuatro caballeros, quedando otros diez y seis algo más apartados, y viéndolo otros trescientos desde la última trinchera; que entre ellos dicen que estuvo el Príncipe Mauricio [de Orange-Nassau]. Uno de los cuatro era Breauté el mozo, hijo del que fue muerto en otro desafío que envió al padre del mozo Grobbendonck; cuyo Teniente Lackerbettien [Lekkerbeetje] murió en el mismo rencuentro: criáronle [a Breauté] para vengar la muerte del padre: y para combatirse con el hijo del matador, (...)"

Lancelot Schetz, hijo del barón de Grobbendonck, por patente de abril de 1621 mandaba una compañía suelta de caballería. De la parte hispana resultó herido el capitán Steenhuysen, y el conde Juan de Nassau recibió un pistoletazo sin consecuencias. De parte de los mercenarios franceses, Breauté murió y otros 2 de ellos resultaron heridos. La desgracia de esta familia no acaba aquí, el marqués de Breauté perderá la vida al año siguiente a la batalla de Thionville, combatiendo en las operaciones de asedio de Arras (1640).

viernes, 9 de septiembre de 2016

Gobernadores de Breda (1567-1713)


Durante la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648), la ciudad de Breda cambió de gobierno real u orangista varias veces, siguiendo los distintos golpes de mano que hubo durante la guerra de Flandes.

Herman Hugo, capellán militar del general Espínola, y cronista del sitio de 1625, relata las distintas vicisitudes de Breda durante la guerra de Flandes, en los años precedentes al gran asedio de 1624-1625:

"El de Alva [duque de Alba] la aplicó a su Magestad por los años de 1567. cuando se huyó en su rebelión Guillelmo Príncipe de Oranges [Guillermo de Nassau, príncipe de Orange]. De allí a diez años volvió a los de Nassau, rindiéndose al Conde de Hohenló [Hohenlohe]: ganóla con arte y fuerza en el de 1581. el Barón de Haultepenne, y obedeció al Rey otros nueve años, hasta que Haraugiere [Charles de Heraugière], en el de 1590. con el engaño de una barca (que encubrió setenta soldados, como el caballo de Troia a los Griegos) ocupó el Castillo, y la Villa, por orden de Mauricio de Nassau, después Príncipe de Oranges."

Breda era un feudo de la casa Orange-Nassau. Tras el comienzo de la revuelta y la posterior huida de Guillermo de Orange a Alemania (1567), el conde de Schauwenburg -coronel de un regimiento mercenario alemán- tomó posesión de Breda por el rey Felipe II.
Los siguientes gobernadores fueron naturales de los Países Bajos: tras el fallecimiento del Señor de St. Remy, fue nombrado en el cargo el español Francisco Verdugo -coronel de un regimiento de infantería valona- en enero de 1577; quien, sin embargo, debe entregar la plaza al duque de Aerschot y retirarse con las tropas españolas poco después de tomar posesión, en virtud de los acuerdos de la Pacificación de Gante.
Pero varias compañías mercenarias alemanas al servicio español, al mando del coronel Frondsberg, se negaron a abandonar la ciudad hasta que se les abonase todas las pagas que se les adeudaban. Tras un breve asedio de las tropas de los Estados Generales, al mando del conde de Hohenlohe y del señor de Champagney, se acordó la entrega de la ciudad y el pago de sus salarios atrasados.
En 1581, el señor de Haultepenne toma Breda con un asalto por sorpresa, volviendo la plaza a las manos del rey de España; el siguiente saqueo de la ciudad hace que este acto sea conocido como "la furia de Haultepenne". Posteriormente la plaza es confiada a una guarnición italiana, la cual en 1590 fue cogida desprevenida ante un nuevo ataque por sorpresa, dirigido por Charles de Heraugière (o Karel van Heraugier), que hace que se entregue la plaza a las Provincias Unidas. Ese mismo año el conde de Mansfeld intenta recuperar Breda mediante asedio, pero levanta el sitio poco después.
Tras el asedio de Espínola, Breda vuelve a la autoridad real, y la guarnición es confiada a la infantería borgoñona del Ejército de Flandes. En 1634, Federico-Enrique de Orange sitia brevemente -sin éxito- Breda.
Finalmente, con el asedio de 1637, Breda vuelve definitivamente a las Provincias Unidas. Federico-Enrique nombra gobernador al señor de Hauterive, coronel de un regimiento francés al servicio de las Provincias Unidas.



Gobernadores de Breda (1567-1713)
Año España Provincias Unidas Notas
1567  Conde Bernard von Schauwenburg
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1568
Pieter van Quaderebbe,
señor de Berchem
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1572
Adriaan d'Estournel,
señor de St. Remy
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1577 Francisco Verdugo ------ ------
1578 ------ Jonker Roelof van Stakenbroeck ------
1581
Claude de Berlaymont,
señor de Haultepenne
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1583
Camillo del Monte
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1585 Odoardo Lanzavecchia ------ ------
1590 ------ Charles de Heraugière ------
1606 ------ Justino de Nassau ------
1625
Claude de Rye, 
Barón de Balançon
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1630
Jean de Maisières,
señor de Chault
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1636
Gomar de Fourdin
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1637 ------
François de Laubespine, 
señor de Hauterive
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1669 ------
Federico de Nassau,
señor de Zuylestein
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1672 ------ Karel-Florentyn van Salm,
Wild-en Rhyngraaf
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1677 ------ Barón Jan-Theobald Weibnum ------
1696 ------
Barón Ernst-Willem van Salisch
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1713 ------
Príncipe Guillermo de Hesse-Kassel
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Escudo de la villa y castillo de Breda


sábado, 30 de noviembre de 2013

Bosquejo biográfico de Alejandro de Bournonville, Conde de Hennin-Liétard


En los siglos XVI, XVII y XVIII, los puestos de mando militares estaban reservados, en la gran mayoría de los casos, a la nobleza. La promoción nobiliaria en la milicia era meteórica, en comparación con los soldados rasos, salidos de la masa campesina o de la pequeña burguesía de las ciudades.
Mientras los soldados debían de esperar cerca de 10 años para poder promocionar a capitán de una compañía, a la nobleza bastaba con servir 3 años con la pica o el mosquete, ó directamente se le daba la compañía, incluso la podía comprar.

Ser noble facilitaba las cosas, y, ejercer un tiempo en el ejército, le daba la oportunidad a poder ser compensado por el Rey con puestos políticos y señoriales. La larga guerra de los ochenta años, hizo que la nobleza flamenca de los Países Bajos Españoles se implicara activamente en la contienda, creándose auténticos linajes militares nobiliarios.

Un ejemplo típico puede ser la vida de Alejandro de Bournonville: Hijo de Odoardo de Bournonville, Conde de Capres, coronel de un regimiento valón y gobernador de Arras. En su niñez, Alejandro fue "menino" de la Infanta Isabel Clara Eugenia, en la Corte de Bruselas. Tras una estancia, en su juventud, en Florencia y Viena, regresa a los Países Bajos Españoles. Su abolengo hace que sea nombrado Gentilhombre de la Cámara del Archiduque Alberto. Hacia 1607 fue capitán de una compañía valona; y, en 1614, obtuvo una compañía de lanceros a caballo.

Posteriormente participa, al mando de un tercio valón, en las campañas de Bohemia con las fuerzas auxiliares del Imperio, en el inicio de la guerra de los treinta años: Convaleciente de una herida grave, regresó a los Países Bajos. Su tercio combatió en la batalla de la Montaña Blanca (1620), encuadrado con el otro tercio valón de Guillermo Verdugo.
En 1621, recuperado de su herida, "continuó en servir contra los herejes de Holanda, mandando el más antiguo Regimiento Walon, con el cual se señaló en todas las ocasiones que se vino a las manos;". Mandó el tercio durante 10 años, y después es promocionado a gobernador de Lille.


Detalle de un grabado de la batalla de la Montaña Blanca: A la derecha de la composición se encuentra el enorme cuadro o "batallón" de Guillermo Verdugo, compuesto de los tercios valones de Verdugo, y de Bucquoy-Hennin. A la izquierda, el "batallón" con los regimientos alemanes de Breuner y Tieffenbach, mostrado deshaciéndose y con soldados huyendo, ya que tuvo muchas bajas. Detrás de ellos, se vislumbra el cuadro o "batallón" napolitano de Carlo Spinelli. (Theatrum Europaeum, Merian)


Esteban Casellas, que escribió una obra laudatoria de la Casa de Bournonville, bosqueja la vida del Conde de Hennin. El autor da una especial importancia a su participación en la batalla de Fleurus:

 "Alexandro Primero, Señor, y Duque de Bournonville, Conde de Hennin, Caballero del Tuson [Toisón], y Gobernador de la Provincia de Lila [Lille], ó Flandes Walona [Lille, Douay y Orchies], hijo único de Odoardo, nacido tres meses antes de su muerte [nació en Septiembre de 1585, en Bruselas], para continuar sus hazañas, y glorias, se aplicó del todo a la guerra, con notable inclinación a ser soldado, como lo fue bizarro, magnífico, y muy estimado por su valor. Comenzó a servir con cargo de Capitán de Corazas, o Lanzas [caballería], como entonces las llamaban. Fué también Capitán de una de las Compañías de Infantería ordinarias, que instituyó Carlos V en aquellos Países. Desta manera siguió los Reales Ejércitos en Flandes, esmerándose en todas las ocasiones que se ofrecieron, hasta las treguas que se hicieron con Holanda [1609]. Pasó a servir al Emperador en las guerras que tenía contra el Conde Palatin [Palatino], sobre el Reino de Bohemia [1618]; siendo así, que el Palatin era primo segundo del Duque Alexandro: pero pospuso éste las obligaciones del estrecho parentesco, a las innatas de servir a la Iglesia, y a la Augustísima Casa de Austria. Trajo consigo a aquellas guerras un Regimiento de 3.000 walones [valones], la mayor parte a sus costas, y expensas propias: y otro Regimiento del General Conde de Buquoy [Bucquoy], de otros tantos infantes; y uno de Caballería del Coronel Gaucher [Jean Varods de Gauchier], y con estos 6.000 infantes, y 1.000 caballos, llevándolos muy en orden atravesó con magnífico aparato la Alemania [1619], y llegó a Bohemia en ocasión que el de Buquoy estaba muy apretado de los enemigos en Budvitz [Budweis], y con tal socorro, no solo quedó libre; pero aun se amedrentaron tanto los enemigos, que el mismo Palatin desmayó, y desconfió de poderse mantener contra gente tan escogida.
 En el asalto de Pisca [Písek], pretendiendo el Duque Alexandro llevar la delantera con su gente, fue por si mismo a reconocer el foso, y murallas, de una almena de las cuales le hirieron mal de un mosquetazo, atravesándole la bala toda la cara, quitándole algunos dientes, y prinvándole de la facultad visiva del ojo derecho. Vengáronle bien sus soldados, entrando llenos de coraje la Plaza a fuerza de armas, irritados de la desgracia del Duque, a quien amaban como a padre, por su valor, y benéfica leberalidad. Pero a éste, para curar de tan cruel herida, le fue forzoso dar la vuelta a su Casa: y curado al fin, no sin gran dificultad, entró de nuevo en los Ejércitos de Flandes, en los cuales se portó de calidad, que la Infanta Isabela Clara Eugenia le escogió para embiarle a asistir a Don Gozalo de Córdoba General del Ejército opuesto al General Conde de Mansfelt [Mansfeld], bastardo de la Casa de Mansfelt, que había sido paje de la madre de nuestro Duque, el cual fue causa entonces de que Don Gonzalo diese la batalla [Fleurus, 1622] a Masfelt, y al Príncipe de la Casa de Brunsvich [Brunswick] Obispo de Halberstat [Halberstadt], en la cual peleó el Duque Alexadro como voluntario en la Infantería, que la Caballería había ya abandonado el campo; pero volviendo a él, fue por consejo del Duque enviado un número de infantes a una haya, y pasaje, para impedirlo a las tropas de Halberstat, y Masfelt, que recibieron allí el mayor daño, y ruina de los suyos. Quedó el campo por los nuestros, dejando maltratados a los enemigos, los cuales pasaron descalabrados a juntarse con los Holandeses, que era su mayor pretensión. Asisitió después en el celebrado sitio de Bredá [Breda, 1624-25], y fue gran parte en la tentativa del socorro de Boisleduc [s'Hertogenbosch, 1629]. A la entrada de la Veluè [Veluwe], País de los Holandeses, fueron muy señaladas sus acciones: entonces hubo de perder parte de su ropa, y caballos en Wesel, por la sorpresa de aquella Plaza [Agosto, 1629]. Finalmente se puede decir con verdad, que no hubo facción importante en aquellos Ejércitos, en que no se hayase, y fuese gran parte de su buen logro, hasta que le dieron el Gobierno de la Flandes Walona [1631], que su padre Odoardo había conservado al servicio del Rey. Estos son algunos de los testimonios (...) de su prudencia, y Política, en tres embajadas extraordinarias que hizo, una al Emperador [1627], y dos en Francia, a Enrique IV la una [¿1607-10?], y a Luis XIII la otra [1630], dando en todas cabal satisfacción a sus Príncipes. Murió en 1656."


Alejandro casó con Anne de Melun y tuvo 4 hijos soldados: Alejandro, Ambrosio-Francisco, Wolffang-Guillermo y Juan Francisco.

Alejandro Hipólito II de Bournonville (Alexander Hyppolyte II de Bournonville): De igual nombre que su padre, fue el hijo primogénito y, por lo cual, el heredero de sus títulos. Ostentó el cargo de Virrey de Cataluña. (Doze frutos de la muy antigua y ilustre casa de Bournonville, Esteban Casellas)

  • Su primer hijo, Alejandro, heredó el título de Conde de Hennin; y, al igual que su padre, fue Caballero del Toisón. Fue soldado en la compañía de su padre, y en 1638 pasó al servicio del Imperio Germánico, al mando de una compañía de coraceros a caballo. En 1643 fue nombrado coronel de un regimiento de infantería imperial y gobernador de la plaza de Ham. Se distinguió con su regimiento en la batalla de Allerheim o segunda batalla de Nördlinghen (1645). Su promoción en los cargos fue totalmente ascendente, llegando al cargo de "Feldmarschall" del Imperio, es decir Mariscal de Campo General de todo el ejército imperial. Alternó sus servcios entre el Sacro Imperio Germánico y España, para ser nombrado finalmente Virrey de Cataluña (1678).

  • Ambrosio-Francisco, duque de Bournonville, fue coronel de un regimiento valón al servicio de Francia (1645-1651) y llegó a ser mariscal de campo y gobernador de París (1657-1662).

  • Wolffang-Guillermo, vizconde y barón de Barlin, combatió al servicio del Imperio, durante la guerra treinta años, en el regimiento de su hermano Alejandro. Pasado al servicio de España, fue coronel de un regimiento mercenario alemán y ascendió a gobernador de Mons, Valenciennes y, finalmente, Bruselas.

  • Juan-Francisco, barón de Capres y marqués de Risbourg, fue capitán de una compañía de infantería en el regimiento alemán de su hermano Wolfang-Guillermo. Desde 1656, mandó un tercio valón en el frente de Cataluña hasta la firma con Francia de la Paz de los Pirineos (1659). Vuelto a Flandes, sucedió a su hermano, Wolfang-Guillermo, en el cargo de coronel del regimiento alemán que ostentaba.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Banderas de las Provincias Unidas de los Países Bajos en el sitio de Breda


El cuadro de "La rendición de Breda", de Velázquez, muestra una bandera de la guarnición holandesa; que desfila, con todos los honores, justo detrás de la escena principal de la obra pictórica. La bandera consta de tres franjas horizontales, con los colores azul, naranja y blanco, colores de la librea del Píncipe de Orange.




Una segunda bandera se aprecia a la izquierda de la composición, entre las dos alabardas de los guardias holandeses: La bandera consta de tres franjas horizontales, en orden blanco-azul-naranja.
Aunque la bandera más comúnmente representada, tanto en cuadros como en grabados de los siglos XVI y XVII, muestra la división en 15, 11, 9, 7 ó 6 franjas horizontales. Los colores podían variar: desde los colores personales del capitán de la compañía, los colores de una ciudad que represente una milicia, a los colores de las armas del Príncipe de Orange.




Las banderas con los colores del Príncipe de Orange (azul, naranja y blanco) no tenían una secuencia establecida: combinándose aleatoriamente los tres colores y repitiéndose en esa misma serie a través de las franjas horizontales. Incluso algún color podía alterar ese orden.
A lo largo del siglo XVII, poco a poco se irá estandarizando el orden de la bandera en tres franjas horizontales: naranja-blanco-azul. Y hacia 1630, la franja de color naranja comienza a ser sustituída por una franja de color rojo. A partir de ese año, diversas pinturas empiezan a mostrar la bandera tricolor, rojo-blanco-azul, tanto en barcos como en fortificaciones.
Se aduce que la razón era hacer más reconocible, en cuanto a visibilidad, la bandera holandesa: El color apagado del naranja, en las largas distancias marítimas o con el humo del combate, podría dificultar su distinción correctamente. 

Detalle de la batalla naval de Lillo (1574), mostrando una de las banderas utilizadas por los rebeldes neerlandeses: 8 franjas horizontales y los colores del Príncipe de Orange. (Tapiz de Jan de Maecht)





1 y 2- Reverso de banderas de infanetería de las Provincias Unidas, Vista caballera del sitio de Breda (Snayers)

Estas banderas muestran una "banda" que cruza el campo desde el extremo superior, junto al asta, hasta el extremo inferior opuesto. En las pinturas de los siglos XVI y XVII, que muestran banderas holandesas, la "banda" viene representada en color azul oscuro, naranja (claro u oscuro) y blanco.
El campo solía ser blanco, naranja y azul claro, aunque pudiera adoptar otro color. También es común ver alguna bandera con la "banda" y el campo dividido en franjas horizontales, las cuales adoptarían cualquier color (el del capitán, la ciudad o la casa de Orange).

Las banderas con esta "banda" fueron ampliamente utilizadas por el ejército neerlandés durante la guerra de los 80 años, quizá por la afinidad tanto ideológica como de mutuo auxilio que tuvo con los hugonotes franceses. El partido hugonote francés adoptó la "banda" como señal identificativa para sus banderas, en contraposición con las cruces blancas de las banderas del partido católico francés.
La bandera con la "banda" pudo haber sido en sí mismo un símbolo ideológico y político para los partidos protestantes; en su lucha con las monarquías católicas, que generalmente ostentaban cruces en sus banderas.  

miércoles, 30 de octubre de 2013

Banderas de los tercios españoles, hacia 1625


Las banderas del ejército hispánico de los siglos XVI y XVII portaban en la gran mayoría de los casos el "aspa" o cruz de San Andrés. También llamada cruz de Borgoña, aparece ya en los frescos, grabados y tapices de la batalla de Pavía (1525), en su forma más simple.
Si bien, la adopción general del "aspa" en las banderas del ejército español pudo darse unos años antes, tras la coronación del rey Carlos I de España como Emperador del Sacro Imperio Germánico, en 1520: En la batalla de Villalar (1521), ambos bandos usaron como símbolo distintivo cruces (blancas para los imperiales y rojas para los comuneros), sin que se pueda determinar en los documentos si ya se trata de la cruz en forma de "aspa". La consiguiente guerra con Francia, que comenzó ese mismo año, haría que el ejército español adoptase el "aspa" roja en sus banderas; para diferenciarlas de las banderas francesas, las cuales también usaban una cruz blanca como distintivo.

Detalle de las obras de asedio en torno a Breda, mostrando la bandera con la cruz de Borgoña o de San Andrés. (Vista caballera del sitio de Breda, Pieter Snayers)

El "aspa" solía ser en la mayoría de los casos de color rojo, ya que el color rojo fue adoptado como seña de identidad por el ejército español. De todos modos, podían darse casos en que el "aspa" fuera de color blanco, amarillo, azul o verde, y en casos muy casuales adoptar otro color. El fondo podía adoptar cualquier color, siendo usual al principio el color blanco y el amarillo.
El "aspa" roja sobre fondo blanco fue la bandera más genérica en uso, siendo muy usual verla representada en cuadros y tapices de los siglos XVI y XVII. Aunque, a finales del siglo XVI y durante todo el XVII, las banderas de la infantería española van adoptando una mayor complejidad en cuanto a formas y colores.

Una bandera enteramente roja también aparece muy representada en las pinturas de los siglos XVI y XVII, como identificativa del ejército hispánico: portada tanto por la infantería, como en los gallardetes y estandartes de la caballería, así como en las fortificaciones. En algunos casos tiene el aspa o cruz de San Andrés en color blanco.
La Ordenanza de 1632 estableció que la bandera principal del tercio pasara a ser de color rojo, sustituyendo la cruz de Borgoña por la imagen de la Virgen María. Sin embargo, en 1642 se estableció que la bandera principal del tercio volviera a ser blanca con la cruz de Borgoña en rojo.




1- Bandera de fortificación española, Vista caballera del sitio de Breda (Snayers)

2- Bandera de la posición fortificada de Terheyden, Vista caballera del sitio de Breda (Snayers)


Las siguientes banderas corresponden a los cuadros que conmemoran la serie de victorias conseguidas en 1625. Estos cuadros fueron realizados, para el Salón de los Reinos, por pintores de la talla de Velázquez, Pereda y Zurbarán; siendo finalizados, en su gran mayoría, hacia 1635.
Por lo tanto, estas banderas se corresponderían a las descritas, por testigos de los hechos, a los autores de las pinturas; o bien, las banderas se corresponderían a las observadas, por los propios autores de los cuadros, en alguna unidad hipánica, en el intervalo de tiempo que va de 1625 a 1635.


Bandera de infantería española, La rendición de Breda (Velázquez)




Bandera de fortificación española, La recuperación de San Juan de Puerto Rico (Cajés)






3- Bandera de infantería española, presente en los cuadros El socorro de  Génova (Pereda) y Defensa de Cádiz         contra los ingleses (Zurbarán)

4- Bandera de infantería española, El socorro de Génova (Pereda)

5- Bandera de infantería española, La rendición de Breda (Velázquez): El "aspa" está representada con las listas         lisas, pero es muy probable que el "aspa" fuera como las anteriores, con las listas en forma ramificada.


martes, 15 de octubre de 2013

Orden de Batalla (ORBAT) del sitio de Breda




EJERCITO HISPANICO

General: Ambrosio Espínola

Efectivos: (18.000 soldados al comienzo del asedio, ascendiendo en marzo de 1625 a 23.000 soldados)


   Tercio español de Francisco de Medina
   Tercio español de Don Juan Niño de Tavora
   Tercio español de Don Juan Claros de Guzmán
   Tercio español de Diego Luis de Oliveira

   Tercio valón de Albert de Ligne, Príncipe de Barbançon
   Tercio valón de Alexander de Bournonville, Conde de Henin

   Tercio borgoñón de Claude de Rye, Barón de Balançon
   Tercio borgoñón del Barón de Beauvois

   Tercio italiano del Conde Francesco de Adda
   Tercio italiano de Paolo Baglioni
   Tercio italiano de Giambatista de Capua, Marqués de Campolataro
   Tercio italiano de Marcelo Judice

   Regimiento alemán del Conde Ernesto de Isenburg
   Regimiento alemán del Conde Juan de Nassau
   Regimiento alemán de Otto Fugger
   Regimiento alemán del Marqués de Brandenburgo

   Tercio irlandés de John O'Neill, Conde de Tyrone

   Tercio escocés de Archibald Campbell, Conde de Argyll

   Regimiento inglés de Edward Parham


Caballería al mando de don Luis de Velasco, Conde de Salazar


Auxiliares del Sacro Imperio Germánico (3.000 infantes y 1.000 jinetes)

General:  Johann Jakob, Conde de Anholt

   Regimiento imperial de Ramboldo Collalto
   Regimiento imperial de Juan de Nassau

Caballería formada por los regimientos de arcabuceros a caballo de Strozzi, Merode, y Coronini; y el regimiento de coraceros de Holstein-Gottorp


Detalle de un grabado del sitio de Breda, mostrando las posiciones hispánicas. En concreto la fortificación de Terhagen, al mando del Conde de Insenburg y sus alemanes. Con el número 8 se señala los cuarteles de los "Hiberni" e "Irlandois", al mando del Conde de Argyll y el Conde de Tyrone respectivamente. (Grabado de Abraham Hogenberg) 


Bajas: Sin determinar. Pero aparte de las bajas por enfermedad y por deserción, las bajas por combate debieron ser ínfimas, ya que apenas se dieron enfrentamientos de entidad. Espínola tendría las bajas de desgaste normales para un ejército en campaña de aquella época: es decir, un 20% del total del ejército, unos 4.600 hombres.

En la batalla de Terheyden, Herman Hugo señala una decena de muertos (quizá enumere sólo a los mandos). En consonancia con Hugo, la relación del capitán italiano Pier Francesco Pieri indica una veintena de muertos y heridos. Sin embargo, Gonzalo de Céspedes da la cifra de 300 muertos en el campo hispánico.



GUARNICION DE BREDA 

Gobernador: Justino de Nassau

Efectivos: (6.800 soldados, divididos en unas 40 compañías de infantería)

 
   Compañías francesas y valonas del regimiento de François de Laubespine, señor de Hauterive
   Compañías inglesas del regimiento de sir Charles Morgan
   Compañías neerlandesas del regimiento de Adolf Philips van Horne, señor de Lokeren

   La Milicia de la ciudad, al mando del Coronel Juan van Aertssens, señor de Vermont


Detalle del cuadro de "Las Lanzas" de Velázquez, mostrando la guarnición holandesa. Portan alabardas, picas cortas y mosquetes, y probablemente se trate de la guardia de Justino de Nassau. Las plumas de los sombreros y los gallardetes de las picas son naranjas, color identificativo del ejército holandés. Al fondo se aprecia un incendio en unas obras de asedio, seguramente refleja el reducto de Terheyden, atacado 10 días antes de la rendición de la ciudad. (La rendición de Breda, Museo del Prado)


Bajas: El 5 de junio de 1625 salieron de la ciudad, con todos los honores, 3.000 soldados de la guarnición, además de 800 soldados enfermos.

En cuanto a la batalla de Terheyden, Herman Hugo da la cifra de entre 200 y 500 muertos en el ejército de socorro de las Provincias Unidas. Mientras que Céspedes señala que los holandeses dejaron en el campo "ochenta hombres, que no los pudo retirar, y mas llevó no pocos carros, que había traído municiones, llenos de muertos y heridos." 
Pier Francesco Pieri, capitán en el tercio de Baglioni y testigo vista de los acontecimientos, indica que fueron enterrados 96 enemigos, y 16 heridos quedaron prisioneros. Pero en la retirada del ejército de socorro, Pieri dice que "differo hauer visto ritirare 70 carri fra morti, e feriti;". Finalmente Isaac Beausobre, en las "Memorias" de Federico-Enrique, sitúa entre 300 y 400 hombres las pérdidas de los neerlandeses.

Durante el sitio de Breda, la enfermedad se cebó en el campamento del ejército de operaciones holandés, muriendo el propio Mauricio de Nassau, Príncipe de Orange. Y un ejército reclutado en Inglaterra, que operó para liberar Breda y que estaba al mando del mercenario alemán Ernesto de Mansfeld, quedó prácticamente destruído por la enfermedad y la deserción.

domingo, 29 de septiembre de 2013

El ataque al reducto de Terheyden, durante el sitio de Breda


Tras la dura campaña de 1622, durante el siguiente año, no se realizaría ninguna acción de enververgadura en el frente de los Países Bajos. El genovés al servicio de España, Ambrosio Espínola, Capitán General del Ejército de Flandes, pasó todo ese año recomponiendo el desgastado ejército de campaña.

Ambrosio Espínola (Ambrogio Spinola): Pertenecía a una acaudalada familia genovesa. Prototipo de empresario militar de la época, en 1602 ofreció al rey de España reclutar a sus expensas 2 tercios italianos para el frente de Flandes, a cambio de obtener el mando de uno de ellos. A partir de ahí, su carrera militar fue fulgurante. (Grabado de Crispijn van de Passe)


Sin embargo, para la campaña de 1624 se fijó como objetivo la ciudad de Breda, ciudad que había cambiado hasta 4 veces de mano en lo que iba de guerra, que era residencia de la casa de Orange y que estaba fuertemente fortificada. Espínola la asedió en agosto de ese año, con un ejército de 18.000 soldados de todas las naciones (españoles, italianos, valones, borgoñones y mercenarios alemanes, irlandeses y escoceses).
Esta vez Espínola no cometería los errores del sitio de Bergen-op-Zoom; esta vez rendiría la ciudad por hambre, sin realizar asalto alguno, y cercándola totalmente, sin dejar ningún espacio abierto por el cual pudieran recibir socorro.
Para ello realizó un auténtico tren de trincheras, fortificaciones y reductos que rodearon la ciudad en su totalidad. Apenas se dieron combates para reducirla, por lo que el asedio se demoró durante 9 penosos meses, en los que el ejército sitiador comenzó a tener todo tipo de privaciones.

El ejército de las Provincias Unidas realizó varias maniobras de diversión, tomando Goch y realizando un amago contra Amberes, pero no consiguió que los hispánicos levantaran el sitio. En mayo de 1625, Federico-Enrique, Príncipe de Orange, realizó un intento por socorrer Breda y atacó por la noche el reducto de Terheyden. Tras ser rechazado con más de 200 bajas, incendió su campamento y se retiró. Justino de Nassau, hermanastro de Federico-Enrique y gobernador de Breda, rindió la plaza a principios de junio.


El ataque al reducto de Terheyden fue el único combate de entidad que se produjo durante el asedio, lo demás fueron escaramuzas; si bien las enfermedades y las privaciones provocaron muchas bajas en ambos campos. El propio Mauricio de Nassau, Príncipe de Orange, murió en abril de enfermedad contraída en la campaña por liberar Breda, siendo sustituído en el Gobierno de las Provincias Unidas por su hermanastro Federico-Enrique de Nassau.


Detalle de un cuadro del flamenco Pieter Snayers, sobre el asedio de Breda, que muestra el ataque al reducto de Terheyden. El ejército neerlandés, a la izquierda, realiza el ataque por el dique y es reconocible por las banderas naranjas, blancas y azules; en contraste con las banderas rojas de las posiciones hispánicas. Se aprecia al general asaltante, en medio de la formación de piqueros, con un caballo blanco, faja y plumas naranjas. (Vista caballera del sitio de Breda, Museo del Prado)


Herman Hugo, capellán militar de Ambrosio Espínola, al que acompañó en sus campañas y fue testigo vista del sito de Breda, relató el ataque al reducto de Terheyden en su obra "Obsidio Bredana":

"A quince de Mayo, después de la media noche, quiso Henrique de Nassau [Frederik Hendrik, Príncipe de Orange] probar la fortuna, pues aunque se había recibido algún daño, no tocó éste en la parte principal del ejército: mandó acometer el último cuartel de Terheyden, en lugar bien dificultoso para los que habían de pelear y pasar; pues no se podía llegar a él, sino por los dos diques de Sevenberghe y Gertrudenbergh [Zevenbergen y Geertruidenberg] (...) envió por el dique de Gertrudenbergh la mosquetería Inglesa, era gente escogida; y los doscientos coseletes [piqueros con coraza]; todos con armas fuertes: guiábalos el Coronel Ver Inglés [Sir Horace Vere], acompañado por los demás de su nación; y para sustentarla seguían los Franceses y Alemanes: serían todos al pié de seis mil. Venía con la retaguardia el artillería gruesa y carruaje; al lado la caballería: y en medio de sus tropas aguardaba Henrique de Nassau el suceso. Mas el Marqués [Spínola], advertido del intento, avisó en toda diligencia a Paulo Baglion [Paolo Baglioni] y Carlos Roma (tenían a cargo aquellos cuarteles) que estuviésen apercebidos (...)
Así como rompió el alba, mandó el Príncipe de Oranges que por diferente parte hacia el cuartel de Balançon [Claude de Rye, barón de Balançon] tocasen las caxas [tambores], para divertirnos, y como si por aquél lado hubiera de acometer: mas llegó por esotro el enemigo, y tan presto oprimió a la centinela perdida, que no tuvo lugar de avisar a sus compañeros: inconveniente que se evitára, a haber estado de posta en el dique sólo un caballo ligero (...)
Los Ingleses dando con grande ánimo sobre el reducto, en que había un Alférez con pocos Italianos, los echaron del con las granadas que arrojaron; y subiendo en la muralla, degollaron a algunos: y luego poniendo la arcabuzería detrás del reducto, y en las cortaduras del dique, para defender a los que pasaban más adelante, ganaron con la misma felicidad y osadía la media luna, que cubría la puerta del fuerte: procuraban por aquel lado plantar en él la bandera, trepando con las manos y piés por el muro; ya que los tímidos carreteros, no osando pasar más adelante con los carros, se huyeron por miedo de la artillería, dejándo en la retaguardia las escalas, y garfios de hierro: que así suele muchas veces por mínima cosa interrumpirse el suceso de las mayores empresas. (...)
Los Italianos que defendían la trinchera del dique de Sevenberghe, viendo el enemigo tan adelante, la desampararon; pues estando descubiertos por aquella parte, ya no la podían defender. Peleaban los Ingleses con tanto esfuerzo, como si sólo en éste tiempo le hubieran de emplear todo, y no faltó cosa a su valor. Envió Carlos Roma Sargento mayor del tercio del Marqués de Campolataro el Capitán Camillo Fenice con su compañía, para que defendiendo el reducto socorriése a los suyos apretados; pero no pudo con su presencia detener a los que huían, (...)
Viendo Carlos Roma que se retiraba con los demás echados del reduto, tomó la rodela [escudo redondo pequeño] del que se volvía, porque él había venido sin ella; y poniéndose delante de todos, la espada en la mano, restauró la pelea: y con la osadía, que en otro tiempo el César, acometió a los Ingleses que apretaban bravamente; y rompiendo su furia, los hizo volver aun mas presto por do habían venido, arrojándose por tropas del reducto abajo los que habían echado del a los nuestros: otros se iban retirando poco a poco, muchos caían muertos y heridos, y no pocos hallaron la muerte o vida por los pantanos. El que procuraba poner la bandera en el fuerte, cayó atravesado de una pica: tres, que por la media luna se habían arrimado más al fuerte, murieron en las puertas del. Los otros que peleaban más cerca, acabaron casi todos (pasada la cabeza o la garganta) con heridas honradas; alcanzaron del valor con que pelearon este fin honroso dignos de la Vitoria, si no hubieran peleado los nuestros más valerosamente y por mejor causa. Los que tiraban de lejos, fueron despedazados miserablemente de la artillería que jugó contínuamente, llevando manos, cabezas, pies, sin que diese golpe en vano entre los que estaban apiñados; llevando juntamente a muchos por las muchas vueltas que daba el dique: y por ser éste tan angosto, no podían los Ingleses y Franceses que venían de retaguardia entrar en el lugar de los primeros que se retiraban; tanto se habían apretado.
Y reconociéndolo así, y que les daban los nuestros la carga, comenzaron éstos a recogerse poco a poco. Importó grandemente la presencia de Henrique de Nassau, paraque no se turbasen con el temor y peligro; pues hicieron con tan buen orden la retirada, como habían hecho el acometimiento, guardando todos sus puestos y hileras. Conocióse principalmente en esta facción el grandísimo valor del Coronel Ver que los conducía; porque hallándose en la vanguardia, entre las balas que llovían, siempre con la misma constancia de ánimo, ponía en lugar de los que se retiraban a otros nuevos, socorriendo con gente fresca la cansada, y con los más promptos a los heridos, (...)
La mañana descubrió la miserable forma del destrozo: el dique lleno de muertos, la tierra y arenas mezcladas en sangre: las piernas, cabezas, manos y pies despedazados, y destrozados los cuerpos, que hazían por todas partes el espectáculo horrible. Algunos se habían arrojado a los pantanos, otros medio vivos lamentando gravemente fueron traídos a nuestro campo, en que murieron. Súpose por las cartas que el Príncipe Henrique escribió a Justino [Justino de Nassau], que habían perecido más de doscientos; bien que otros que venían a rendirse, afirmaban que eran quinientos los muertos; y entre ellos ocho o diez Capitanes y Cabos, y otros ilustres por su nobleza. No murieron de los nuestros más de doce o quince; y entre ellos el Capitán de infantería Camillo Fenice, mientras defendía la puerta del fuerte: estropearon de la mano derecha a Juan Bautista Ursino otro Capitán de infantes que peleó valerosísimamente: (...)"


Es conmovedora la carta que Sir Henry Vere, Conde de Oxford, mandó a su mujer desde Gertruidenberg, donde estaba convaleciente de las heridas recibidas. El Conde de Oxford, que lideraba un cuerpo de 300 piqueros, dentro del contingente atacante, relata que está bien a pesar de estar herido por un balazo en el brazo, también relata las bajas sufridas por los mandos de su unidad en el ataque.

"This letter is to show I am well lest reports might err. The vanguard attacked Terheyde under the Lord General Vere [Sir Horace Vere] and myself. Our nation lost no honour, but many brave gentlemen their lives. My ensign T. Stanhope was killed upon the place. Captain J. Cromwell is dangerously hurt. We fought as long as our ammunition lasted, and I was shot in my left arm."

El Conde de Oxford murió poco después en La Haya, por la fiebre causada al empeorar la herida.